viernes, 7 de septiembre de 2007

LA SOLEDAD DEL CÉSAR




No nos gusta nuestro ministro vocinglero, César Antonio Molina, ni su programa (su programa a medias) ni su aspecto ni sus maneras ni siquiera sus poemas. No nos gusta nada.

Hace pocos días, a raíz de la dimisión y el posterior encontronazo de Molina con Rosa Regás, de la cierta imprudencia de la una pero de la salida de tono y los deleznables gestos del otro, le preguntábamos a un amigo que cómo se podía decir (cómo podía haber escrito El César) que está “insepulto en la pira de los astros” y a la vez ser ministro de cultura.

En la tarde de ayer, entre café con sacarina y botellita de agua mineral, la directora del Reina Sofía, Ana Martínez de Aguilar, presentó su dimisión al César horas antes (hoy mismo) de que en el Consejo de Ministros se empezara a debatir el código de buenas prácticas de los museos y el plan de modernización de las instituciones culturales, plan que afecta sobre todo al Reina Sofía y a la Biblioteca Nacional. El primero se trata de un documento orientativo ya aprobado en diciembre de 2006 y el segundo se encuentra en proceso de redacción, si no nos engañan los periodistas, que a lo mejor sí.

Las granadas de mano, una vez se les quita la espoleta, estallan. Tardan un poco (eso he visto en las películas) pero no tanto. A ese César probablemente no hay que darle nada. Ni un minuto. Porque le estallan sus cargos en sus propias manos. Lo peor es que no se le pueda dar, ya, credibilidad. Flaco favor a la izquierda ilustrada para regocijo de esos necios que siguen confundiendo valor y precio.

miércoles, 29 de agosto de 2007

L'ABANDON



Abandonado te tengo, Sebastián. Procuraré enmendarme.

martes, 7 de agosto de 2007

TOTUS PULCHRUS, JUAN MANUEL



Hay vicios irreprimibles que solemos convertir en costumbre más que nada para dulcificarlos, para hacerlos más llevaderos y, sobre todo, para disimular. Vicios hasta cierto punto condenables, casi siempre criticables pero con un cierto tufo a propósito de enmienda cada vez que hablamos de ello. Tufillo.

Leer los artículos de Juan Manuel de Prada sería uno de ellos. Y me atrevo a confesarlo porque hace tiempo que quería hablar de él y no tenía excusa suficiente. ¿Juan Manuel o José Manuel?.

En fin. El escritor, hijo de una hermosa ciudad que parece que no se atreva a llamar por su nombre, Zamora, y que la enmascara, siempre, con un requiebro semicultural y bastante pacato como “la Ciudad levítica”, algo bíblico de más, suele presumir de descreído. Que es algo que ya no suele estar de moda cuando reforzar e incluso defender las convicciones es algo más que un deber. Un deber de escritor. El escritor descreído (¿José Manuel o Juan Manuel?) publica habitualmente en ABC unos artículos algo confusos que no se suelen entender hasta el segundo párrafo, incluso un poco más lejos. Y se gasta un castellano amadrileñado que baraja (y confunde) a Ramón Gómez de la Serna con César González Ruano y seguro que les llama, familiarmente, “Ramón” y “Ruano”, como si todavía estuvieran tomando café en el Gijón mientras garabateaban un artículo en unas cuartillas de la casa después de haber pedido “el recado de escribir”. Y como si él mismo, el escritor descreído, estuviera en la mesa de al lado.

Juan Manuel o José Manuel se suele hacer un lío, sobre todo los sábados, que es cuando le leemos. La semana pasada volvió a presumir de descreído y se largó con una perorata inimaginable en ABC (¿pero qué está pasando en ABC?) contra los museos, ni más ni menos, y al principio nos asustamos. Sobre todo cuando todo el mundo ha decidido que el museo es el templo moderno y no cabe discusión. Ni falta.

Resulta que José-Juan Manuel cree que los museos son “el producto rencoroso de una época en la que el arte perdió su razón de ser” y lo dice así, de repente, y aplaude a los surrealistas que confunde infantilmente con los futuristas cuando querían quemar los museos pero que duda (aunque no lo diga) ¡si era con “los visitantes” dentro!.

