viernes 3 de julio de 2009

TRANSMEDITERRÁNEA


He pasado más de un mes de luto riguroso y ahora que entro en el alivio resulta que no hago más que leer obituarios y programas de exequias y cantos fúnebres por doquier. Y lo digo con todo el respeto (¡el miedo!) que el asunto puede merecer.

A la pobre Farrah Fawcett-Majors le han hecho poco caso, a Michael Jackson bastante más y a Baltasar Porcel, que en estos momentos tiene su capilla ardiente en el Palau Moja, el diario La Vanguardia, por ejemplo, le está dedicando páginas enteras desde ayer. Lo que no me parece mal, ni mucho menos.

Lo mejor que se ha publicado en esas páginas es el texto corto de Pere Gimferrer titulado De Andratx al crepúsculo en el que repasa la relación con el escritor de una manera maravillosa. Escueta, justa, nada halagadora, exacta. Y es que Gimferrer es un gran escritor, ese sí que sí, no suele echar mano de los currículos y dice justo lo que quiere decir. Al resto, a muchos de los otros prohombres (y promujeres) de las letras, no hay por dónde cogerlos.

Sólo hablé una vez con Porcel, mejor dicho asistí a una breve charla del escritor, entonces muy joven, Àlex Susanna con el mallorquín en la cubierta de un barco parecido al de la ilustración, si no el mismo, durante uno de esas largas travesías transmediterráneas Barcelona-Ibiza con escala en Palma de Mallorca. Era un mes de invierno, hacía frío en la cubierta del Ciudad de Valencia y Baltasar Porcel pontificaba con la mirada perdida en algún punto de nuestro mar común, ese Mare Internum del que no nos podemos sustraer, de tan común, tan interno y tan merecedor como nos sigue pareciendo.

Luego tuve algo que ver, poco, con el Institut d’Estudis Mediterranis, creo que se llamaba así, que estaba en el antiguo edificio Atlántico de Diagonal-Balmes. Mal nombre el del edificio para el Institut, pero las cosas suelen tener (nos suelen proponer) requiebros de ese jaez. Mal recuerdo, quizás.

Y poco más. “L’ardua sentenza” de la posteridad, como recuerda Gimferrer, se irá encargando de lo demás. Hasta de mis huidas a Ibiza, de los poemas penosos garrapateados en las servilletas del American Soda y hasta de las Cartas Marruecas de don José Cadalso que aún no sé por qué me empeñaba en llevar siempre en la mochila. Aunque de esas tres últimas cosas no ha hecho falta esperar tanto para hacerlas tan livianas como el papel Smoking para liar un canutito al amanecer, casi a punto de atracar en el puerto de Ibiza y antes de que apareciera la Guardia Civil.

N.: La ilustración corresponde a una fotografía de Carles Marí del buque Ciudad de Valencia, de la compañía Transmediterránea, atracado en el puerto de Ibiza. Evidentemente.

miércoles 27 de mayo de 2009

QUÉ DIFÍCIL ME LO PONEIS, HERMANOS


Hace un tiempo empecé a publicar este blog con intenciones más o menos insanas pero con una prudencia que, aunque a algún mentecato le haya parecido lo contrario, es bastante inusual en mí. Y voy a hablar en primera persona porque para eso lo firmo.

Me indigno bastante a menudo pero también, y sobre todo, celebro las buenas intenciones de los demás, los textos buenos, los buenos cuadros, las exposiciones luminosas y bien pensadas, las oscuras y pensadas aún mejor pero me suelo enfadar cuando no hay ideas, o cuando me parece que no las hay, o cuando alguien escribe bien lastrado de citas porque no sabe qué decir o pinta sin dudas, que es lo peor que le puede pasar a un pintor, no tenerlas o, peor aún, intentar esconderlas.

