domingo, 14 de octubre de 2007

HERRUMBROSAS LANZAS




Antonio Murado es un pintor (literario) que siempre nos ha gustado. No conozco demasiado bien sus últimas obras pero, al verlas reproducidas, me vuelve ese regusto pastoso y bien elaborado, entre la emotividad y la elegancia, con el que construye sus hermosos cuadros. Antonio Murado es un artista elegante, culto, buen pintor y cuidadoso. A lo mejor demasiado porque los que necesitamos (yo me incluyo, humildemente) un apoyo literario lo solemos (lo suelen) hacer con cuidado. Con cuidado de que no se note, a lo mejor, o con cautela. Pero eso tampoco está tan mal.

Lo que no puedo entender en absoluto (siempre parece que me estoy quejando) es el poema que le dedicó ayer y con un título tan dramático Alberto Ruiz de Samaniego al pintor en su presunta crítica en ABCD. Y digo presunta porque tras esa larguísima loa a la herrumbre y a los cenagales, tras ese requiebro benetiano el crítico, que otras veces ha firmado cosas muy legibles, se hace un lío, una maraña, una helada vaporación, una escena wagneriana, y empieza con Pound y termina con Elliot y, a pesar de que he leído el texto dos veces (¡valor!), no he sido capaz de desenredar el entuerto, de pulir ni las lanzas ni las picas ni las alabardas, ni de adivinar el paisaje, el edificio, el pétalo o la redención.

Lo que de verdad no puedo entender es qué falta le hacen ni Pound ni Elliot a Antonio Murado. ¡Si hubiera sido Leopardi!

5 comentarios:

berrendita dijo...

Querido Manolo: de siempre se dijo que una imagen vale más que mil palabras. Nada más que añadir.
Un besazo.

manuel allue dijo...

Pues sí, Berrendita, lo que pasa es que hay gente que necesita mucha literatura para explicar el mundo. A mí a veces me pasa lo mismo, pero siempre me arrepiento.

sama dijo...

Como es lógico, cuando uno se permite ejercer de comentador de lo que no ha visto ni conoce puede, evidentemente, meter la pata, tal como sucede en su comentario sobre mi reseña de Antonio Murado. A ver si nos enteramos antes de escribir un comentario que destila displicencia y mala intención como el suyo, Sr. Allue. El título de mi artículo "Muerte y transfiguración" procede, obviamente, de una expresión cultural conocida que, además, utiliza Antonio Murado como título de uno de sus cuadros, expuesto en la exposición que comento. Asimismo, le informo de que el poeta Ezra Pound, al que aludo, es citado por el señor Murado en un cuadro de esta misma muestra, en donde, desde el título, se hace referencia al poeta de Rapallo y, específicamente, a su canto IX, que no dudo usted conocerá. Igualmente, la referencia a Wagner, como puede suponer, no es casual. No sólo porque Murado titula una de sus piezas presentes en la muestra "Parsifal", sino porque, conociendo como conozco personalmente al pintor, sé de su interés por la música. Lo que sí inspira mis dudas es su conocimimento de T.S. Eliot, dado que, como muchos otros que escriben y hablan de oídas, ud. lo escribe mal. En fin, le ruego que, por favor, se informe un poco mejor antes de destilar su desprecio y su inquina ante el trabajo de los demás.
Alberto Ruiz de Samaniego

manuel allue dijo...

Sorprendido de su comentario, Sr. Ruiz de Samaniego, y, ¿por qué no?, honrado. Por una parte creía que no me leía nadie, o casi, y por otra es la primera vez desde que empecé a publicar mis pobres textos en este blog que he tenido una respuesta directa de alguien citado, que no aludido, porque alude el que menciona pero también el que insinúa y yo a Usted le he citado. Y bastante textualmente.

Pero no puedo entender que vea Usted “displicencia y mala intención”, “desprecio e inquina” e incluso que me diga que mi texto lo destila. Mi texto no destila nada, señor mío, tiene un profundo, buscado y habitual en mi manera de ser y de decir las cosas, un tono, digo, irónico que creo que no ha sabido entender. Pero allá Usted.

También supone que no conozco la obra de Antonio Murado (lea, por favor, lo que digo de él al comienzo de mi texto, ¿o no es un texto?), me llama, y creo que muy desafortunadamente, “metepatas”, me supone ignorante de la obra de Pound, de la música de Wagner, de ese Eliot con dos eles y yo que sé de qué más.

La ironía es un recurso como otro cualquiera para tratar las cosas. En ningún momento utilizo ni una sola palabra ni una sola frase ni descalificadora ni insultante para con su persona ni para con sus textos. En ninguno. A no ser que lo del “requiebro benetiano” le parezca un insulto. Por eso no entiendo que Usted sí me descalifique y que realmente me insulte y además en un tono que no soporto. Ese “a ver si nos enteramos”, señor mío, es francamente insoportable y, ¿por qué no voy a decírselo?, de muy bajo estilo. Pero Usted verá. Este tipo de cosas no me gustan nada y me hacen sentir felizmente muy lejano de su mundo, que lo supongo (ahora sí que estoy suponiendo) y de su entorno.

De todas formas siento muy sinceramente que le haya molestado mi sentido del humor. Y siento que no me conozca. Estoy convencido que a lo mejor de Eliot y de Pound no podríamos hablar pero puede estar seguro que de Wagner sí. Yo por lo menos. Me disgusta mucho todo esto. Porque mis textos van dirigidos a mis amigos y me da la sensación que, sin comerlo ni beberlo, me he ganado un enemigo. Yo no lo soy suyo ni lo pienso ser.

sama dijo...

No tengo ningún interés en hablar de Wagner con ud, Sr. Allue. Déjeme decirle que yo, simplemente, me limité - con evidente enojo - a puntualizarle las referencias explícitas que en la exposición de Antonio Murado -que ud. demuestra no haber visto- aparecen - incluso en muchos casos en los mismos títulos- respecto a ciertos autores literarios y musicales que yo, evidentemente, no sacaba a colación ni a la ligera ni por ningún afán de "necesitar literatura para explicar el mundo". No salgo de mi asombro cuando, en su respuesta, es ud. quien se hace el ofendido. No sé si será también ironía, pero me limitaré a citarle algunos calificativos que ud. - supongo que en el uso de su sofisticada vena vitriólica- ha mencionado sobre mí en tan sólo dos textos que, además, han aparecido de forma continuada. Tales amables opiniones de su parte son: pobre, maltrecho, descabezado, supuesta crítica. En fin, para qué seguir. Comprenderá que ante tal (mal)trato no puedo sentirme especialmente agradecido a su ironía. Le ruego que, en adelante, y en lo que respecta a mi persona, se abstenga por favor del empleo de tales usos retóricos. Créame que a mí también me resulta todo esto muy penoso, muy triste y muy lamentable. Yo vivía moderadamente feliz sin ud. Espero que el sentimiento sea recíproco. De modo que gracias y adiós.
Alberto Ruiz de Samaniego.