domingo, 27 de septiembre de 2009

EL DANZARÍN Y LA DANZA


El verano de 1979 un buen amigo y excelente lector me recomendó un libro de Andrew Holleran (“el libro” de Holleran) que en España se tradujo así, El danzarín y la danza, y que en inglés era algo más explícito (o por lo menos más fundamental), The dancer from the dance, título que partía de un precioso poema de Yeats en el que el poeta se pregunta, al final “¿cómo distinguir al danzarín de la danza?”.

El libro, muy citado y, por lo menos en Estados Unidos, un libro de culto, traza, noveladamente, una crónica del mundo gay neoyorkino en esa época de eclosión que va desde los primeros Gay Pride hasta la irrupción del SIDA, poco más de una década.

En la novela, bastante bien escrita aunque penosamente traducida, por lo menos en esa edición (hay otra más reciente que no conozco), aparecen personajes ficticios, claro está, y reales, desde Warhol al duque de Alba (a la sazón, Jesús Aguirre), pasando por los “cancos” y los “faeries” de García Lorca, “saliendo en racimos de las alcantarillas (…) o girando en las plataformas del ajenjo”. Pero el protagonista no lee a Lorca (ni siquiera lo cita) pero sí a Ortega y a San Agustín y la novela se desliza, tremenda, entre loas a la soledad y metáforas de la fiesta pública, inauguraciones en el MOMA y truculentas noches en cualquier antro de SoHo. El libro termina con el incendio de la mítica sauna Everard que ocurrió, creo recordar, el verano del 78 y con una especie de moraleja que desdibuja un poco los buenos propósitos del escritor.

No sé si hay que leerla o no. Yo lo he vuelto a hacer este verano, justo treinta años después, y me siguió inquietando en algunas páginas. Después de todo esto (de todo aquello) hace pocos días ha muerto mi buen amigo y excelente lector de una manera atroz, sin distinguir, seguramente, al danzarín de la danza.

Y estoy completamente desolado.

N.: La ilustración corresponde a un dibujo de Víctor Mira que anda por la red y que a lo mejor no tiene nada que ver con todo esto. O a lo mejor sí (como tantas veces).

jueves, 23 de julio de 2009

EL SEGUNDO IMPERIO


El título viene al hilo del comentario de mi querido interlocutor Audiotalaia, alias Educomelles, que tan atento está (y tan atento es) a y con todos mis avatares librescos. Y porque cada vez que me paseo por el quartier barcelonés de Rambla de Catalunya-Consell de Cent-Balmes me quedo con ganas de contárselo. Con desganas.

En plena ola de calor empecé comiéndome un espléndido bocadillo de jamón en el Forn de Sant Jaume, al lado de la galería Joan Prats, porque los bocadillos están buenos (y los chocolates y el cabello de ángel y los fantásticos hojaldres) y porque estoy convencido de que hay que entrar bien merendado a según qué galería. A la mayoría, vamos. Y acometí la exposición de Víctor Pimstein con el ánimo adecuado y sin demasiados prejuicios.

Me gustó aunque no me entusiasmó. Pero estoy convencido de que el artista, del que no había visto más que fotografías de sus cuadros, va en serio. No es que se lo tome en serio, que lo hace, sino que es que sabe lo que hace y lo hace bien.

Los cuadros son bonitos, menos etéreos de lo que el crítico que escribe el texto del catálogo pretende, porque ese texto creo (en mi poco humilde opinión) que flaco favor le hace a la pintura de Pimstein. Alex Bauzà, que es quien firma el texto, se empeña desde el principio en demostrar que los cuadros son, ¡válgame Dios!, meros “soportes materiales para la pintura” (sic). ¡Pero si al pintor lo que le gusta es pintar!. Por qué el crítico, o lo que quiera que sea el señor Bauzá, dice así, a las bravas, que la pintura es “retórica (en cuanto a) proceso” y desprecia, o eso parece, “la estéril autorreferencialidad de cierta pintura abstracta”. ¿Es Tàpies estéril y autorreferente? ¿O Millares? ¿O Rothko? Más autorreferenciales que cualquiera de los tres, imposible. Pero ¿estériles?. Que parece que ese señor se avergüenza de los pintores “que pintan” y arrastra con ello al artista. Como si el estar (o el ser) más próximo a la fotografía nos salvara (les salvara a ellos, los pintores) de algo. De todo. No me gusta todo esto.

Después crucé la acera, y ojalá no lo hubiera hecho, y me metí en Senda. Christopher Mir, que por el apellido podría ser de Caldetas o de Montroig, y al que el suplemento de La Vanguardia de ayer mismo le dedicó un amplio artículo, no hace más que enredar el asunto. El señor Mir sí que se siente culpable. De ser pintor y hasta de ser coleccionista de imágenes. Porque además va y las pinta en unos tremendos collages (no sé cómo llamarlos) ácidos y la mayoría banales. ¿Por qué ese empeño en pintar, en llenar el cuadro, en acentuar una y mil veces, como en una mala novela de pobre argumento, para luego no poder recordar nada. ¿Por qué todo ese trabajo?.