Han pasado muchos años desde el entusiasmo y me tengo que fabricar entusiasmos nuevos cada día, después del desayuno o quizás antes de la cena, que es cuando suelo ponerme a escribir. Y me cuesta un imperio. Escribo otro blog, que lee bastante gente y que me divierte enormemente. En ése no se enfada nadie, o casi nadie, y tiene comentarios sabrosos de gente estupenda que se dedica a mil cosas y a las que les divierte, como a mí, escribir y comer y no ponerse pesados con las cosas del querer (ni con las del desear). Este blog no sé si lo lee ni mucha ni poca gente, no tengo contador y raramente me citan en ningún sitio. Pero se me enfadan a menudo, no tanto como yo quisiera, porque suelo poner nombres y apellidos y la gente va y se busca en Google y luego pasa lo que pasa: que un iletrado (eso me han llamado, entre otras lindezas) se atreve a nombrarles y a joderles la vida.

Pues no, escasos o numerosos lectores, yo no quiero joder a nadie aunque me gustaría hacerlo a según qué horas. Tampoco estoy viendo el partido del Barça ni voy a decir ni una sola palabra sobre la puerta de la galería de Carles Taché, que no se abre ni a tiros (¿me la cierran a propósito?), ni de la exposición de Tony Cragg, por el que bebíamos los vientos no hace tanto y ahora no puedo entender cómo y por qué ha llegado a esas horrorosas esculturas (¡esas estatuas!) que ni en un jardín de Sant Cugat, ni voy a hablar de Borja-Villel y su colección “sin complejos”, ni su afrentosa, afrentadora, afrentante frase (no sé si es suya o del periodista de ABCD, hace unos días) en la que “…lo de Goya y Sorolla es anecdótico, pese a lo noticiable”, ni de la correspondencia entre José Luís Brea y Brumaria, ni de los gin tonics de los unos y las amistades peligrosas de los otros.

No voy a decir nada. Fernando Castro Flórez ha suprimido su blog y estoy de luto.

lunes 11 de mayo de 2009

CURSIS Y VANOS


Según el diccionario de la Academia, y en su primera acepción, dícese “(…) de un artista o de un escritor, o de sus obras, cuando en vano pretenden mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados”.

Los dos críticos a los que llamo cursis se acoplan perfectamente a la definición académica, tanto que casi la superan: uno es el del otro día y el otro el de hace unos meses. Luego vendrán su primo, su novia, su cuñada o ellos mismos a decir que soy un analfabeto, que escribo por escribir y que destilo veneno o algo por el estilo. ¡Cursis!

miércoles 29 de abril de 2009

FERNANDO C.F. VS ENRIQUE A.R.


Estupefacto me quedo al leer en el blog de Fernando Castro Flórez su diatriba, tremenda, contra la crítica de Enrique Andrés Ruiz en el ABCD del sábado pasado sobre Juan José Aquerreta. Escriben algo así sobre mí, pintor o crítico, y me pego un tiro.

Me sigue gustando, y mucho, don Fernando, aunque no entendí bien su artículo en el mismo número de ABCD sobre la exposición de Tehching Hsieh en el MOMA. O lo entendí demasiado. A F.C.F. no le gustan ni las reliquias ni los relicarios pero lo cuenta mal, se deja llevar por su ego y por su alter y se cisca en el performer, en el museo y, de paso, en un pasado que no vivió y que se ve que le molesta. O a lo mejor es que tampoco lo entiende.

Es igual. El caso es que la que sí pone a caer de un burro es la exposición de Aquerreta en la Marlborough de Madrid y la crítica de Andrés Ruiz, “el artículo de marras”. Llama casposo al crítico y torpe al pintor y, de paso, arremete contra Calvo Serraller. A ver, la crítica la leí antes de su mención (de su “horror”) en el blog, que no he leído hasta hoy, y me dejó bastante sorprendido. Andrés Ruiz ha dejado hace tiempo, y creo que ya lo dijimos, de jugar a delfín de Juan Manuel Bonet y se ha dejado llevar por una especie de mística de la figuración que cuenta mal y, además, en una clave lírica que casi nunca viene a cuento. Cita a San Pablo cuando debería hacerle más caso a San Agustín, y se despacha con esa “maravillosa inocencia que perdura” que ni en un catálogo de galería casposa, esas sí, de la calle Petritxol o de panfleto de centro parroquial. Y Castro se enerva. Y va y lo cuenta, aceradamente, con un descaro que parece que ambos críticos no escriban en el mismo suplemento. ¿Se ven las caras en los consejos de redacción?. ¿O no existe tal cosa?. Estupefacto.

