martes, 25 de febrero de 2014

HASTA LA SACIEDAD


Porque he leído todo lo que había que leer sobre ARCO. Porque no he estado en la feria. Porque lamento los complejos de mis enemigos, que aún los tengo, las veleidades de mis amigos, de los que me quedan, y las frivolidades de la mayoría de los cronistas que se meten de cabeza en la calle Mayor de este pueblo, que parece que empieza en IFEMA y que acaba, como mucho, en Doctor Fourquet. Me dan vergüenza.

Por eso me encierro tras esta pantalla para rezar por todos nosotros. Para volver a ponerme al teclado y dejar que los artistas se acerquen a mí. A los otros, que les den.

domingo, 18 de diciembre de 2011

CLARAMUNT


Cómo nos gusta que el MACBA le vaya a dedicar una exposición a Luís Claramunt el año que viene. Después harán lo mismo con García Sevilla, aunque estoy convencido de que no hace falta.

Luís Claramunt fue un muy buen pintor. García Sevilla no lo es en absoluto. ¡Qué le vamos a hacer!.

jueves, 24 de marzo de 2011

UNDER MILK WOOD


Y además, ¿quien va a temer ahora a Virginia Woolf (sobre el tejado de zinc)?.

jueves, 3 de febrero de 2011

NEGATIVO, CRÍTICO, CUARESMAL


El poeta y sin embargo ensayista José María Valverde (extraordinario escritor) publicó en 1959 un librito que seguramente algún profesor de Estética listo debe (de) seguir recomendando a sus alumnos. Se trata de las Cartas a un cura escéptico en materia de arte moderno, a las que parece que les quede muy poco de epistolar, quizás la excusa, y cuya primera entrega, o capítulo, o misiva, tiene bastante de proclama pero desde luego mucho de reflexión “en” el tiempo, sobre el arte no-formal y sobre todo sobre la nueva arquitectura. Estupendo libro. Aunque no se trata de un sesudo ensayo, ni creo que lo pretendiera, sí da una idea muy cierta de lo que podía estar pensando un intelectual español de finales de los 50 y sobre todo de lo que podía estar obviando. Intencionadamente o no. Me da igual.

Cita a Hegel con desparpajo (que ya es tener) pero sobre todo cita al Pavese de Il mestiere di vivere, que es un libro que no es que lo tenga junto a San Juan, Santa Teresa y otros breviarios, pero sí cerca (y no precisamente del corazón). Aunque me fastidia cuando se empeña en citar a Eugenio d’Ors porque a ese quiero mantenerlo castigado por lo menos durante dos décadas más. De todas formas el otro día compré uno de los folletos con la “Glosa” de la huelga de 1919 que editaba, en catalán, claro, la imprenta Ràfols de la calle Portaferrisa porque soy de talante fetichista y me gusta coleccionar, también, lo que odio.

A lo que íbamos. El dandy de don José María inicia su aproximación a la nueva arquitectura diciéndole a su cura-interlocutor que “empezó con un aspecto negativo, crítico, cuaresmal, quitando superfluidades”. Y me he apropiado de la frase. Curiosamente no cita a la Bauhaus para nada, ni al GATEPAC español ni casi a ningún arquitecto excepto a Le Corbusier y a pocos más. Pero me gustó en su día, y todavía me sigue gustando, calificar de cuaresmal a la pugna, si es que así puede llamarse, contra la ornamentación, contra lo superfluo, contra el esgrafiado que padecían muchas arquitecturas, la mayoría de las mentes decimonónicas (esto lo digo yo) y sobre todo contra ese neogótico al que nos somete de vez en cuando la historia.