Seguí, sediento y algo desazonado, pero prefiero no seguir contando. Margaret Métras tenía cerrado, Llucià Homs también, Carles Taché seguía con Tony Cragg (su dinero le habrá costado) y Toni Tàpies celebraba una especie de hermanamiento Toronto-Barcelona que no me interesó en absoluto. El segundo imperio no es el de la fotografía, hermanos. Es, como el primero, el de la pintura, como representación, como oficio y como celebración. Y el que se avergüence, que se dedique a vender pisos o a dar clases de wind-surf.

N: La ilustración corresponde a la fotografía de unos de los cuadros de Víctor Pimstein, el titulado Horizon 15, que cuelgan en Joan Prats.

domingo, 19 de julio de 2009

EL SILENCIO TIENE UN NOMBRE (DOMINGO DEL MES DE JULIO) Y LA INDECISIÓN VARIOS


Pues es que no se trata precisamente de indecisión, vamos, sino de una especie de apatía a la que no estoy acostumbrado. Quizás es que necesito unas vacaciones o que el sol ha empezado a parecerme un enemigo o que no soporto, definitivamente, el olor a fritanga que se pega a las piedras, a las piedras construidas, como si fuera una lapa malévola dispuesta a recordarnos a cada momento que somos polvo, ceniza y grasa.

Y también digamos que disfruto de este silencio un poco a medias. Porque no soy capaz de tirar adelante un librito de relatos en el que estoy metido o quizás porque me he puesto a orear, ya lo conté hace unos días, la literatura de los demás. En eso estamos y ahora me doy cuenta de que no es un buen ejercicio. Ni tan siquiera higiénico.

Veamos: a la izquierda de mi cama (mirando a la cama) hay una especie de costurero antiguo que hace las veces de mesilla de noche y que es donde reposan, en tropel, las novedades, lo que estoy leyendo o a punto de leer. Demasiadas cosas apoyadas por una especie de escabel en el que yacen libros pendientes: de lectura, de olvido o incluso de destrucción definitiva. Hasta ahí más o menos bien.

Encima del escabel se yergue una hermosa estantería modernista, pequeña y con una especie de hojas de acanto talladas en la madera, que me regaló no hace mucho mi querida amiga Maripa S. y que ha venido a ocupar, completamente, don Josep Pla. Parte de sus obras completas, tan bonitas encuadernadas en azul oscuro, cosas de bolsillo, alguna rareza y una sola delicadeza que necesita una restauración. Pero al lado, junto a lo que fue la puerta de la alcoba, me he empeñado en reunir, sobre ocho baldas de un mueble demasiado alto, al 98, el 27, los ismos y hasta los cataclismos. Ahí reside el problema, la indecisión, los ácaros e incluso los recuerdos. Los buenos y los malos (recuerdos, que no hay ácaros buenos).

¿Don Ramón María al lado de don Miguel? ¿Buñuel junto a Lorca? ¿El Manifest groc junto a los espantosos Rostros ocultos de Salvador Dalí? ¿Dónde pongo a Dámaso Alonso? ¿Qué hago con Ismael de la Serna? ¿Por qué no tiro de una vez el libro de Tarín-Iglesias sobre Unamuno o El Cid Campeador de la pobre María Teresa León?

Ante tanta indecisión he optado por olvidarme del siglo XX hasta el mes de septiembre e intentar hacer algo por el XXI. ¿Seré capaz?

N.: La ilustración corresponde a una fotografía antigua de una procesión marítimo-terrestre, probablemente de algún lugar en Galicia, en honor a la Virgen el Carmen, a la que suelo invocar por estas fechas en demanda de algo más de cordura, sobre todo terrestre (iba a escribir terrenal).

martes, 7 de julio de 2009

ANDO REVOLVIENDO


Ando revolviendo las estanterías algo ladeadas de mi pasillo más o menos interminable para quitarme de encima varios tomos sobre la Guerra Civil, la posguerra y la madre que los parió porque me he propuesto airear un poco mis interiores y dar suelta a varios de mis exteriores.

La cuestión es que le he regalado parte de mi pasado libresco al doctor Finch y estoy a punto de deshacerme de más de doscientos tomos, tomitos y tomazos que se empeñaban en ahogar mi entretenimiento y parece ser que no me dejaban progresar. Aunque ya veremos.

Ando, pues, limpiando, fijando y dando esplendor a casi todos los anaqueles cercanos e incluso a alguno de los lejanos. Y entonces aparecen, en ese afán de ordenar, cosas insospechadas e incluso inhóspitas.

En un requiebro (en un rincón, en un recodo, en un pliegue de una de las estanterías) ha aparecido un tomo que no había visto nunca, Ni lo he comprado, ni lo había, ni pertenece a la biblioteca familiar ni tan siquiera formaba parte de algún despiste viajero o viajador. ¿Quién lo ha puesto ahí?. Se trata del número cuatro de las Éditions Ruedo Ibérico y se titula, ni más ni menos, Versos para Antonio Machado. Publicado en 1962, cuando yo tenía (iba a poner “ostentaba”) ocho años, luce unas leves y como desdibujadas portada y contra de Manolo Millares, unos trazos azules tirando a verdes (firmado “MILLARES”) y recoge varios poemas en homenaje a don Antonio, “destinados a conmemorar la institución Premio Antonio Machado” que no sé si tuvo continuidad, ni en París ni en Collioure. Se imprimieron seiscientos ejemplares y el mío conserva toda su lozanía, si cabe, y ni una sola mancha de orín ni de verdín ni siquiera de nostalgia, porque para eso están los lectores y no los editores.