N.:

I. La fotografía, que como muchas veces no tiene nada que ver, es de Ethel Martí y está tomada en la pasada edición de ARCO.

II. De los relicarios de Castro Flórez, de los propios y de alguno de los ajenos seguramente hablaremos en el próximo número de nuestro medio habitual, la revista Art Notes, más habitual que estos mundos, ambos, a los que abandonamos demasiado a menudo.

III. Si los presuntos críticos, los que están en nómina, más o menos, se preocuparan un poco menos de los amigos que tienen en los museos y en las instituciones, otro gallo nos cantara. Y si de paso aprendieran a escribir, nos lo pondrían mucho más fácil. Aunque a lo mejor, entonces, no tendríamos nada que contar.

Y IV. Sólo me divierte Fernando Castro. Pero aunque Juan José Aquerreta me dé igual, me sigue gustando Isabel Baquedano, por ejemplo, a la que sí me parece que se le hace mediano caso. En fin.

ARCO ROMANO


También me alegro de que la gente de Soria-goig hayan recuperado la página de la galería Arco Romano, la de Pepe Arense en Medinaceli.

Ahí yacen o, mejor, flotan y sobreviven varios artistas queridos, otros por querer y alguna de nuestras letras pasadas que no sé bien si sirvieron para algo. Ahí están algunos y algunas, por lo menos.

MADRID FOTO


Me llega la noticia de la aparición en el ruedo del blog de Madrid Foto, la feria de galerías y de fotografía de las próximas semanas en Madrid.

Me parece estupendo que las empresas de comunicación se vuelvan blogueras, que nos vayan contando así lo que pasa o lo que va a pasar en la feria y que mantengan la mecha, la llama y el espectáculo encendidos. Más o menos.

N.: La foto, preciosa, corresponde a la serie La seda rota del artista José Manuel Castro Prieto que actualmente expone en la galería Blanca Berlín de Madrid y en el Centro Cultural de la Villa.

lunes 23 de marzo de 2009

RAFAEL BARTOLOZZI

Rafa murió ayer por la mañana en su casa de Margodi, en Vespella de Gaià, mansamente, sin dejar de mirar ese mar que le daba vida, según decía, como a los algarrobos. Que le daba sentido a su vida, seguramente.

Fuimos a despedirnos al anochecer y yacía en perpendicular a ese horizonte, o eso nos pareció, rodeado de su mujer, Núria, de su hijo Nil, de sus perros, de sus amigos, de sus cuadros y a sus pies dos matojos o tres de tomillo, de esa farigola de tierra seca que según se va acercando el Viernes Santo va oliendo cada vez más a gloria bendita. Bien bendita.

Hemos pasado mala noche porque ha ido apareciendo Rafa y su música (la música que también sonaba en su honor, frente al horizonte) y los cuadros de los unos y de los otros y entonces hemos entonado un beatus ille patoso porque no estamos para requiems y porque estamos seguros de que el descanso de los pintores es mayor y mejor y cierto.

A todo lo demás, menos a la farigola y a los cuadros, que le den.

martes 17 de marzo de 2009

UN MES ES MUCHO

Un mes es demasiado, después de la lata que dimos en febrero, para permanecer callados. Silentes, más bien, algo cansados pero alertas. Siempre alertas.