Todo esto porque seguramente ha pasado sus vacaciones en Florencia, o ha ido a dar una conferencia o a presidir un tribunal, y se ha quedado horrorizado con los turistas que hacen cola ante los museos mientras él, “el viajero”, se solaza en la capella Brancacci con los frescos de Masaccio y parece que en solitario. ¿Cuántos turistas o viajeros visitan la capella Brancacci desde el día de San Pedro hasta el día de Santa Rosa de Lima, a la sazón el 30 de agosto?. Seguramente sólo la visitan escritores españoles “de gira” y con la conciencia bien limpia por haberse permitido denostar a los museos, los otros, en un gesto tan pasado de moda que hasta da un poco de vergüenza.

Da igual. Los escritores españoles que cobran por sus artículos suelen tener poco sentido del humor. Y, en cambio, una especie de sentido del deber cultural que parece que sólo venga a cuento en España (los franceses son caso aparte). A Florencia, pues, sin mochila, con las miras bien altas (o bien bajas, según se mire) y el complejo de turista guardado bajo siete llaves en el Banco Zaragozano (o en el que te quede más cerca de casa).

miércoles, 1 de agosto de 2007

AGOSTADO



Odio especialmente la sensación de vacaciones con olor a frito, a pólvora y a sudor. Y no sólo la sensación sino la realidad del frito de calamares, de la pólvora de las fiestas en honor a la Santa Patrona y del sudor exhibido e incluso ostentado.

El reverso de ese odio no son unas vieiras inodoras napadas con una salsa mínima de algas iziqui y puerros hechos trizas ni el silencio de una parador nacional ni el aire acondicionado a veinticuatro grados. Ni mucho menos. La contraportada de mi diario veraniego la suelo firmar en solitario (estoy empezando a contar demasiadas cosas de mí mismo), en una ruta a contrapelo y recalando en cualquiera de los museos casi solitarios de los que sigo enamorado.

Tengo suerte. No hago nunca planes para mi tiempo libre (si es que alguna vez lo tengo) y me dejo llevar en brazos de compañías añejas de autobuses, la Hispano Igualadina, la Estellesa, Alsa (ya más moderna) y procuro pasar poco calor cuando me paro o, por lo menos, un calor antiguo. Agostado.

Y mientras Nicolas sigue en La Pedrera (y no va casi nadie a verlo), Hogarth en Caixa Forum, el pobre Vincent donde la baronesa y alguna barbaridad más desparramada más o menos por el litoral. No sé si lo contaremos cuando lo hayamos visto. A veces me da la sensación de que todo esto no sirve para nada. Ni para mí mismo. Pero me engaño y me subo en un autobús (yo no conduzco) y me planto donde sea para sentarme a la sombra de los museos en flor, que tampoco está tan mal.

lunes, 16 de julio de 2007

ALMADÉN DEL AZOGUE



Estaba esperando ayer, a la sombra de la muralla romana, a que me vinieran a recoger para ir a comer. Dominical gazpacho, festiva paella, calor del bueno aunque al final el calor fue casi lo mismo pero el gazpacho salmorejo. En fin.

Se me acercó un señor bajito, impoluto, camisa azul purísima de algodón, algo tiesa, pantalón navy blue y mocasines impecables. Negros.

El impoluto me asesta, oliendo a Agua Brava, repeinado.

-Usted debe de ser de aquí.
-Más o menos.
-¿Sabe de un bar donde tomar una cervecita?
-El de aquí al lado está cerrado. Son colombianos.
-Ya se sabe, en domingo…
-Pero tiene Usted otro a la vuelta.

Y no se inmutó, se pasó la mano por el pelo, escaso, y puso cara de chófer de autocar.

-Verá, es que soy chófer. Y falta mucho rato hasta que vuelvan los clientes.

“Clientes”, pensé, cómo cambian las cosas. Prefería cuando éramos viajeros, los sufridos y felices usuarios de autocar. Aunque usuarios eran más bien los de autobús, de línea, y por la denominación y los tiempos que corrían, con pocos derechos. Los justos.

-Pues vaya calor, continuó el chófer impoluto.
-Pues sí.
-Pero para calor el que hace en Extremadura.
-¿Qué me va Usted a decir?. Yo soy de origen extremeño.
-¿De qué parte?.
-De Mérida, provincia de Badajoz.
-Pues yo, no sé si Usted lo conoce… Soy de Almadén del Azogue, donde las minas de mercurio.

Y alzó el mentón. Y se le dibujó una sonrisa y lo revistió, en seguida, un aura de orgullo que le hizo relucir como el sol, perruno, contra los sillares romanos.