La cuestión es que “la ardua sentencia de la posteridad” de la que hablábamos el día anterior ha sido implacable. Tremendamente implacable. Y a lo mejor lamento haber encontrado el libro (pero ¿quién lo ha metido ahí?) como lamento que Jaime Gil de Biedma escribiera tan penosos versos (¿qué es eso de “A ti, compañero y padre / reconocida presencia”? ¿son suyos esos versos?), que José Agustín Goytisolo alce su vaso y brinde “por tu claro camino”, que Ramón de Garciasol, del que no me había vuelto a acordar, vuelva a clamar por su claridad en una ¿loa? a la “España molinera / parteadora / presa en la primavera…” y que, en fin, se me revuelvan los restos con los quejidos, las loas con los requiems y el pasado con el pasado. Tremendo.

Voy a hacer un nuevo examen de conciencia. Grave. Voy a volver a leer a don Antonio (nunca he dejado de hacerlo) y me voy a quedar con Claudio Rodríguez, el único que sabía lo que se decía, o eso pretendieron, en 1962, los del Ruedo, menos ibérico de lo que pudiera parecer: “(Bien sabe él que está despierto, / más despierto que nadie.)” . A la orilla (izquierda) del Sena, como si fuera un Duero capitalino. O como si no.

viernes, 3 de julio de 2009

TRANSMEDITERRÁNEA


He pasado más de un mes de luto riguroso y ahora que entro en el alivio resulta que no hago más que leer obituarios y programas de exequias y cantos fúnebres por doquier. Y lo digo con todo el respeto (¡el miedo!) que el asunto puede merecer.

A la pobre Farrah Fawcett-Majors le han hecho poco caso, a Michael Jackson bastante más y a Baltasar Porcel, que en estos momentos tiene su capilla ardiente en el Palau Moja, el diario La Vanguardia, por ejemplo, le está dedicando páginas enteras desde ayer. Lo que no me parece mal, ni mucho menos.

Lo mejor que se ha publicado en esas páginas es el texto corto de Pere Gimferrer titulado De Andratx al crepúsculo en el que repasa la relación con el escritor de una manera maravillosa. Escueta, justa, nada halagadora, exacta. Y es que Gimferrer es un gran escritor, ese sí que sí, no suele echar mano de los currículos y dice justo lo que quiere decir. Al resto, a muchos de los otros prohombres (y promujeres) de las letras, no hay por dónde cogerlos.

Sólo hablé una vez con Porcel, mejor dicho asistí a una breve charla del escritor, entonces muy joven, Àlex Susanna con el mallorquín en la cubierta de un barco parecido al de la ilustración, si no el mismo, durante uno de esas largas travesías transmediterráneas Barcelona-Ibiza con escala en Palma de Mallorca. Era un mes de invierno, hacía frío en la cubierta del Ciudad de Valencia y Baltasar Porcel pontificaba con la mirada perdida en algún punto de nuestro mar común, ese Mare Internum del que no nos podemos sustraer, de tan común, tan interno y tan merecedor como nos sigue pareciendo.

Luego tuve algo que ver, poco, con el Institut d’Estudis Mediterranis, creo que se llamaba así, que estaba en el antiguo edificio Atlántico de Diagonal-Balmes. Mal nombre el del edificio para el Institut, pero las cosas suelen tener (nos suelen proponer) requiebros de ese jaez. Mal recuerdo, quizás.

Y poco más. “L’ardua sentenza” de la posteridad, como recuerda Gimferrer, se irá encargando de lo demás. Hasta de mis huidas a Ibiza, de los poemas penosos garrapateados en las servilletas del American Soda y hasta de las Cartas Marruecas de don José Cadalso que aún no sé por qué me empeñaba en llevar siempre en la mochila. Aunque de esas tres últimas cosas no ha hecho falta esperar tanto para hacerlas tan livianas como el papel Smoking para liar un canutito al amanecer, casi a punto de atracar en el puerto de Ibiza y antes de que apareciera la Guardia Civil.

N.: La ilustración corresponde a una fotografía de Carles Marí del buque Ciudad de Valencia, de la compañía Transmediterránea, atracado en el puerto de Ibiza. Evidentemente.

miércoles, 27 de mayo de 2009

QUÉ DIFÍCIL ME LO PONEIS, HERMANOS


Hace un tiempo empecé a publicar este blog con intenciones más o menos insanas pero con una prudencia que, aunque a algún mentecato le haya parecido lo contrario, es bastante inusual en mí. Y voy a hablar en primera persona porque para eso lo firmo.

Me indigno bastante a menudo pero también, y sobre todo, celebro las buenas intenciones de los demás, los textos buenos, los buenos cuadros, las exposiciones luminosas y bien pensadas, las oscuras y pensadas aún mejor pero me suelo enfadar cuando no hay ideas, o cuando me parece que no las hay, o cuando alguien escribe bien lastrado de citas porque no sabe qué decir o pinta sin dudas, que es lo peor que le puede pasar a un pintor, no tenerlas o, peor aún, intentar esconderlas.