Ahora, esta noche, parece sobre todo que andemos esperando la primavera, que nos hayamos olvidado del espléndido sol madrileño de febrero, de ese sábado tan luminoso en el que aterrizamos en la estación Lago y luego nos perdimos pero vimos a lo largo y a lo ancho los restos de esplendor y la derrota de la feria de Madrid. De los antiguos espacios de la Casa de Campo que conservan un aire limpio y fresco, pero herrumbroso, de un pasado no tan lejano. La herrumbre es buena cosa para el arte, el antiguo, el moderno y el contemporáneo. Y las mañanas con sol, y la nieve en Guadarrama y las cervezas en la calle de las Huertas.

En fin, que ha pasado más de un mes y esperamos dos cosas, sobre todo: los cambios en el CGAC gallego, que confiamos en que los haya, y un libro de Henry de Monfreid, Los secretos del Mar Rojo, con ilustraciones de Luís Claramunt, que le hemos pedido a la editorial Basarai y que mañana vamos a ir a buscar a Correos. Y dos propósitos: el primero empezar a ahorrar, ferozmente, para comprarnos algo, por poco que sea, de Luís Claramunt (Juana de Aizpuru seguramente sabrá entender nuestro espíritu y, a lo mejor, nuestra letra). Y lo digo muy en serio.

Lo segundo es echarle un rezo al Apóstol Santiago, al que le solíamos tener bastante devoción, para que Dios, la Conselleria de Cultura y alguno de aquellos habitantes de cerca del Pico Sacro que nos arrullaron bastantes noches con sus idas y venidas, le den al CGAC lo que por fin se merece. Cordura y buen sentido, que no es mucho pedir.

N.: La fotografía recoge parte de mi bagaje habitual y, en este caso, del madrileño de la mañana de la Casa de Campo, de la herrumbre y de un cierto desconsuelo. Un libro de Foujita que había comprado el día antes en La Central del Reina Sofía, la moleskine, cerrada, el pilot de tinta líquida, el blíster de Almax, masticable, el paquete de Camel, el reloj (Camel, también), las gafas, la cartera y parte de la mochila imitación Calvin Klein que en ese momento me parece que no guardaba nada. La foto, como otras que seguramente seguiré utilizando, con su permiso, es de Ethel Martí, fotógrafa fervorosa y espléndida compañera de viaje.

miércoles 18 de febrero de 2009

FORTUNA IMPERATRIX MUNDI


Da la sensación (me da la sensación) de que sólo me pongo a escribir en el mes de febrero y sobre todo después de ARCO. No es que ahora tenga muchas ganas (he tenido un día tremendo y se me ha hecho tarde) pero el tema me pone, el mes, febrero, me gusta, y es como si me hubiera matriculado para unas oposiciones y no me hubiera presentado al examen. Manolo Quintana me entiende y alguno (y alguna) más. De ésos que dicen que no leen pero que luego largan como cotorras.

Total, que me pongo a escribir porque estoy cansado y me sale el título (lo primero, siempre, es el título) y ahora resulta que me estoy acordando del pobre Antonio de Senillosa, que no tiene nada que ver con todo esto pero que siempre me pareció un tipo fantástico. El 23-F, lo contó después, cuando los tejeros les dejaron, por fin, sentarse aunque con las manos visibles (”esas manitas…”), don Antonio empezó a garrapatear unas notas en su cuaderno. Un guardicivil le miraba, avieso, e incluso le llegó a preguntar qué andaba escribiendo. Senillosa le dijo que “impresiones”. El guardiacivil torció el gesto y acarició el gatillo, seguro de sí mismo, pero ni miró el cuaderno de notas. “No son hombres de letras, claro”, apuntó el diputado, y siguió escribiendo. ¡Lo que daría por leer una de esas notas, si es que existen!.

