
Nunca fui boy scout y tampoco aficionado al excursionismo. El
plein air que a duras penas me imponían mis padres solía empezar a las nueve de la mañana y terminar a las dos de la tarde de los domingos infantiles con poca convicción por mi parte pero sin ninguna queja. Pero admiro a los excursionistas con complejos, como
Perejaume, y a los que no los tienen (o eso nos parece) como
Hamish Fulton.
El otro día nos quedamos con un pié en el estribo de la exposición
La Imatge de l’Animal y con su catálogo. Hemos repasado el catálogo, de pies a cabeza, hemos leído (o vuelto a leer, no lo sé bien) casi todos los textos pero sobre todo el profesoral de don
Julio Caro Baroja, tan entretenido y tan entendedor, el magnífico, sorprendente y brillantísimo de
Joan Perucho,
Breu fabulari d’animals marins (
Breve fabulario de animales marinos), del que ya hablaremos más extensamente en otra ocasión y también, y especialmente, el de
Juan Muñoz,
Els primers/Els darrers (
Los primeros/Los últimos) traducido al catalán porque es el idioma del catálogo que manejamos.
Hacía un rato que nos habíamos atrevido, algo atragantados de antemano, con el artículo que
Babelia le
publicó el sábado a Perejaume,
Luz y estiércol, dentro de un monográfico bastante aceptable titulado
Viaje a la cultura catalana y editado con motivo de la presencia de la edición catalana en la Feria del Libro de Frankfurt.
No hace mucha falta leer el texto que parece que acompaña la intervención de Perejaume en la Feria, un vídeo con la imagen de una bandera ondeante con la leyenda “Paraula” (“Palabra”) impresa proyectado en una pantalla de 5x7 metros, que también parece que apadrine, mezquina y brossianamente el aterrizaje catalán pero que seguramente no pretende nada (decimos “mezquino” por el apropiacionismo feroz de Perejeume y “brossiano”, claro está, porque no se trata ni de un homenaje a
Brossa).
La cuestión es que no pudimos menos que comparar los dos textos, el de Juan Muñoz, brillante, enjuto, tenso y lleno de ideas, lleno de ideas para contar, y el del de Sant Pol de Mar, banal desde el título, apagado desde el primer párrafo, fatuo desde el segundo, desmadejado, blando y sin ninguna idea. Y desde luego sin ninguna idea para contar. La mejor frase, destacada en negrita, reza que “el barroco catalán no es un barroco emergente, sino un barroco sumergido”. ¡Toma ya!. Y luego se atreve a pasar revista al arte catalán desde
La Masía de
Miró hasta los “brutales grafismos” (sic) de
Tàpies, a comparar las lámparas del arquitecto
Jujol (preciosas, de todas formas) con "la guitarra cubista" de
Picasso (¿qué guitarra, cual de ellas?) o a hacer una auténtica ensalada con
Josep Carner,
Joaquim Mir y
Joan Amades.
Juan Muñoz, uno de los diez artistas españoles más interesantes del último siglo XX, habló de los pintores de 1984 con rapidez pero con precisión, con sentido común y con desparpajo. No puedo entender, de verdad que no puedo entender que veintitrés años después en uno de los suplementos de cultura más leídos en español quepa semejante despropósito. Podían haberle dado cualquier otro tema a Perejaume: ¿la historia del excursionismo catalán en la década de los setenta?. Seguramente hubiera puesto una pica en el Montseny con la palabra “excursió” (“excursión”) ondeando en un gallardete. Madonna!
N.B.: La ilustración corresponde al bellísimo cuadro de
Víctor Mira titulado
Impropmptu, óleo s./tela. 50x40 cm., 1988. El copyright pertenece a la Zellermayer Gallery, de Berlín.