Han pasado muchos años desde el entusiasmo y me tengo que fabricar entusiasmos nuevos cada día, después del desayuno o quizás antes de la cena, que es cuando suelo ponerme a escribir. Y me cuesta un imperio. Escribo otro blog, que lee bastante gente y que me divierte enormemente. En ése no se enfada nadie, o casi nadie, y tiene comentarios sabrosos de gente estupenda que se dedica a mil cosas y a las que les divierte, como a mí, escribir y comer y no ponerse pesados con las cosas del querer (ni con las del desear). Este blog no sé si lo lee ni mucha ni poca gente, no tengo contador y raramente me citan en ningún sitio. Pero se me enfadan a menudo, no tanto como yo quisiera, porque suelo poner nombres y apellidos y la gente va y se busca en Google y luego pasa lo que pasa: que un iletrado (eso me han llamado, entre otras lindezas) se atreve a nombrarles y a joderles la vida.

Pues no, escasos o numerosos lectores, yo no quiero joder a nadie aunque me gustaría hacerlo a según qué horas. Tampoco estoy viendo el partido del Barça ni voy a decir ni una sola palabra sobre la puerta de la galería de Carles Taché, que no se abre ni a tiros (¿me la cierran a propósito?), ni de la exposición de Tony Cragg, por el que bebíamos los vientos no hace tanto y ahora no puedo entender cómo y por qué ha llegado a esas horrorosas esculturas (¡esas estatuas!) que ni en un jardín de Sant Cugat, ni voy a hablar de Borja-Villel y su colección “sin complejos”, ni su afrentosa, afrentadora, afrentante frase (no sé si es suya o del periodista de ABCD, hace unos días) en la que “…lo de Goya y Sorolla es anecdótico, pese a lo noticiable”, ni de la correspondencia entre José Luís Brea y Brumaria, ni de los gin tonics de los unos y las amistades peligrosas de los otros.

No voy a decir nada. Fernando Castro Flórez ha suprimido su blog y estoy de luto.

lunes, 11 de mayo de 2009

CURSIS Y VANOS


Según el diccionario de la Academia, y en su primera acepción, dícese “(…) de un artista o de un escritor, o de sus obras, cuando en vano pretenden mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados”.

Los dos críticos a los que llamo cursis se acoplan perfectamente a la definición académica, tanto que casi la superan: uno es el del otro día y el otro el de hace unos meses. Luego vendrán su primo, su novia, su cuñada o ellos mismos a decir que soy un analfabeto, que escribo por escribir y que destilo veneno o algo por el estilo. ¡Cursis!

miércoles, 29 de abril de 2009

FERNANDO C.F. VS ENRIQUE A.R.


Estupefacto me quedo al leer en el blog de Fernando Castro Flórez su diatriba, tremenda, contra la crítica de Enrique Andrés Ruiz en el ABCD del sábado pasado sobre Juan José Aquerreta. Escriben algo así sobre mí, pintor o crítico, y me pego un tiro.

Me sigue gustando, y mucho, don Fernando, aunque no entendí bien su artículo en el mismo número de ABCD sobre la exposición de Tehching Hsieh en el MOMA. O lo entendí demasiado. A F.C.F. no le gustan ni las reliquias ni los relicarios pero lo cuenta mal, se deja llevar por su ego y por su alter y se cisca en el performer, en el museo y, de paso, en un pasado que no vivió y que se ve que le molesta. O a lo mejor es que tampoco lo entiende.

Es igual. El caso es que la que sí pone a caer de un burro es la exposición de Aquerreta en la Marlborough de Madrid y la crítica de Andrés Ruiz, “el artículo de marras”. Llama casposo al crítico y torpe al pintor y, de paso, arremete contra Calvo Serraller. A ver, la crítica la leí antes de su mención (de su “horror”) en el blog, que no he leído hasta hoy, y me dejó bastante sorprendido. Andrés Ruiz ha dejado hace tiempo, y creo que ya lo dijimos, de jugar a delfín de Juan Manuel Bonet y se ha dejado llevar por una especie de mística de la figuración que cuenta mal y, además, en una clave lírica que casi nunca viene a cuento. Cita a San Pablo cuando debería hacerle más caso a San Agustín, y se despacha con esa “maravillosa inocencia que perdura” que ni en un catálogo de galería casposa, esas sí, de la calle Petritxol o de panfleto de centro parroquial. Y Castro se enerva. Y va y lo cuenta, aceradamente, con un descaro que parece que ambos críticos no escriban en el mismo suplemento. ¿Se ven las caras en los consejos de redacción?. ¿O no existe tal cosa?. Estupefacto.

N.:

I. La fotografía, que como muchas veces no tiene nada que ver, es de Ethel Martí y está tomada en la pasada edición de ARCO.

II. De los relicarios de Castro Flórez, de los propios y de alguno de los ajenos seguramente hablaremos en el próximo número de nuestro medio habitual, la revista Art Notes, más habitual que estos mundos, ambos, a los que abandonamos demasiado a menudo.

III. Si los presuntos críticos, los que están en nómina, más o menos, se preocuparan un poco menos de los amigos que tienen en los museos y en las instituciones, otro gallo nos cantara. Y si de paso aprendieran a escribir, nos lo pondrían mucho más fácil. Aunque a lo mejor, entonces, no tendríamos nada que contar.