Si lo hubiera conocido Sandy Calder hubiera construido no una fuente sino un manantial de mercurio, en su honor y en el de todos los mineros de Almadén orgullosos de su origen y de su azogue.

viernes, 13 de julio de 2007

CARMEN & GEOFFREY



Carmen de Lavallade
y Geoffrey Holder en una escena de la reposición del musical en dos actos House of Flowers, con música de Harold Arlen y letras y guión de Truman Capote, basado en su novela homónima, estrenado en 1968 en el Theater de Lys (Off-Broadway) sin demasiado éxito.

Copyright de la fotografía: Werner J. Khun. Museum of the City of New York.

jueves, 12 de julio de 2007

BRIGITTE ET JEANNE



De deux choses l'une
Deux jambes ou deux yeux
C'est toujours par deux
Qu'on cherche fortune
Mais blondes ou brunes
A Paris font mieux
Une égale deux
Et deux n'en font qu'une


Ah! Les p’tites femmes de Paris. Letra de Jean Claude Carrière y Louis Malle. Música de Georges Deleure. De la película Viva María!, 1965.

domingo, 24 de junio de 2007

EL CORAZON BIENAL, EL ALMA EN VILO



Tremendo el párrafo final de la crítica, buena, directa, implacable de Ángela Molina sobre la Bienal de Venecia de Robert Storr ayer en “El País”:

“Con relación al pabellón español, nada que añada alegría y cordura a esta bienal. El trabajo -pretencioso, trivial- de Alberto Ruiz de Samaniego deja implícito que es necesario revisar el "protocolo" a la hora de escoger el comisario. Sophie Calle, posiblemente la artista más sobrevalorada de esta bienal, no se complicó la vida. Decidió seleccionar al comisario de su exposición en el pabellón francés a través de un anuncio en el periódico. De entre los que respondieron a la convocatoria, optó por el artista Daniel Buren. Una broma. En España lo echamos a suertes. O casi.”

Los subrayados son nuestros.

sábado, 23 de junio de 2007

JESÚS AGUIRRE



Duque de Alba consorte, afirmaba hace muchos años en una entrevista de “El País” (creo recordar), que cuando se levantaba de la siesta, en Liria o en el palacio de las Dueñas, se tomaba siempre un whiskie con zumo de naranja. Desde entonces le hemos imitado por tratarse de una costumbre higiénica, para hacer caso a un eclesiástico, cosa siempre recomendable en cuestiones mundanas y espirituales a la vez, y por aquello de que las pautas que marca la nobleza cultivada o las sigues hasta el fin de tus días o te olvidas de que las conoces.

La anterior noticia sobre Velázquez, Sevilla y Santa Rufina no afecta más que de soslayo a la Casa de Alba. Más o menos. Pero no ha estado mal seguir con la costumbre y, de paso, recordar.

UNA DUQUESA DE SEVILLA LO RECLAMA



Hay noticias que dan vergüenza, mucha vergüenza. Quizás porque están redactadas para eso, para fastidiar al pobre lector recién amanecido de la siesta, recién atardecido, y obligarle a ponerse al teclado. Maledetto sia l’aspetto / che m’arde, tristo me.

Alberto García Reyes ha sido el encargado de amenizar nuestro duermevela con una crónica publicada en la edición de ABC de hoy sobre la presentación del cuadro llamado Santa Rufina, atribuido a Diego Velázquez, en el Ayuntamiento de Sevilla y por gentileza de Sotheby’s, la casa de subastas encargada de su venta pública el 4 de julio.

La asociación Velázquez por Sevilla (que no entendemos por qué no se llama "Sevilla por Velázquez"), cuya presidencia de honor ostenta la duquesa de Alba, aboga, junto al alcalde y parte del Consistorio, por la compra del cuadro para formar parte, buque, insignia o, quizás, acorazado, del Museo de Bellas Arte sevillano. “Líder” de la sala del museo dedicada a Velázquez, ha dicho textualmente el señor alcalde, usando un término tan moderno.

Los problemas, graves, están en la autoría, presunta, confirmada, desmentida, vuelta a confirmar y desmentir, que envuelven al lienzo en esa peligrosa maraña que poco tiene de histórica y mucho de pretendidamente sentimental. Jonathan Brown, uno de los máximos especialistas internacionales de Velázquez y profesor del Institute of Fine Arts de Nueva York, la niega. Benito Navarrete, de la Universidad de Alcalá, la defiende. Y el señor alcalde se presenta en la Sala de Plenos con la pobre Cayetana Fitz-James cogida del brazo, vestida de antepasado suyo (de antepasada) y con un bolso de macramé. El cuadro, ligeramente inclinado sobre un caballete revestido con un damasco carmesí no demuestra nada en sí, ni falta que le hace, ni al cuadro, triste y precioso, ni, si se me apura, a la ciudad de Sevilla.

