
Son recuerdos de desolación, de neones, de pocos neones, de noche cerrada, de frío como el de hoy pero sobre todo de vacío. El uno es el de una noche de sábado a la salida de Art Cologne (por la puerta equivocada) para ir a parar a una desolación con dos neones, diez camiones vacíos y ningún taxi. Hubo uno, claro está, que nos llevó a cenar pero eso fue después de la desolación.
El otro no lo voy a contar del todo pero es saliendo de uno de los ARCOs de los ochenta hacia la estación de metro de Lago, tremenda y no subway, caminando entre ramas y hojas secas, a lo mejor por un terraplén, porque ahí sí que no había taxis. Ni uno.
Mala noche ésta para recordar todo eso. Esa oscuridad, esa desolación, ese desasosiego. Aunque no tiene nada que ver con mi estado de ánimo: una clienta me acaba de regalar ¡nueve días más! para acabar un trabajo. ¡Premio!.