Y IV. Sólo me divierte Fernando Castro. Pero aunque Juan José Aquerreta me dé igual, me sigue gustando Isabel Baquedano, por ejemplo, a la que sí me parece que se le hace mediano caso. En fin.

ARCO ROMANO


También me alegro de que la gente de Soria-goig hayan recuperado la página de la galería Arco Romano, la de Pepe Arense en Medinaceli.

Ahí yacen o, mejor, flotan y sobreviven varios artistas queridos, otros por querer y alguna de nuestras letras pasadas que no sé bien si sirvieron para algo. Ahí están algunos y algunas, por lo menos.

MADRID FOTO


Me llega la noticia de la aparición en el ruedo del blog de Madrid Foto, la feria de galerías y de fotografía de las próximas semanas en Madrid.

Me parece estupendo que las empresas de comunicación se vuelvan blogueras, que nos vayan contando así lo que pasa o lo que va a pasar en la feria y que mantengan la mecha, la llama y el espectáculo encendidos. Más o menos.

N.: La foto, preciosa, corresponde a la serie La seda rota del artista José Manuel Castro Prieto que actualmente expone en la galería Blanca Berlín de Madrid y en el Centro Cultural de la Villa.

lunes, 23 de marzo de 2009

RAFAEL BARTOLOZZI

Rafa murió ayer por la mañana en su casa de Margodi, en Vespella de Gaià, mansamente, sin dejar de mirar ese mar que le daba vida, según decía, como a los algarrobos. Que le daba sentido a su vida, seguramente.

Fuimos a despedirnos al anochecer y yacía en perpendicular a ese horizonte, o eso nos pareció, rodeado de su mujer, Núria, de su hijo Nil, de sus perros, de sus amigos, de sus cuadros y a sus pies dos matojos o tres de tomillo, de esa farigola de tierra seca que según se va acercando el Viernes Santo va oliendo cada vez más a gloria bendita. Bien bendita.

Hemos pasado mala noche porque ha ido apareciendo Rafa y su música (la música que también sonaba en su honor, frente al horizonte) y los cuadros de los unos y de los otros y entonces hemos entonado un beatus ille patoso porque no estamos para requiems y porque estamos seguros de que el descanso de los pintores es mayor y mejor y cierto.

A todo lo demás, menos a la farigola y a los cuadros, que le den.

martes, 17 de marzo de 2009

UN MES ES MUCHO

Un mes es demasiado, después de la lata que dimos en febrero, para permanecer callados. Silentes, más bien, algo cansados pero alertas. Siempre alertas.

Ahora, esta noche, parece sobre todo que andemos esperando la primavera, que nos hayamos olvidado del espléndido sol madrileño de febrero, de ese sábado tan luminoso en el que aterrizamos en la estación Lago y luego nos perdimos pero vimos a lo largo y a lo ancho los restos de esplendor y la derrota de la feria de Madrid. De los antiguos espacios de la Casa de Campo que conservan un aire limpio y fresco, pero herrumbroso, de un pasado no tan lejano. La herrumbre es buena cosa para el arte, el antiguo, el moderno y el contemporáneo. Y las mañanas con sol, y la nieve en Guadarrama y las cervezas en la calle de las Huertas.

En fin, que ha pasado más de un mes y esperamos dos cosas, sobre todo: los cambios en el CGAC gallego, que confiamos en que los haya, y un libro de Henry de Monfreid, Los secretos del Mar Rojo, con ilustraciones de Luís Claramunt, que le hemos pedido a la editorial Basarai y que mañana vamos a ir a buscar a Correos. Y dos propósitos: el primero empezar a ahorrar, ferozmente, para comprarnos algo, por poco que sea, de Luís Claramunt (Juana de Aizpuru seguramente sabrá entender nuestro espíritu y, a lo mejor, nuestra letra). Y lo digo muy en serio.

Lo segundo es echarle un rezo al Apóstol Santiago, al que le solíamos tener bastante devoción, para que Dios, la Conselleria de Cultura y alguno de aquellos habitantes de cerca del Pico Sacro que nos arrullaron bastantes noches con sus idas y venidas, le den al CGAC lo que por fin se merece. Cordura y buen sentido, que no es mucho pedir.

N.: La fotografía recoge parte de mi bagaje habitual y, en este caso, del madrileño de la mañana de la Casa de Campo, de la herrumbre y de un cierto desconsuelo. Un libro de Foujita que había comprado el día antes en La Central del Reina Sofía, la moleskine, cerrada, el pilot de tinta líquida, el blíster de Almax, masticable, el paquete de Camel, el reloj (Camel, también), las gafas, la cartera y parte de la mochila imitación Calvin Klein que en ese momento me parece que no guardaba nada. La foto, como otras que seguramente seguiré utilizando, con su permiso, es de Ethel Martí, fotógrafa fervorosa y espléndida compañera de viaje.

miércoles, 18 de febrero de 2009

FORTUNA IMPERATRIX MUNDI


Da la sensación (me da la sensación) de que sólo me pongo a escribir en el mes de febrero y sobre todo después de ARCO. No es que ahora tenga muchas ganas (he tenido un día tremendo y se me ha hecho tarde) pero el tema me pone, el mes, febrero, me gusta, y es como si me hubiera matriculado para unas oposiciones y no me hubiera presentado al examen. Manolo Quintana me entiende y alguno (y alguna) más. De ésos que dicen que no leen pero que luego largan como cotorras.