Pero el cronista se empeña: “Un sevillano lo pintó, una santa sevillana lo protagoniza y una duquesa sevillana lo reclama”. En esa especie de capilla ardiente que Sotheby’s, el alcalde Sánchez Monteseirín y la asociación de nombre inverso le han montado al cuadro de la Santa no van a faltar ni elogios ni silencios, como se merecen los actos funerarios. Y a lo mejor algún sevillano devoto, confuso y admirador de la causa le da “la cabezá” .

viernes, 15 de junio de 2007

NICOLAS



¡Atención, navegantes curiosos e impenitentes! La sala de exposiciones de Caixa Catalunya en La Pedrera del Paseo de Gracia expondrá desde el próximo día 19 y hasta el 24 de septiembre, festividad de la Santa Patrona, casi sesenta obras de uno de los pintores más inteligentes del siglo XX, Nicolas de Staël. Comisariada por Jean-Louis Prat, ex director de la Fondacion Maeght de Saint Paul de Vence, la muestra nos va a devolver todo su drama, todo su color (esos azules casi grises, el bermellón empastado a las bravas, el ocre amarillo porque sí) y sobre todo esa limpieza que algún desaprensivo ha tachado de decorativa. ¡Si Nicolas sacó sus colores del cuadro!

Viajad, viajad, hasta el mausoleo de Gaudí.

miércoles, 13 de junio de 2007

IGNASI ABALLÍ, EL COLMO DEL ABURRIMIENTO



Pues como buscar es el oficio añadido (el segundo oficio) de los blogueros, hemos buscado para no aburrirnos tanto. Y hemos encontrado una perla citada que volvemos a citar.

Ignasi Aballí ha sido seleccionado para la actual Bienal de Venecia por su comisario Robert Storr para el pabellón del Arsenale, y como artista internacional, junto a Miquel Barceló que representa ni más ni menos que ¡a África!. Nos lo podíamos pasar estupendamente hablando de eso pero preferimos ponernos pesados y entonces hemos buscado textos del primero, de Aballí, porque ya es sabido que por sus textos los conoceréis. La perla la recogió Mariano Navarro en diciembre de 2004, o sea que no hace tanto, en la absolutamente recomendable página de José Luis Brea, SalonKritik, que ya nos ha hecho algún caso.

El artista declaraba, textualmente: “La representación del tiempo y su huella, la manipulación del rastro que éste va dejando sobre todo lo que nos rodea, la simulación del envejecimiento, la inseparable relación entre realidad y apariencia; la posibilidad de modelar el tiempo entendiéndolo como algo corpóreo, y la reconsideración de términos como pasado y futuro, son algunas constantes a partir de las cuales he desarrollado determinados trabajos.”

Semejante cúmulo de lugares comunes, de problemas esenciales de la historia no ya de la pintura sino de las humanidades, por decir algo, el baudrillardismo sin sentido (¡cuánto daño ha hecho la palabra, que no ya el concepto, de simulacro!), la boutade tremenda de “modelar el tiempo” (supongo que de intentarlo) y, para qué insistir, la preocupación, a barullo, por el carpe diem que seguramente confunde con el beatus ille, nos ha producido más regocijo que cualquier fragmento de Donna Leon.

No le hemos seguido mucho la pista a Aballí, la verdad sea dicha, pero aún así nos lo solemos encontrar a menudo. La última vez aparecía medio escondido en el stand de la galería Estrany-de la Mota en la pasada feria Swab, de la que ya hablamos en su día. En una de las paredes del minúsculo espacio, y a lo mejor en una pared importante para los galeristas, colgaron unos papelitos con unos extraños signos (nos parece recordar) ejecutados con tinta (tinta-tinta) y tippex. Ni más ni menos. Como en los cuadros del MACBA pero más a lo loco. No sabemos lo que sería capaz de hacer Aballí con un ordenador. O a lo mejor sí. Porque, a tenor de sus preocupaciones temporales se vería obligado, como en el socorrido chiste de Lepe, a tachar nuestra crítica con tippex directamente en la pantalla. (Y mientras, Miquel Barceló poniéndose perdido de barro en las orillas del Níger).

domingo, 10 de junio de 2007

EL TECKEL DEL PINTOR FRANCES




Nos gustan los artistas que manipulan, que se afanan por poseer, por dominar, por mostrar con rotundidad desde sus logros hasta sus dudas, por enseñar desde sus conquistas hasta sus errores, sin ese pudor casi religioso que nos obliga a ser cronistas sin más, ¿por miedo?.

