
Sin motivo aparente. A lo mejor porque no tenía ganas de cocinar y me he despachado un escueto sándwich de queso gallego (eso sí) y más castigo frente al ordenador.
Y pasa lo que pasa. Te pones a leer y luego a escribir y resulta que todo son disgustos porque quieres que te hagan un poco de caso y te lo hace el Banco de Bilbao (sucursal número 1) y un cliente pesado y otro que no se explica mi silencio.
Pues eso, que mi silencio, como mi sándwich, son míos y mira que me gusta escribir.
La de cal, bastante viva, no la cuento. Y las de arena espero que se queden quietecitas por lo menos hasta el lunes. Sic.
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