Total, que me pongo a escribir porque estoy cansado y me sale el título (lo primero, siempre, es el título) y ahora resulta que me estoy acordando del pobre Antonio de Senillosa, que no tiene nada que ver con todo esto pero que siempre me pareció un tipo fantástico. El 23-F, lo contó después, cuando los tejeros les dejaron, por fin, sentarse aunque con las manos visibles (”esas manitas…”), don Antonio empezó a garrapatear unas notas en su cuaderno. Un guardicivil le miraba, avieso, e incluso le llegó a preguntar qué andaba escribiendo. Senillosa le dijo que “impresiones”. El guardiacivil torció el gesto y acarició el gatillo, seguro de sí mismo, pero ni miró el cuaderno de notas. “No son hombres de letras, claro”, apuntó el diputado, y siguió escribiendo. ¡Lo que daría por leer una de esas notas, si es que existen!.

Pues en los pasillos de la Feria de la Fortuna Variable me pasó algo parecido, dicho sea con todos los respetos y salvando absolutamente las distancias. Enormes. Andaba yo anotando vete a saber qué bobada sobre un dibujo de Torres García (luego lo taché y ahora no lo entiendo) y un empleado de la galería, no el dueño, me miró despectivo y no apretó el gatillo porque no tenía arma (visible) ni tampoco por qué. Vio que escribía, perfectamente, e incluso mi acreditación que ondeaba algo confusa entre la bufanda y el cuello del abrigo. Pero no puedo adivinar qué es lo que no le gustó: mi aspecto, mi bufanda (gris, bastante bonita) o mi moleskine sobada.

Estuve a punto de preguntarle el precio (luego los supe y no era para tanto) o la marca de su colonia o si realmente le molestaba, como al guarciacivil, la letra.

Tienen suerte los ágrafos. Con una sonrisa, un guiño o un arma bien puesta tienen bastante. Puta envidia.

martes, 17 de febrero de 2009

THE TROPICAL STORM FAIR (MADRID)


La foto, bastante bonita, se la he robado junto al título a The Tropical Storm Beach Grill & Bar, un estupendo local de Hernando Beach, en Florida, cuya página vale la pena visitar (no se asusten de la música). El churrasco de la foto no lo es tanto pero seguro que vale la pena. Y las chicas. Y el camarero ése que sonríe de lado, el de los armani falsos, que seguro que te consigue lo que quieras (a sí mismo, por ejemplo).

La tropical store fair de Madrid, la Una, no la Otra, está que se sale. Luis Eduardo Cortés, el presidente del comité ejecutivo de Ifema, no la señora Fernández, ha declarado que todo ha ido estupendamente, que se ha vendido, que el año que viene la cosa invitada será la ciudad de Los Ángeles, no un país (¡válgame dios!), y que sobran galerías, que serán “muy estrictos, mucho más” (sic) y que el sol saldrá, seguramente, por Antequera, entre Hernando Beach y las marismas, al fondo a la izquierda.

Supongo que el señor Cortés querrá decir que las galerías de provincias seguirán en los rincones, que a las repescadas a última hora las meterán con cualquier calzador al lado del chiringuito de los cafés, que las damas (y los señores) de la Cruz Roja tendrán su mesa petitoria en un stand aún más grande y que les pondrán, además, un guardia con el casco de plumas y dos arriates de evónimos o a lo mejor un camelio enano, para adornar.

Pero de la moqueta ni palabra. De la señorita de voz aflautada del mostrador de prensa que era tan alto que ella parecía enana, además de incorrecta (y mártir), tampoco nada. Ni de la sensación de vacío, de falta, de sentido común, que ya lo dije ayer.

Todo esto no me divierte nada aunque cada uno es libre de hacer de su diversión un oficio, de su capa un sayo o de tripas corazón. A Álvaro Alcázar, con un stand estupendo, se lo perdono todo. Porque es el que más me gusta siempre: sus artistas, sus piezas (menos una, espantosa), sus flores (rosas rojas y liliums el viernes) y él mismo. A Soledad Lorenzo, también, porque además de un buen stand tiene buena pinta y siempre sonríe. A Elvira Mignoni no la vi, pero ya no me parece tan bien aunque me guste su galería. Pero esa cara de tragedia (de tragedia ramplona y pasada de moda) de Helena Tatay, ese cansancio parece que endémico de Norberto Dotor, esas ganas de no vender de Toni Tàpies, ese desasosiego de Ángel Samblacat y, por qué no decirlo, esa falda tan corta de Lola Moriarty, a sus años, son cosas que no puedo entender. Ni el cuadro verdoso de Hernández Pijoan ni la pieza de Cristina Iglesias (¿por qué siguen tan empeñados con ella?) ni los sauras trasnochados de Lelong ni ese plato de almejas de Barceló para el que no tengo palabras.

Mañana, si acontece, hablaré de lo memorable: el richard serra de Elvira, de doña Elvira, la escultura de Croft de Filomena Soares, preciosa (mejor que la de Helga, de doña Helga) o ese campano oscuro de Rafael Ortiz. Me gusta Campano. Me gusta mucho.