De Pablo Picasso se han dicho muchas cosas y algunas de ellas sin pudor de ninguna clase, ni religioso ni laico. Ayer compramos la edición española de Picasso & Lump, recién aparecida en las librerías casi un año más tarde que la edición inglesa. La historia de David Douglas Duncan, el fotógrafo eterno de Picasso, y su perro Lump aparece escrita y fotografiada espléndidamente por el americano en una especie de diario de a bordo, a veces secuenciado, de la llegada de ambos, fotógrafo y teckel, a La Californie desde Roma a lomos (y a bordo) del fantástico Mercedes 300 SL “Gullwing” (“Alas de gaviota”). Lump se enamoró en seguida de los jardines de la villa de Picasso y Jacqueline, se hizo amigo de Yan, el boxer, de la cabra Esmeralda y de la escultura de Esmeralda. Picasso se encariñó, Jacqueline se encariñó, Claude le mecía en su regazo, Paloma le miraba de reojo y de un salto y casi de un solo trazo pasó a tumbarse delante de la infanta Margarita en el primer cuadro de la serie de Las Meninas.

Lump sobrevivió a Picasso por unos días. Extranjeros ambos, al bávaro y al malagueño se les fue poniendo, secuencia tras secuencia y víctimas indoloras de la Leica de D.D.D., cara de franceses: ¡eran franceses!.

miércoles, 6 de junio de 2007

STRAWBERRY FIELDS FOREVER



La semana pasada estuvimos mareando de lo lindo a nuestros escasos lectores, en nuestro escondrijo culinario, con el aniversario de Sargent Pepper’s, víctimas, como solemos ser, de esos arrebatos de nostalgia que nos proporciona el atardecer (y más o menos dulcemente) y esclavos de una memoria que para qué vamos a renunciar a ella si es nuestra y además podemos compartirla.

John Lennon, Paul McCartney y Brian Epstein fueron fabricando durante todos los años 60 del pasado siglo un fragmento e incluso una tendencia de ese Pop del que luego se han dicho tantas tonterías, del que se ha escrito bastante pero revuelto y del que todavía hace falta una análisis completo que englobe música, literatura, artes plásticas, artes decorativas y moda, que no se aloje en las páginas de “cultura y espectáculos”, que se enhebre con la política y el pensamiento del momento y que se considere, en fin, un corpus que ha continuado arrastrando neos, que ha creado epígonos, contrarios, sucedáneos y malabarismos varios hasta hoy.

Estamos hablando del Pop de los años sesenta, del Pop estricto, fundacional (más o menos fundacional), rompedor y hasta cataclísmico. Strawberry fields o las primeras fotos serigrafiadas de Warhol son ese Pop. Y Oldenburg y sus hamburguesas de porex (aunque no les guste a muchos) y Dosis de Borroughs (tan penosamente traducido), tanto como las portadas de Vogue o de Harper’s Bazaar o las fotos de Salut les Copains o la tienda Biba de Abingdon Road. Que despojaron, o lo intentaron, al universo negro de los rockers, los expresionistas abstractos o a la nouvelle vague de esa oscuridad, precisamente, les añadieron color de repente, y lentejuelas y sexo explícito y ese nuevo aspecto que empezó con À bout de souffle y acabó con Let it be, entre octubre de 1959 y mayo de 1970, que no se trata de dos casualidades, precisamente, sino de una película instauradora y de un disco epilogar.

No nos criamos en esos campos de fresas porque todavía éramos pequeñitos, porque en nuestro país las cosas todavía tenían colores rancios y como deslavados, porque los niños leíamos a escondidas El amante de Lady Chaterley (really!) y nuestro mito pop podían ser el espantoso Daniel Vindel, de Cesta y Puntos, o los tremendos muñecos de Herta Frankel. Porque los niños (nosotros no, lo juro) todavía hacían la comunión vestidos de guardiacivil (y ellas de Scarlett O’Hara), los papás se dejaban el bigote a lo Alberto Closas y las mamás soñaban con ser María Luisa Merlo. Por lo menos.