Ahí es donde quería llegar. Porque no puedo soportar (y no miro a nadie) ese afán ornamentista, ornamentador y al final del final vacuo (¡y lleno!) de infinidad de fotógrafos contemporáneos que nos van enseñando, con más fuerza que maña, sus interiores, sus exteriores, sus amigos y sus vecinos, sus amantes, sus fobias (más bien sencillitas) y sus filias, torpes y abundantes. ¡A que le voy a dar la razón a don Eugenio (me niego a llamarle Xènius) y decir que su panteísmo tiene ese aire religioso de los paisajistas del siglo XIX! De verdad que no puedo entenderlo y que no sé a qué viene todo eso. En fin, que no quiero ser contemporáneo suyo. Que se arreglen.

viernes, 7 de enero de 2011

HORTUS INVERSUS


Cada año y en el mes de mayo se celebra en Girona el acontecimiento Temps de flors, una especie de vestido primaveral de flores para toda la ciudad, durante el cual tienen lugar exposiciones, florales o no, instalaciones al aire libre y muestras privadas y públicas de esa explosión primaveral que tan bien le viene a la ciudad del Ter y del Onyar. Y que tan bien lo hacen.

Hace tres o cuatro años en la sede del Colegio de Arquitectos, en el atrio, montaron, como arrinconado pero espléndido, un Hortus inversus, una estancia, plantada, en la que las hortalizas florecían pero ¡al revés!: fenecían más bien. Los rábanos y las zanahorias de culo, y las cebollas, los puerros y hasta los tomates se metían en la tierra, ordenadamente y parecía que hasta lógicamente. Una belleza que me cautivó mucho más que el resto de exposiciones, algunas estupendas, pero que no reunían ni de lejos el sentido del humor y la lección de maneras de los arquitectos. De buenas maneras y hasta de sentido común.

Porque a pesar de todo cualquiera de los museos y de las instituciones que nos están regateando eso, precisamente, el sentido del humor, el buen gusto y hasta la sinrazón organizada, no son siquiera un hortus conclusus que llevarnos a la boca (o a la comisura de los labios) ni mucho menos están dispuestos a darles la vuelta a sus colecciones a ver si nos sorprenden de una vez. Poca imaginación, estrechita, tímida pero grandilocuente. Resulta que estoy aburrido. Del huerto, de sus cercados, de sus cercadores y de verme siempre ahí fuera, plantado, sin una sola pregunta que hacer. Inversus!

sábado, 11 de diciembre de 2010

CON ESE FALSO PUDOR QUE NOS CARACTERIZA


Los días se nos echan encima y la casa sin barrer. A Carlos Urroz le desean buena suerte en ABC, y ya está, y parece que alguno de los damnificados de ARCO no son tales. O las listas están mal hechas y no cuadran los números. O a lo mejor es que da igual.

En fin, que Javier Díaz-Guardiola sigue sin entender por qué ARCO se celebra en febrero, con ese frío, y no con el calorcito de Miami. Un año, creo que en 1986, a Juana de Aizpuru le dio por poner la feria en el mes de abril. Y nevó en Madrid, y de lo lindo. En San Isidro puede llover y a lo mejor antes de San Juan te asfixias. Y en agosto, ya se sabe, frío en rostro. El arte contemporáneo, igual que la climatología, es un lío. De hecho es más cómodo ser antiguo que contemporáneo, digamos que de mediados del siglo XX, como nosotros: el frío era mayor, más de verdad (aunque dudo que más sano), y el expresionismo abstracto algo más que una manera de ser.

Hace frío en media España. Y la que nos espera.

jueves, 4 de noviembre de 2010

CARLOS GARAICOA


Voy a recomendaros (y a recomendarme) fervorosamente la página de Carlos Garaicoa. Para que no se me olvide.

Me ha encantado.

viernes, 22 de octubre de 2010

UNA DE CAL Y NI SE SABE CUANTAS DE ARENA


Sin motivo aparente. A lo mejor porque no tenía ganas de cocinar y me he despachado un escueto sándwich de queso gallego (eso sí) y más castigo frente al ordenador.

Y pasa lo que pasa. Te pones a leer y luego a escribir y resulta que todo son disgustos porque quieres que te hagan un poco de caso y te lo hace el Banco de Bilbao (sucursal número 1) y un cliente pesado y otro que no se explica mi silencio.

Pues eso, que mi silencio, como mi sándwich, son míos y mira que me gusta escribir.

La de cal, bastante viva, no la cuento. Y las de arena espero que se queden quietecitas por lo menos hasta el lunes. Sic.

jueves, 14 de octubre de 2010

REMEMBER WHEN. I.