¿A que voy y ceno churrasco al son de Surai Surita, de mi amada Yma Súmac, la emperatriz de los Andes? ¿A que me sienta mal?.

lunes, 16 de febrero de 2009

UNA GAVIOTA EN MADRID

En la zarzuela La Gaviota, con libreto de don Josep Amich i Bert y música del maestro Oliveros, rara pieza de los años veinte del siglo pasado, se canta un poco a pelo pero desde luego que sí se hace a pluma (chiste fácil) a una gaviota que se posa en el regazo de una moza supongo que en la calle Raurich y no en la de las Huertas.

No estoy muy seguro de nada, ni de que las gaviotas se posen tan ricamente en el regazo de nadie (¡menudo horror!) ni de que lleguen hasta el Retiro, ni de que haga falta pagar treintayseismil euros por colgar un cuadro de Lamazares, por ejemplo, ni de que se haya de sudar la gota gorda para ver en qué ha acabado todo esto, puestos a señalar y sin ánimo, en ninguno de los casos, que los hay, de ofender.

Hace justo media hora que han cerrado las dos ferias Madrid, ARCO y ART, que se empeñan en tener el mismo subtítulo y que comparten no pocas cosas. A nivel local, claro está. Porque en eso ha convertido la señora Fernández a ARCO, en una feria más local que nunca, enrevesada, oblicua y me atrevería a decir que circunstancial. Yo de ella (yo de Usted, señora Fernández) volvería a poner en marcha la megafonía, haría un mix entre la zarzuela La Gaviota y un pasodoble torero, como sintonía, y llamaría sin parar a Pepe Cobo y a Helga de Alvear, que ya se ve que son las estrellas, y me dejaría de zarandajas. Anunciaría la llegada de lady Forster, el levísimo cambio de look de Lola Moriarty, la transmutación de Norberto Dotor, el aburrimiento (mortal) del señor Gómez Acebo, las bolsas en los ojos (operables) de Miguel Marcos, la nula verticalidad de los paneles de los stands, la iluminación de tenderete de Benidorm un quince de agosto (por la noche), las rasgaduras de la moqueta gris (ese gris Fernández, antes gris Gómez Baeza), el inglés perfecto, exquisito (y esto sí que no es una broma) de Guillermo de Osma, las mechas de las azafatas (del rubio al menos rubio), y, al final, por encima, flotando, ese espléndido olor a churrasco que sitúa a la feria justo donde debe de estar, alrededor del coche oficial, el Subaru modelo Tribeca, cerca de Barajas, por si viene alguien, y en el polo opuesto del sentido común.

No tengo muchas ganas de contarlo ahora. Pero lo haré. Donde sea. Donde me dejen. Porque estoy desolado. Se ha acabado la fiesta, lo que no me parece mal, pero me han robado la linealidad, el paralelismo y poniéndome un poco pesado hasta la geometría.

El mejor stand de la feria, como me dijo mi amigo de siglas tan conocidas que no las pongo, la sala VIP, con los camareros tan atentos (atentos de verdad) y con un vino blanco estupendo. Por lo menos es donde había más gente.

viernes, 6 de febrero de 2009

SIN MIEDO



También vamos a ir a ver, si el tiempo no lo impide y las ganas de no trascender no son demasiadas, la exposición de Tarsila do Amaral que se ha inaugurado esta noche en la Fundación Juan March. Hacia las cuatro de la tarde, después de un café apresurado, Juan Manuel Bonet, el comisario de la exposición, nos ha contado bastantes cosas en Radio Clásica (que ahora, y supongo que felizmente, anda un poco más didáctica), al ritmo de Erik Satie y con una citas pronunciadas en un francés perfecto.

Se le echa de menos a J.M. Bonet, a sus textos sobre todo, aunque el del otro día sobre el Futurismo en ABCD no estaba nada mal. Pero me gustaban, y mucho, sus críticas de exposiciones, antes de irse al IVAM, escritas con mucho desparpajo, muy bien escritas, y con una sobredosis de información que no molestaba nunca. Su delfín (o eso ha ido pareciendo) Enrique Andrés Ruiz es otra cosa. Demasiado melifluo muchas veces y otras con el “tono” equivocado. Aunque tampoco escribe mal sin tener sus críticas el empaque que tenían las de Bonet. Incluso en la semana de ARCO, tan difícil para los críticos oficiales (lo que es una manera de señalar) y de los otros, Bonet, dignísimo hijo de su padre, un excelente tratadista y mejor conferenciante (y con un sentido del humor que no sé si tiene su hijo), nos regalaba párrafos espléndidos y sin esa mala baba que destilaban los de Calvo Serraller que. además de pontificar, descalificaba. Siempre. ¿Habrá estudiado en un seminario pontificio el señor Calvo Serraller? Porque eso se aprende aunque se haya nacido con aptitudes.

En fin, que hemos dejado de lado a la pintora para despistarnos un poco por los vericuetos de la trastienda.

También, y por distintos motivos, echamos de menos los textos de Alberto Ruiz de Samaniego.

Y el pan, y el circo.

jueves, 5 de febrero de 2009

MIEDO DE QUERERTE


Cuando de veras se quiere
el miedo es tu carcelero,
y el corazón se te muere
si no te dicen te quiero.