Nuestros campos no eran de rosas, desde luego, pero tampoco de espinos. Pero hubo mucho que desbrozar antes de que nos diéramos cuenta de que el mundo no terminaba ni en Hendaya ni en Gibraltar y de que el Pop había ocupado durante casi diez años un anaquel en nuestras pobres cabecitas. Que hay que ordenar (y me lo propongo a partir de hoy mismo) y darle el rigor que se merece. Entre Hendaya y Gibraltar.

miércoles, 30 de mayo de 2007

+ PINTURA



A punto de inaugurarse la feria Loop en el hotel Catalonia Ramblas de Barcelona y cuando el festival en museos y galerías ya hace días que está en marcha, en pleno bucle videográfico, videaoartístico e incluso videodecorativo, nos vuelven a aparecer los cuadros de los que todavía no hemos hablado y que siguen colgados, impávidos, en su impoluta sala. Nos apetece, pues, rizar el rizo (to loop the loop).

Los cuadros de Wilhelm Sasnal llevan colgados desde hace tiempo y hasta el día doce de junio en la llamada sala Montcada de Caixaforum. Un nombre evocador, si cabe. En la sala antigua de la calle Montcada, la original, vimos hace trescientosmil años las primeras postales de Perejaume, aparatosamente colocadas en un expositor (un expositor de postales, giratorio), y conocimos a Perejaume y creo recordar que poco más. Aunque en ese espacio fuimos viendo cosas estupendas, cosas que luego ha habido que recordar y con algunas presencias, esporádicas, más que prometedoras y, ya entonces, espectaculares.

Pero el espacio de Caixaforum sigue siendo complicado. Hay que subir dos pisos o coger un ascensor para acceder a una sala tímida, oficinil, iluminada no se sabe cómo y de una frialdad que espanta: por lo pequeña, que no recóndita, por lo evidente, que no limpia. Aunque a lo mejor no es tan importante.

Ahí estaban los cuadros de Sasnal, la gran esperanza blanca de la nueva pintura polaca. Habíamos visto, reproducidos, alguna foto intervenida y algún cómic, todos estupendos, sobre todo alguna de las fotos. Pero hasta el otro día no nos enfrentamos (que es una manera de hablar) con los cuadros. En un silencio casi burocrático y con una guardesa uniformada que no pestañeaba, difícilmente aupada en un taburete negro un poco burdelesco (el taburete, no la actitud). Los cuadros nos gustaron, con un discurso que la comisaria del ciclo “Escenarios” al que pertenece la exposición, Silvia Sauquet, se empeña en que sea narrativo (no lo es) y ambiguo (eso habría que verlo). El discurso, que lo hay, es mucho más fotográfico, de “instantánea”, que narrativo. Y en absoluto literario. Incluso el cuadro está “poco pintado”, casi sin materia, y encuadrado pero recortado. La mayor parte de las veces. Y la ambigüedad y el tema “boy scout” pues está como de soslayo. Y no es importante. Se trataría de una serie, que no sabemos si es más amplia, de “instantáneas vividas” o algo así. Con pantalón corto pero nada más.

La cuestión es que el pintor, sin sorprendernos en absoluto, no mostró un lado amable de su vida pero tampoco el lado desgarrado ni mucho menos el “dark side”. Pintó porque le gusta, y eso se ve, y no porque sabe hacerlo, que también. La no-amabilidad está en la función, precisamente en la no-función del cuadro. Aunque Saatchi lo tenga (o lo tuviera) colgado sobre la chimenea, que seguramente que no, no funcionaría nunca. Se trata de páginas de un cuaderno aunque sean cuadros acabados y no apuntes. Cuadros para ver en serie, para recordar, pautas, vamos.

Más (+) pintura en tiempos de ira (desatada), de avaricia (sin contención) y de lujuria, poca y mal administrada.

martes, 22 de mayo de 2007

EL JUEGO DE LOS CABALLOS



Fernando Savater publicó en 1984 un hermoso libro titulado así, bella y cuidadosamente editado por El Observatorio Ediciones y dentro de su colección “La buenas lecturas”, así, entre comillas. Se trataba del primer volumen de esa colección a los que siguieron una novela corta de Fernando Díaz Plaja, un texto que nunca he logrado ver del meteorólogo Manuel Toharia, Meteorología popular, y otros textos sueltos, por decir algo, de Fernando Sánchez Dragó que parece ser que es quien inspiraba, apadrinaba o mantenía, y no sé si por ese orden, la colección.

El libro es bonito, con una tipografía muy pulcra, unas ilustraciones preciosas de José Hernández y Juan Carlos Savater y algunas fotografías en blanco y negro, peores, sobre derbys y carreras y paseos de los purasangres con las riendas tomadas por sus dueños y los jockeys sonriendo.