Ahora mismito está oliendo a lejía a través de mi balcón. Y no se oye ni una mosca. Alguien debe de estar lavando sus interiores (o a lo mejor sus exteriores) en silencio absoluto. Es lo que tienen las noches de los jueves en tiempos de incertidumbre: huele a lavado y ni los quinquis se atreven a protestar.

Creo que estaría mejor en Salamanca, en ese hotel tan divertido detrás del mercado, o a lo mejor en Compostela, dándoles de comer a los palomos en la Alameda (lo cual no es sino una forma de hablar) o en Mérida, tal vez, tomando los vinos con mis parientes aunque no sé bien dónde porque hace dos décadas que no voy. Aquí no hay quién viva. Un vecino, seguramente víctima de Ikea, parece que está montando un armario zapatero pero en sordina. Un breve golpecito cada tres minutos y nada más. El cascar de un huevo contra la escudilla (mi otra vecina, víctima de sí misma y votante de Esquerra Republicana de Catalunya). El batir de ese huevo y otra vez el silencio y posiblemente la sinrazón.

Acabo de leer que a Art Lisboa acuden solamente 42 galerías y eso debería (de) considerarse un desastre. Aunque a lo mejor no. Más o menos buenas galerías pero ¡sólo! cuarenta y dos. Carla Bruni va a grabar un tema de David Bowie, están sonando las diez en mi campana mayor, la de la Catedral cercana (íntima, excesiva) y seguramente las otras vecinas silenciosas, las del convento de las carmelitas, estarán elaborando, en silencio sepulcral, una vigilia a Santa Teresa. Que ya no sé si eso se estila. El señor obispo, tan amable y también vecino, seguramente estará viendo la película de George Clooney, que hace un rato que ha empezado, y el otoño no nos va ofreciendo más que unos cuantos níscalos y esa dejadez previa al Adviento.

Recuerda cuando nada sonaba a nada. Pero ¡era divertido!

miércoles, 6 de octubre de 2010

SIGO REVOLVIENDO


Y no sólo en el pasado, querido Aparis, sino también en la “letra” del pasado ya que el espíritu solamente puedo adivinarlo.

Revuelvo en las guaridas de Diógenes, en las mías (tengo dos, de momento) y en las ajenas. En los mercadillos de los viernes y de los domingos, en las ferias, en las cavernas de los libreros de viejo, en sus páginas web un poco confusas, en las casas de subastas e iba a poner “incluso en las de lenocinio” pero sí, ahí también hay textos hermosos y cuadros agazapados y promesas, sobre todo, aunque no siempre de amor.

En una de mis incursiones matutinas, las mejores, me topé y compré no hace mucho y por dos hermosos euros un libro que parecía escolar pero que resultó ser mucho más que eso. Se trata de un texto titulado escuetamente La literatura española, que firmó un tal Nicolás González Ruiz y que fechó, como colofón, “en Madrid, dando las cuatro de la mañana del día 9 de noviembre de 1942”. Buena fecha.

El texto, que he ido devorando hasta ahora mismo, no tiene desperdicio. Está bien escrito, desde el lado derecho de la orilla, claro (desde el lado ultraderecho, como es debido) y cumple con muchos de los requisitos francamente falangistas y no tan tímidamente anticatólicos de esa fecha, con cuidado pero no tanto. No sé si el profesor Mainer lo cita en alguno de sus libros pero si no, debería. Aunque he escrito “falangistas” para resumir, digamos que vagamente imperiales y, desde luego, demasiado “literaturizado” para estudiantes. En fin, que no sé a quién iba dirigido aunque sospecho que al propio autor, a él mismo.

Despacha a la generación del 98 con una gracia que para sí quisieran alguno de los hispanistas que luego nos han explicado lo que pasó. Gracia enrevesada pero con momentos muy felices, como cuando resume que España es un “país católico y triste, donde la gente se lava poco y come mal” en el que los “noventayochos” no quieren medrar.