Pues en los pasillos de la Feria de la Fortuna Variable me pasó algo parecido, dicho sea con todos los respetos y salvando absolutamente las distancias. Enormes. Andaba yo anotando vete a saber qué bobada sobre un dibujo de Torres García (luego lo taché y ahora no lo entiendo) y un empleado de la galería, no el dueño, me miró despectivo y no apretó el gatillo porque no tenía arma (visible) ni tampoco por qué. Vio que escribía, perfectamente, e incluso mi acreditación que ondeaba algo confusa entre la bufanda y el cuello del abrigo. Pero no puedo adivinar qué es lo que no le gustó: mi aspecto, mi bufanda (gris, bastante bonita) o mi moleskine sobada.

Estuve a punto de preguntarle el precio (luego los supe y no era para tanto) o la marca de su colonia o si realmente le molestaba, como al guarciacivil, la letra.

Tienen suerte los ágrafos. Con una sonrisa, un guiño o un arma bien puesta tienen bastante. Puta envidia.

martes 17 de febrero de 2009

THE TROPICAL STORM FAIR (MADRID)


La foto, bastante bonita, se la he robado junto al título a The Tropical Storm Beach Grill & Bar, un estupendo local de Hernando Beach, en Florida, cuya página vale la pena visitar (no se asusten de la música). El churrasco de la foto no lo es tanto pero seguro que vale la pena. Y las chicas. Y el camarero ése que sonríe de lado, el de los armani falsos, que seguro que te consigue lo que quieras (a sí mismo, por ejemplo).

La tropical store fair de Madrid, la Una, no la Otra, está que se sale. Luis Eduardo Cortés, el presidente del comité ejecutivo de Ifema, no la señora Fernández, ha declarado que todo ha ido estupendamente, que se ha vendido, que el año que viene la cosa invitada será la ciudad de Los Ángeles, no un país (¡válgame dios!), y que sobran galerías, que serán “muy estrictos, mucho más” (sic) y que el sol saldrá, seguramente, por Antequera, entre Hernando Beach y las marismas, al fondo a la izquierda.

Supongo que el señor Cortés querrá decir que las galerías de provincias seguirán en los rincones, que a las repescadas a última hora las meterán con cualquier calzador al lado del chiringuito de los cafés, que las damas (y los señores) de la Cruz Roja tendrán su mesa petitoria en un stand aún más grande y que les pondrán, además, un guardia con el casco de plumas y dos arriates de evónimos o a lo mejor un camelio enano, para adornar.

Pero de la moqueta ni palabra. De la señorita de voz aflautada del mostrador de prensa que era tan alto que ella parecía enana, además de incorrecta (y mártir), tampoco nada. Ni de la sensación de vacío, de falta, de sentido común, que ya lo dije ayer.

Todo esto no me divierte nada aunque cada uno es libre de hacer de su diversión un oficio, de su capa un sayo o de tripas corazón. A Álvaro Alcázar, con un stand estupendo, se lo perdono todo. Porque es el que más me gusta siempre: sus artistas, sus piezas (menos una, espantosa), sus flores (rosas rojas y liliums el viernes) y él mismo. A Soledad Lorenzo, también, porque además de un buen stand tiene buena pinta y siempre sonríe. A Elvira Mignoni no la vi, pero ya no me parece tan bien aunque me guste su galería. Pero esa cara de tragedia (de tragedia ramplona y pasada de moda) de Helena Tatay, ese cansancio parece que endémico de Norberto Dotor, esas ganas de no vender de Toni Tàpies, ese desasosiego de Ángel Samblacat y, por qué no decirlo, esa falda tan corta de Lola Moriarty, a sus años, son cosas que no puedo entender. Ni el cuadro verdoso de Hernández Pijoan ni la pieza de Cristina Iglesias (¿por qué siguen tan empeñados con ella?) ni los sauras trasnochados de Lelong ni ese plato de almejas de Barceló para el que no tengo palabras.

Mañana, si acontece, hablaré de lo memorable: el richard serra de Elvira, de doña Elvira, la escultura de Croft de Filomena Soares, preciosa (mejor que la de Helga, de doña Helga) o ese campano oscuro de Rafael Ortiz. Me gusta Campano. Me gusta mucho.