El autor dedica el libro, amorosamente, a su hermano José Antonio, “inmejorable compañero en todos los hipódromos”, y a su hijo Amador. Relata cordiales anécdotas, aristocráticos encuentros, saludos sociales, carreras memorables y, sobre todo, transpira muy elegante y cultamente, el amor por los caballos de carreras, por su culto, por su uso y su disfrute: como “una obra de arte”, como “un poema”.

El libro me lo regalaron Juan Cruz, el pintor, y su mujer Teresa un día de San Juan de 1994, en Vinaroz, tras una feroz y espléndida corrida de toros donde Enrique Ponce puso la plaza patas arriba, salió a hombros tras el sexto toro (el quinto fue excepcional), y mientras tanto merendamos una empanada de berberechos memorable y creo recordar que otra de bonito. Y vino de la zona, áspero y calentorro pero animador.

Esta tarde (o ayer) Fernando Savater se debe de haber olvidado de los caballos, de los “hipódromos mágicos”, de las bellas ediciones y hasta de James Joyce (“a dark horse riderless, bolth like a phantom past the winningspot…”). Ha vuelto a jugar con los pobres electores, que ya bastante teníamos encima. Y, además, para darle la razón a Eduardo Zaplana. Que hace falta tenerlas mal, pero que muy mal puestas. Las banderillas, las bridas o salva sea la parte.

jueves, 17 de mayo de 2007

LA NOCHE DE LOS MUSEOS (OSCURA, CON ANSIAS, EN AMORES INFLAMADA)



El padre José Vicente de la Eucaristía, O.C.D., afirmaba en su Introducción a las Obras Completas de San Juan de la Cruz (Roma, 1957) que el Santo basaba sus poemas, cartas y otros “billetes espirituales” en la práctica vivida, el magisterio oral y el magisterio escrito. La noche del próximo sábado día 19 se celebra en Europa, que nosotros sepamos, la llamada Noche de los Museos, una invención francesa que se hace coincidir, un día después y en sábado, con el Día de los Museos que se celebra mañana, día 18.

La nocturnidad siempre ha parecido alevosa, promiscua y mala compañera del discurso cultural. No como la poesía que parece que suele alcanzar sus más altas cotas por lo menos entre dos luces. Al arte antiguo, al no tanto y al contemporáneo parece que ahora le viene bien esa alevosía y esa cierta promiscuidad que los programadores culturales nos van a ofrecer durante unas cuantas horas y al ritmo de este calor recién estrenado. De noche es mentira que todos los gatos sean pardos como también lo es que haya que tener más cautela, por lo menos, que un carmelita. Las noches, se ha dicho, son propicias a la confidencia, al discurso lento, a la meditación. Pero también al desenfreno. Son propias para desatar pasiones o, por lo menos, para darles rienda suelta. Aunque sea un poco.

Hace un rato, cuando se me ocurrió el título de este post (tan fácil, tan recurrente) estaba tentado de hacer una especie de listado, que no de ranking, de museos amados y de museos odiados, de museos oscuros, de los ansiados e incluso de los inflamados por causa del amor (¿o soy yo el inflamado?), que resulta que sólo hay uno. Pero no. Lo de los listados, las etiquetas y todas esas aficiones bilbliotecomaníacas ya hace tiempo de las que me he curado. Supongo que por fortuna. Ahora no nos queda más que la memoria remota aderezada con la ironía (una pizca) y a lo mejor con la maledicencia (un suspiro) y este afán algo desmedido de más de escribir sobre lo que nos rodea: porque nos gusta el atardecer, que es cuando mejor se está, y porque nos sigue poniendo nerviosos según qué.

Pues según qué, el sábado nos vamos a acercar al MACBA, como si fuera en oración (“a oscuras y en celada”) porque todavía hay mucha gente que anda criticando al museo, a su proyecto, a su colección, a su dirección, a sus patronos, a sus exposiciones temporales y hasta a la azafatas o los lavabos. Hace años, bastantes ya, estuvo de moda en España criticar abiertamente al MACBA y, sobre todo, a Manuel Borja-Villel. Incluso en Barcelona. Con ese discurso patán y desinformado de que se trataba de un bello contenedor para un inexistente contenido, han tenido que pasar años para que el público, el milieu y sobre todo la crítica reconozcan que hay un proyecto muy serio, de los más serios de la Península (España y Portugal), una buena colección, mejorable, claro está, pero buena (y nada “incipiente”) y unas exposiciones temporales con peso. Y medida. Borja-Villel hace caso a los patronos, faltaría más, pero se sigue basando, como San Juan, en “la práctica vivida” y, por lo menos, en “el magisterio escrito”.