Hay más, y en ocasiones tremendo. Pero ni una letra sobre don Vicente Aleixandre, al que ignora tras confesar, ¡madre de Dios!, que no le gusta Jorge Guillén, “tout simplement”, y que el arte en los años treinta estaba ensimismado. Pues mira por donde ahí dio en el clavo don Nicolás. En los 20’s, los 30’s y hasta justito antes de la invasión de Polonia el arte estaba “construido” (decimos nosotros) para sí mismo. Y por eso ahí sigue.

En fin, que seguiría escribiendo hasta mañana, mi muy querido Aparis, revolviendo en lo revolvible y en lo por revolver. Ahora voy a buscar una ilustración, posiblemente de don Vicente, y a mandarles a Ustedes, presuntos lectores, esta nota. Se va haciendo tarde y hay que dar de cenar al deseo porque la realidad ya está suficientemente alimentada. Y no sé si demasiado bien.

lunes, 4 de octubre de 2010

ESE AGOBIO


María Zambrano escribió ya hace años, y en una hermosa frase, que “ese agobio que se suele llamar vida” no le permitía extenderse en un texto que le habían pedido.

La cita es bella como ella sola y el texto requerido era para un homenaje a Luís Cernuda, aún vivo, que le hicieron en el número de otoño de 1962 en La caña gris y en el que participaron desde don Vicente Aleixandre hasta Jaime Gil de Biedma, ambos, y sobre todo esos dos, con un talante más que espléndido, de enormes escritores, de esa especie casi extinguida de amantes de la lengua. Y no sólo eso.

Y me ha dado por contarlo aquí porque para eso este sitio es mío (y de todos Ustedes, claro está) y porque mi agobio, aunque tan poco tenga que ver con la literatura, es, también, vital. Alguna escaramuza habrá que hacer para esquivarlo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

AFICIONADOS A MIRAR AL PASADO (CON TORTÍCOLIS)

De tanto revolver nos vamos a quedar tontos. Un poco más.

Hace días que ando a la greña, más o menos como siempre, con los cientos de libros y catálogos que se me acumulan en casa y en el almacén, que parece que crezcan por sí solos, que lo hacen, que se reproducen, que inundan pasillos, presuntos vestidores, dormitorios (dos), ofis, bonita palabra, sofás (yacen como nadie), aparadores y trinchantes. Y en esas lides voy y me encuentro con varias rarezas que, según se mire, no son tales.

La primera es el catálogo de la exposición Nova Escultura Catalana que montó la Caixa de Barcelona en 1985 y que ese año anduvo itinerando por toda Cataluña. En ella, y la recuerdo muy bien, había obra de Ernest Altés, Tom Carr, Salvador Juanpere, Rufino Mesa, Enric Pladevall, Jaume Plensa, Riera i Aragó y hasta otros doce escultores. En esos años, y todavía no me explico por qué, los escultores, por lo menos los catalanes, estaban empeñados en las formas zoomórficas, pseudoarquitectónicas, vegetales y aproximadamente maquinistas y luego pasó lo que pasó. Había homenajes más o menos solapados a Joan Miró y ahora sí que me doy cuenta de que el Miró escultor le daba y le dio cien vueltas al Picasso escultor, por ejemplo, y que, además, fue mejor alfarero que el malagueño-provenzal. Por eso, al cabo de los años, puedo entender lo que hacía Riera i Aragó, que entonces me gustaba bastante, Plensa (que ahora me gusta mucho menos) y Tom Carr, que es una pena que se haya olvidado de la escultura. Lo que no puedo entender son los despropósitos de Santi Moix, también por ejemplo, que ahora está enseñando en Carles Taché una obra completamente infumable, si es que esos artefactos de barro negro de Verdú se pueden fumar, que lo dudo.