¿A que voy y ceno churrasco al son de Surai Surita, de mi amada Yma Súmac, la emperatriz de los Andes? ¿A que me sienta mal?.

lunes 16 de febrero de 2009

UNA GAVIOTA EN MADRID

En la zarzuela La Gaviota, con libreto de don Josep Amich i Bert y música del maestro Oliveros, rara pieza de los años veinte del siglo pasado, se canta un poco a pelo pero desde luego que sí se hace a pluma (chiste fácil) a una gaviota que se posa en el regazo de una moza supongo que en la calle Raurich y no en la de las Huertas.

No estoy muy seguro de nada, ni de que las gaviotas se posen tan ricamente en el regazo de nadie (¡menudo horror!) ni de que lleguen hasta el Retiro, ni de que haga falta pagar treintayseismil euros por colgar un cuadro de Lamazares, por ejemplo, ni de que se haya de sudar la gota gorda para ver en qué ha acabado todo esto, puestos a señalar y sin ánimo, en ninguno de los casos, que los hay, de ofender.

Hace justo media hora que han cerrado las dos ferias Madrid, ARCO y ART, que se empeñan en tener el mismo subtítulo y que comparten no pocas cosas. A nivel local, claro está. Porque en eso ha convertido la señora Fernández a ARCO, en una feria más local que nunca, enrevesada, oblicua y me atrevería a decir que circunstancial. Yo de ella (yo de Usted, señora Fernández) volvería a poner en marcha la megafonía, haría un mix entre la zarzuela La Gaviota y un pasodoble torero, como sintonía, y llamaría sin parar a Pepe Cobo y a Helga de Alvear, que ya se ve que son las estrellas, y me dejaría de zarandajas. Anunciaría la llegada de lady Forster, el levísimo cambio de look de Lola Moriarty, la transmutación de Norberto Dotor, el aburrimiento (mortal) del señor Gómez Acebo, las bolsas en los ojos (operables) de Miguel Marcos, la nula verticalidad de los paneles de los stands, la iluminación de tenderete de Benidorm un quince de agosto (por la noche), las rasgaduras de la moqueta gris (ese gris Fernández, antes gris Gómez Baeza), el inglés perfecto, exquisito (y esto sí que no es una broma) de Guillermo de Osma, las mechas de las azafatas (del rubio al menos rubio), y, al final, por encima, flotando, ese espléndido olor a churrasco que sitúa a la feria justo donde debe de estar, alrededor del coche oficial, el Subaru modelo Tribeca, cerca de Barajas, por si viene alguien, y en el polo opuesto del sentido común.

No tengo muchas ganas de contarlo ahora. Pero lo haré. Donde sea. Donde me dejen. Porque estoy desolado. Se ha acabado la fiesta, lo que no me parece mal, pero me han robado la linealidad, el paralelismo y poniéndome un poco pesado hasta la geometría.

El mejor stand de la feria, como me dijo mi amigo de siglas tan conocidas que no las pongo, la sala VIP, con los camareros tan atentos (atentos de verdad) y con un vino blanco estupendo. Por lo menos es donde había más gente.

viernes 6 de febrero de 2009

SIN MIEDO



También vamos a ir a ver, si el tiempo no lo impide y las ganas de no trascender no son demasiadas, la exposición de Tarsila do Amaral que se ha inaugurado esta noche en la Fundación Juan March. Hacia las cuatro de la tarde, después de un café apresurado, Juan Manuel Bonet, el comisario de la exposición, nos ha contado bastantes cosas en Radio Clásica (que ahora, y supongo que felizmente, anda un poco más didáctica), al ritmo de Erik Satie y con una citas pronunciadas en un francés perfecto.