Será que todavía hace frío, será que hablo más de la cuenta o será que me creo todo lo que dicen.

Pero no, es mentira, no tengo miedo porque de momento no me hace falta.

Tengo ganas de ver la exposición de Bacon en El Prado, con fervor, y celebro que los buenos escritores (Juan Cruz es uno de ellos) lo celebren con semejante enjundia. O a lo mejor tampoco es enjundia sino ganas de escribir bien. O escuela. O salero. Eso de lo que tan poco queda en mi tierra que no es la suya, lector casual, sino la de unos pocos neuróticos que nos seguimos preocupando, claro está, de nosotros mismos.

Pero bien: no es que tenga miedo pero me asusta que a la señora Fernández le haya dado por rebautizar ARCO como ARCOmadrid, así, con esas mayúsculas y esas minúsculas raras, y que se quede tan ancha. Seguramente esa señora (o quien sea, para qué nos vamos a engañar) lo ha hecho con buena intención, no cabe duda, pero ¿a qué viene ese subtítulo tan pegado?. Me asusta.

Como también lo están los galeristas que se han autoexcluído, los enfadados y los asustados, aunque todo esto vuelve a no gustarme nada, a olerme a rancio, rancio desde 1985, más o menos, cuando Juana de Aizpuru salió por la puerta ¿de atrás o por la puerta grande?. Toda esta trastienda con olor (iba a escribir “resquemor”, pero no puede ser) a naftalina, a malos rollos que nos vuelven a poner en la cola de Europa, sí, ahí donde les encanta a los franceses que estemos. Pues no. Arrieritos somos y o le dan un empaque nuevo a la feria (FIAC lo ha hecho, Frieze lo ha conseguido) o seguimos vendiendo cuadros de Millares y de Zóbel a los fabricantes de porcelanosas varias y grabados de Chillida y litografías de Tàpies a los cachorros de los sabuesos para su sala de estar.

Yo ya no vendo nada (o casi nada), creo que eso está claro, pero me da miedo que se me muera el corazón aunque no me digan “te quiero” ya hace mucho. Qué le vamos a hacer.

jueves, 29 de enero de 2009

ASÍ ME GUSTA

Pepe Cobo, no muy favorecido en la foto, abre en Madrid un espacio nuevo en un antiguo taller de reparación de coches, según me cuentan en uno de esos noticiarios virtuales a los que estoy suscrito y que leo no digo con avidez pero sí con empeño.

A las puertas del ARCO de la Sra. Fernández, del Artmadrid de la señora, encantadora, Álvarez, María Eugenia (subdirectora) y de la otra que no me acuerdo cómo se llama (ni la feria ni las directoras), don José Cobo parece que es el único heredero de don Fernando Vijande, al que vamos a dejar ahí, como “Chico de la semana”, hasta que nos parezca. ¡Bravo! por don Pepe.

Han pasado muchos años y los listos siguen siendo los mismos. De parecido jaez, vamos. Los tontos, también. Y los mediocres, los estafadores y los incultos, unos pocos.

No nos vamos a hacer mala sangre, ni mucho menos. Celebramos, siempre, lo que hay que celebrar y, además, brindamos por ello.

P.S. La señora de Foster (de soltera doña Elena Ochoa), que se me olvidaba, también abre su espacio multimedia (horrible palabra) para su Ivorypress. Y también lo celebramos: esta noche estamos imposibles.

domingo, 18 de enero de 2009

POR LO VISTO NO HAY CAMINO


En un brillante artículo de Ángel Antonio Rodríguez en el ABCD de ayer dedicado a la exposición There is no road del Laboral de Gijón leo, estupefacto, que el comisario, Steve Bode, toma el título del poema de Machado, “que figura en todo momento en inglés”, según el señor Bode “con el fin de reflejar ese pequeño distanciamiento que siempre acompaña a la traducción y el propósito de conjurar los peligros que entraña el exceso de familiaridad”.

¡Madre mía! Para colmo la exposición se subtitula, claro está, The road is made by walking. O sea que la traducción del verso de don Antonio, tan literal que casi asusta, nos debe de proporcionar un distanciamiento y una levedad que no nos permita estremecernos debido a la familiaridad, tan peligrosa, que encierra sabérselos supongo que de memoria, como la mayoría de los estúpidos que todavía leemos a Machado de vez en cuando.

Pues que se vaya a la porra el señor Bode, que la próxima vez eche mano de Kerouac o cite cualquier diálogo de Easy Rider y así no tendrá que congratularse de los distanciamientos ni que lamentar los excesos de familiaridad.

¡Será!

lunes, 12 de enero de 2009

SANTIAGO SIERRA (DE NUEVO EN ENERO)


Desde el pasado día 1 de enero está en marcha el proyecto Contador de muerte, de Santigo Sierra, instalado en un edificio de la City londinense. Se trata de un contador LED que computa el número de muertes ocurridas en todo el mundo durante este año. La obra funciona como un intercambio por una póliza de 150.000 euros pagadera en el caso de fallecimiento del artista durante el tiempo de exhibición.

Hay una versión on line en la web del artista: http://www.santiago-sierra.com/200901_1024.php

La ilustración corresponde a la fotografía en b./n. 8-Foot Line Tatooed on Six Remunerated People, de 1999.