En mi cocina también tengo algún libro. Catálogos de exposiciones, ninguno. Sobre los armarios encima del horno se yerguen dos botijos de Verdú, espléndidos, y otro de Llamas de Mouro, una alfarería asturiana a la que fuimos guiados por el libro (y los consejos) de María Antonia Pelauzy, la entonces esposa de Guinovart. María Antonia tenía una tienda estupenda en la calle Montcada, cerca del museo Picasso, y allí acudíamos arrobados a ver exposiciones y a comprar botijos y cántaros de Moveros y unas alfombras granadinas de esparto que eran imposibles de barrer pero bellísimas. E íbamos de excursión donde nos mandara y nos enseñó, también, que Palazuelo era un enorme escultor y que, al final, Llamas de Mouro y la galería Maeght eran dos templos a los que acudir sin protocolo pero con una cierta devoción.

Me sigue costando abrir la puerta de la galería de Carles Taché. Pero insisto. Y una vez dentro voy y me quedo desolado. ¿Será, ¡Virgen de Covadonga!, que me devora la artrosis? ¿O que tengo la vista cansada de tanto mirar hacia todos lados?.

sábado, 25 de septiembre de 2010

MALVERSACIÓN DE FONDOS


Sin demasiada fe, como vamos a tener que irnos acostumbrando, acometí ayer tarde una visita a la exposición Humano, demasiado humano en el Caixa Forum de Barcelona, tratando de esquivar a Miquel Barceló y, aunque con esa poca fe, con algo de esperanza.

Mala virtud, se ve. A esa exposición pretendidamente humana y nietzscheana hay que ir, aunque sólo sea eso (que es bastante), con caridad. Porque si no habría que echar mano de la fortaleza y de la templanza que merecen alguno de estos espectáculos.

El señor Valentín Roma, el comisario, ha revuelto en los fondos de la colección de La Caixa, los ha entreverado con otras cosas prestadas (los tàpies de la Tàpies y los picassos del Picasso) y se ha largado un discurso pequeño y me parece que circular sobre el arte español de los 50’s y 60’s despachando, con ese plumazo circunvalador, dos décadas que fueron “literarias” y “dramáticas” (en palabras del comisario), de eso no hay duda, pero que francamente fueron algo más.

Mucho más que esas dos docenas de cuadros y dos esculturas, creo recordar, de esos dos sauras más vistos que las historietas de la familia Ulises, salpicados de un guerrero que siempre nos ha parecido desdibujado (“ese” guerrero), unos cuantos tàpies surrealistas que dan un poco igual, tres millares que han envejecido peor que Catherine Deneuve, una menina que no se sabe a qué viene (¿por qué una menina y precisamente esa?), dos cosas del Equipo Crónica parece que como contrapunto, un collage de Ràfols, al principio, que ese sí que no sé que tiene que ver con nada y, en fin, una sosería y una sinrazón que llevo varias horas sin entender. Ubi caritas? ¿Dónde está la caridad? ¿Y el amor?

Pues ya que nos hemos puesto a no tener fe en el presente (es un decir) seguimos practicando caridad con el pasado y eso suplicamos a los historiadores. Y ese poquito de amor y pedagogía que merecería una exposición de ese calibre. ¿Cómo explicarles a los estudiantes de Historia del Arte que nuestro pasado no empezaba en la calle Montcada y acababa en Consejo de Ciento? ¿Y a las amas de casa? ¿No sería mejor iniciar en Caixa Forum una excursión en autobús y llevar a la gente al cementerio de Montjuïc, al Camp de la Bota o a las Viviendas del Congreso, donde el dramatismo está más que asegurado, y meterlos luego en la Biblioteca de Catalunya o en la de la propia Fundación Tàpies para hartarse de literatura?

Porque nos gusta Guerrero, y lo tenemos casi-casi en la hornacina central de nuestros altares, porque nos sigue gustando Tàpies, que ese sí que aguanta chaparrones, hasta literarios, porque las Meninas de don Pablo nos siguen mereciendo un respeto, porque aunque Saura y Ràfols nos den igual siguen teniendo su sitio en el mundo de los interiores, porque nos gusta la historia y la pedagogía y hasta la literatura, por todo eso, no logramos entender esa falta de amor, de lógica y de sentido común de la pequeña exposición demasiado humana. Que no lo es, ni en los límites ni en las intenciones.

martes, 21 de septiembre de 2010

SIN FE


Hemos cambiado la frase que sucede al título de este blog y no porque sí. Desde el inicio habíamos mantenido una cita completamente descontextualizada de W. Somerset Maugham donde nos declarábamos, ¡menuda ingenuidad!, librepensadores. Y ya era hora de cambiar.