Se le echa de menos a J.M. Bonet, a sus textos sobre todo, aunque el del otro día sobre el Futurismo en ABCD no estaba nada mal. Pero me gustaban, y mucho, sus críticas de exposiciones, antes de irse al IVAM, escritas con mucho desparpajo, muy bien escritas, y con una sobredosis de información que no molestaba nunca. Su delfín (o eso ha ido pareciendo) Enrique Andrés Ruiz es otra cosa. Demasiado melifluo muchas veces y otras con el “tono” equivocado. Aunque tampoco escribe mal sin tener sus críticas el empaque que tenían las de Bonet. Incluso en la semana de ARCO, tan difícil para los críticos oficiales (lo que es una manera de señalar) y de los otros, Bonet, dignísimo hijo de su padre, un excelente tratadista y mejor conferenciante (y con un sentido del humor que no sé si tiene su hijo), nos regalaba párrafos espléndidos y sin esa mala baba que destilaban los de Calvo Serraller que. además de pontificar, descalificaba. Siempre. ¿Habrá estudiado en un seminario pontificio el señor Calvo Serraller? Porque eso se aprende aunque se haya nacido con aptitudes.

En fin, que hemos dejado de lado a la pintora para despistarnos un poco por los vericuetos de la trastienda.

También, y por distintos motivos, echamos de menos los textos de Alberto Ruiz de Samaniego.

Y el pan, y el circo.

jueves 5 de febrero de 2009

MIEDO DE QUERERTE


Cuando de veras se quiere
el miedo es tu carcelero,
y el corazón se te muere
si no te dicen te quiero.

Será que todavía hace frío, será que hablo más de la cuenta o será que me creo todo lo que dicen.

Pero no, es mentira, no tengo miedo porque de momento no me hace falta.

Tengo ganas de ver la exposición de Bacon en El Prado, con fervor, y celebro que los buenos escritores (Juan Cruz es uno de ellos) lo celebren con semejante enjundia. O a lo mejor tampoco es enjundia sino ganas de escribir bien. O escuela. O salero. Eso de lo que tan poco queda en mi tierra que no es la suya, lector casual, sino la de unos pocos neuróticos que nos seguimos preocupando, claro está, de nosotros mismos.

Pero bien: no es que tenga miedo pero me asusta que a la señora Fernández le haya dado por rebautizar ARCO como ARCOmadrid, así, con esas mayúsculas y esas minúsculas raras, y que se quede tan ancha. Seguramente esa señora (o quien sea, para qué nos vamos a engañar) lo ha hecho con buena intención, no cabe duda, pero ¿a qué viene ese subtítulo tan pegado?. Me asusta.

Como también lo están los galeristas que se han autoexcluído, los enfadados y los asustados, aunque todo esto vuelve a no gustarme nada, a olerme a rancio, rancio desde 1985, más o menos, cuando Juana de Aizpuru salió por la puerta ¿de atrás o por la puerta grande?. Toda esta trastienda con olor (iba a escribir “resquemor”, pero no puede ser) a naftalina, a malos rollos que nos vuelven a poner en la cola de Europa, sí, ahí donde les encanta a los franceses que estemos. Pues no. Arrieritos somos y o le dan un empaque nuevo a la feria (FIAC lo ha hecho, Frieze lo ha conseguido) o seguimos vendiendo cuadros de Millares y de Zóbel a los fabricantes de porcelanosas varias y grabados de Chillida y litografías de Tàpies a los cachorros de los sabuesos para su sala de estar.

Yo ya no vendo nada (o casi nada), creo que eso está claro, pero me da miedo que se me muera el corazón aunque no me digan “te quiero” ya hace mucho. Qué le vamos a hacer.

jueves 29 de enero de 2009

ASÍ ME GUSTA

Pepe Cobo, no muy favorecido en la foto, abre en Madrid un espacio nuevo en un antiguo taller de reparación de coches, según me cuentan en uno de esos noticiarios virtuales a los que estoy suscrito y que leo no digo con avidez pero sí con empeño.

