miércoles, 28 de febrero de 2007

IUXTA CRUCEM LACRIMOSA



En el post anterior fui una vez más víctima de mí mismo. Con algo más que “mes pieds” en dehors (la cabeza fuera de lugar, el insomnio presentido, la fatal conclusión del día) no quería hablar de Larrea ni de Barral ni mucho menos de Vivanco ni de San Juan, en ese revoltillo tan poco gastronómico (y tan gastrológico, por otra parte) en que se me convirtió el envío.

Quería hablar de Berggruen, a eso me puse, que murió en el Hospital Americano de París hace unos días. Y de Rosina Gómez-Baeza, que la han nombrado directora de un centro de arte en Gijón, uno más, de espantoso nombre pero de buenas intenciones. Como va a ocupar los antiguos edificios de la Universidad Laboral, el centro se llamará Laboral, ni más ni menos. Si suelo odiar las evidencias demasiado evidentes, ésta me resulta (es) fea, antipática y ramplona. ¿Por qué no le han puesto, puestos a poner, Centro Girón de Velasco, o Contubernio Solís Ruiz-Ruiz Jiménez, puestos también a recordar?. O, simplemente, “El Hogar del Productor”. Y otro mejor (esto me está saliendo chistoso de más), fantástico: “Educación y Descanso”, que es un lema que siempre me cautivó por lo evidente. Precisamente.

La pobre Rosina (no sé por qué siempre escribimos “la pobre Rosina”) se vuelve a su tierra a educar a los pobres españoles a golpe de vídeo y de mediateca. Heinz Berggruen ha muerto mayor, como es debido, con un currículum de galerista y de coleccionista excepcional y ha dejado algo mucho mejor en Berlín para educar a los pobres europeos a golpe de Picasso, Matisse y creo recordar que un juan gris, pequeño. Pero a Carlos Barral el alcalde de su pueblo de adopción, Calafell, le ha inaugurado hoy en su antigua casa, ahora propiedad municipal, un triste museo de pueblo con unos cuantos cuadros. Que, la verdad, no hacía ninguna falta.

El “Capitán Argüello”, el memorable barco de Barral, yacía no hace mucho en un pretendido centro de restauración ¿naval? del puerto de Tarragona, bastante cerca de mi casa. El pobre Capitán estaba a la intemperie, destrozado. No quise arrancarle ni un pedazo para tener junto a esta pantalla porque los souvenirs necrológicos ya son demasiados. Y porque prefiero mantener intacta, por lo menos, la memoria literaria, cosa que a los cabrones de los alcaldes de pueblo les da hasta asco. Sic transit.

2 comentarios:

Commie dijo...

Yo conocí muy bien el Calafell de Carlos Barral: demasiado bien. Odié al final de mi adolscencia la playa inmensa, con los todillos listados de los colores periquitos, la arena que quemaba los pies. Barral se paseaba con un pre-tanga, alias una braguilla atómica negra, en el lenguaje de Marta y mío. Moreno morenísimo, barba entrecana de media cuarta, la cara arrugada de tantos años de etanol endovenoso, gorrilla marinera un poco hortera. tenía a gala conservar la última vela latina del Mediterráneo y era un personaje entonces excèntrico, al que miraban un poco extrañados los millares de turistas holandeses que habían convertido Calafell playa en un suburbio del Ranstadt Holland, y la mirada ignorante de los de aquí y de más allá del Ebro que ocupaban los apartamentos exhibiendo su reciente poderío económico sin saber quien era. No navegaba muy bien el Capitán Argüello, laq barca pesaba un güevo y había que vararla o flotarla a fuerza de brazos, o con el viejo cabrestante del pósito. Barral se aferraba al Capitán porque quería que quedase en la playa la memoria de los tiempos en que treinta o cuarenta barcas varaban en la playa, frente a les "botigues". Cuando yo le conocí, su casa de dos pisos, una de ellas, se batía inútilmente con la bateria de bloques de ocho pisos que la ordenanza municipal de los setenta impulsó para que se forrasen los cabalers dandole al tocho. ¿Te extraña que esté la barca abandonada en la ciudad más quilla e inmobiliaria de todas las Españas que es fan io es desfán?

manuel allue dijo...

Pues no, commie, la verdad es que no me extraña que El Capitán esté pudriéndose a la sombra de los alcaldes en flor. Nos han robado las playas, nos las han llenado de mierda, han acabado a hachazos con las casas de los pescadores ("les botigues") y lo del Prix Formentor, por ejemplo, les debe sonar a concurso de automovilismo. A esos ediles incultos, feos, mal vestidos y, además, pálidos.