En el mundo contemporáneo (en el nuestro, que limita al norte con la Ilustración y al sur con la Santa Inquisición), en ese mundo, “ser” librepensador ya no quiere decir nada. Y menos en boca de Somerset Maugham. Pero nos gustan los calembours, y las bromas piadosas, tanto como a las clarisas los dulces o a los benedictinos el whiskie de malta. De eso se trata, seguramente.

Y aunque no seamos muy aficionados a los homenajes póstumos ni a las necrológicas ni siquiera “con literatura”, nos ha dado por pensar que había que poner una frase de José Luís Brea en este sitio porque, además, es casi el único que nos hizo caso (a nosotros y a este blog), y con un temple estupendo y una cordialidad que a mí, en su día, me pareció desmesurada. Y porque no comparto esa falta de fe al mirar el arte, al hablar de él, al cabrearse (supongo), que en su caso, si no he leído mal, es un requiebro retórico más que una confesión. O a lo mejor no.

Pero no se trata de compartir. Se trata de que la inteligencia ajena nos sigue deslumbrando. Ni más, ni menos.

domingo, 19 de septiembre de 2010

CLAUDE COLLET EN UN MUNDO DE ENANOS (EN UN MUNDILLO)


Hace dos noches se inauguró en el Museo de Arte Moderno de Tarragona la exposición de la fallecida artista suizo-barcelonesa Claude Collet, La recerca de la identitat, exposición en la que algo hemos tenido que ver aunque sea en su aspecto “mecánico”, digámoslo así. Y en ese trabajo me he topado con una artista para mí desconocida, brillante, tanteadora, que no escondía sus dudas pero sobre todo pintora-pintora, algo a lo que no solemos estar acostumbrados y que nos sigue sorprendiendo. Para bien y para mal.

En el acto de presentación dijo unas palabras Daniel Giralt-Miracle, al que le teníamos perdida la pista, o casi, y volví a sorprenderme con una defensa aferrada de la pintora, un canto a la figuración y un lamento por el olvido institucional de los pintores, de los buenos pintores de la posguerra catalana que han ido a parar, alguno de ellos, a oscuras salas de subastas o a ignotos almacenes de la periferia. Que no son malos sitios, según se mire, porque un día vas y los encuentras y entonces se produce el milagro (o el milagrito).

Giralt-Miracle se refería sobre todo al MACBA porque sí que se le ha hecho caso a la artista, en esta ocasión, desde un museo, pero las cosas quedan siempre desflecadas y en este país (porque esto “es” un país) si no estás en la colección de la Caixa-MACBA no eres nadie. Y aún así. Pero me gusta el MACBA, aunque no siempre, pero le haría falta una dosis, o varias, dos añitos, digamos, de alguien como un Juan Manuel Bonet a la catalana, que existe, para que desempolvara a raros y olvidados, revolviera en los almacenes del Ayuntamiento, de la Generalitat, de las Diputaciones, del MNAC, del mismo MACBA, en los desvanes de las viudas y de los herederos, en las trastiendas de los anticuarios y nos regalara de vez en cuando un ”Caneja” catalán, o un Ortiz Echagüe, que no voy a poner nombres para no molestar, y así revisar de vez en cuando el pasado oculto, lo que está a punto de morir sepultado y que, miren Ustedes por donde, a mí me parece que todavía brilla.

Todo esto viene a cuento porque estoy convencido de que hay que escribir los trocitos de historia con el mismo encanto con que alguno de nuestros artistas lo han pintado. Y si no encanto, entusiasmo. Y a lo mejor arrojo.

Últimamente estamos algo pasivos y no nos da por cantar mucho ni a nada. Pero esos enanos que no dejan crecer a sus contemporáneos hacen más: sepultan a sus muertos y, lo que es peor, borran el nombre de sus lápidas. En esta Arcadia, al final, no va a quedar ni dios.