A las puertas del ARCO de la Sra. Fernández, del Artmadrid de la señora, encantadora, Álvarez, María Eugenia (subdirectora) y de la otra que no me acuerdo cómo se llama (ni la feria ni las directoras), don José Cobo parece que es el único heredero de don Fernando Vijande, al que vamos a dejar ahí, como “Chico de la semana”, hasta que nos parezca. ¡Bravo! por don Pepe.

Han pasado muchos años y los listos siguen siendo los mismos. De parecido jaez, vamos. Los tontos, también. Y los mediocres, los estafadores y los incultos, unos pocos.

No nos vamos a hacer mala sangre, ni mucho menos. Celebramos, siempre, lo que hay que celebrar y, además, brindamos por ello.

P.S. La señora de Foster (de soltera doña Elena Ochoa), que se me olvidaba, también abre su espacio multimedia (horrible palabra) para su Ivorypress. Y también lo celebramos: esta noche estamos imposibles.

domingo 18 de enero de 2009

POR LO VISTO NO HAY CAMINO


En un brillante artículo de Ángel Antonio Rodríguez en el ABCD de ayer dedicado a la exposición There is no road del Laboral de Gijón leo, estupefacto, que el comisario, Steve Bode, toma el título del poema de Machado, “que figura en todo momento en inglés”, según el señor Bode “con el fin de reflejar ese pequeño distanciamiento que siempre acompaña a la traducción y el propósito de conjurar los peligros que entraña el exceso de familiaridad”.

¡Madre mía! Para colmo la exposición se subtitula, claro está, The road is made by walking. O sea que la traducción del verso de don Antonio, tan literal que casi asusta, nos debe de proporcionar un distanciamiento y una levedad que no nos permita estremecernos debido a la familiaridad, tan peligrosa, que encierra sabérselos supongo que de memoria, como la mayoría de los estúpidos que todavía leemos a Machado de vez en cuando.

Pues que se vaya a la porra el señor Bode, que la próxima vez eche mano de Kerouac o cite cualquier diálogo de Easy Rider y así no tendrá que congratularse de los distanciamientos ni que lamentar los excesos de familiaridad.

¡Será!

lunes 12 de enero de 2009

SANTIAGO SIERRA (DE NUEVO EN ENERO)


Desde el pasado día 1 de enero está en marcha el proyecto Contador de muerte, de Santigo Sierra, instalado en un edificio de la City londinense. Se trata de un contador LED que computa el número de muertes ocurridas en todo el mundo durante este año. La obra funciona como un intercambio por una póliza de 150.000 euros pagadera en el caso de fallecimiento del artista durante el tiempo de exhibición.

Hay una versión on line en la web del artista: http://www.santiago-sierra.com/200901_1024.php

La ilustración corresponde a la fotografía en b./n. 8-Foot Line Tatooed on Six Remunerated People, de 1999.

domingo 11 de enero de 2009

LAS COSAS DEL QUERER


Hacía tiempo que no me asomaba a esta ventana, ni real ni virtualmente, pero es que las cosas del querer (la Navidad, el trabajo y el dinero: el desasosiego, en fin) es lo que tienen. Aunque he recolectado más de treinta papelitos llenos de notas manuscritas sobre esto y aquello que al final he acabado por romper.

O sea que ni el libro de Miguel Marcos, ni la entrevista a Borja-Villel (¿o eso sí?), ni las celebraciones “ad honorem” y en torno a Helga de Alvear ni una sóla exposición vista deprisa y corriendo.

Pero la cuenta atrás ya ha empezado. Queda justo un mes para ARCO y para la otra feria que la señora Fernández no sabe cómo se llama (o a lo mejor ahora ya se ha enterado) y para los fastos madrileños, en fin, en torno al día de San Valentín que no en vano es el patrón de los enamorados.

Enamorados de nosotros mismos (preocupados, más bien), no le hemos deseado felicidad para el año nuevo a nadie. O casi. Pero es que no deseamos felicidad. Deseamos, una vez más, cordura. Que no rima, ni mucho menos, con desmesura.

Pues eso.