Hace unos días y en este mismo sitio criticamos la exposición de Pablo Palazuelo en el MACBA en clave personal. No nos arrepentimos. No nos pareció mal la exposición sino la circunstancia. Pero ese es otro asunto. Con los abstractos siempre tenemos problemas. Los geométricos nos preocupan, los líricos nos abruman (nos edulcoran, nos despistan) y los épicos, los desgarrados, nos dan miedo: pero ni Tàpies ni Millares ni Jordi Teixidor ni Xavier Grau, del que ya parece que no se acuerde nadie.

Al MACBA, pues, a ver atardecer, a intentar establecer un diálogo más o menos carmelita (hoy estoy irreverente) con ese templo y sin tiempo para repartirlo con otras debilidades locales: la Fundació Miró, en la que ya estuvimos el domingo pasado y ya lo conté en otro sitio, el Picasso o el tremendo Museu Tèxtil, la antigua colección Rocamora, en la que nuestra fantástica amiga Serra París tiene sentados sus reales, “también en soledad de amor herido”.

domingo, 13 de mayo de 2007

SWAB



Con menos prevención de la que era de esperar, con una cierta ilusión y con poquísimos prejuicios hemos visitado Swab, la novísima Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Barcelona que hoy cierra sus puertas en las Drassanes Reials, las Atarazanas, mojándose los pies, o casi, en el Mediterráneo interior de ese puerto tan extraño. Swab no es una palabra fácil porque en principio se puede referir a un tampón higiénico o incluso a un frotis (vaginal o no). Pero parece que los tiros no van (no deberían) ir por ahí y el nombre queda ligado simplemente a la limpieza.

Pues eso. Creada por los arquitectos Joaquín y Marina Díaz-Gascón, padre e hija, conocidos coleccionistas y promotores de arte, con la intención de llenar el estrepitoso vacío que tiene Barcelona en el ámbito ferial, se trata, entonces, de una iniciativa privada aunque apoyada, parece que levemente, por las instituciones al uso, Ayuntamiento, Diputación y Generalitat. Parece ser, queremos decir, que las ayudas económicas aún no han llegado o aún no han llegado del todo. La cuestión es que la feria abrió sus puertas el jueves día 10, que dura cuatro días y que se trata de un proyecto bastante ambicioso.

Los medios han señalado con un “pero, ¿dónde está la feria?” la ausencia total de publicidad (ni en la prensa ni por las calles) lo que nos ha obligado a preguntar a los guardias si se entraba por donde el Museo Marítimo. Pues sí. Se entraba por ahí y tras los cien mil carteles con el rostro electoral algo compungido de Xavier Trías (¿qué le preocupa, senyor Trías?) las puertas del Museo aparecían enmarcadas por dos elegantísimas lágrimas de lona con las letras S W A B al bies. Pequeñas pero ahí estaban. En el atrio del Museo nos recibe, espléndida, la réplica del Ictíneo I, el sumergible de Narcís Monturiol, que aparece como una pieza gigantesca del cubano Kcho o quizás sea el sueño de Riera i Aragó. Un sueño para los niños.

Como niños en día de fiesta (lo hemos sido), entramos, pagamos (ni mucho ni poco) y nos facilitaron un plano estricto de las dos plantas. Planta y media. El Ground floor acoge a la mayoría de las 43 galerías, la mayor parte extranjeras, y se compone de un espacio bastante bien diseñado por el arquitecto Fernando Rial que pretende, según hemos leído, que con los paneles de los stands compongan las susodichas letras S W A B, visibles desde la segunda planta. Por más equilibrios que hemos hecho, aún a riesgo de precipitarnos lamentablemente desde la barandilla, no lo hemos conseguido. Ni “S” ni “W” ni nada. Pero de todas formas el arquitecto ha logrado darle un aspecto de solidez aún siendo los stands minúsculos. Nada de moquetas, con los paneles pintados de un gris perla bastante agradable y con los muebles, mesa y sillas, de cartón y “disseny”.

En el espacio de la galería Leo Koenig, de Nueva York, el primero, nos ha sorprendido la obra muy bien construida de David Scher, unos cuadros espectaculares acompañados de un “gabinete de curiosidades” con apuntes, collages, hojas de cuaderno, fotografías y maquetas fechados entre 1977 y 2007. El artista, encantador, nos ha salido al encuentro, se ha presentado y hemos charlado un poco de todo. De él, básicamente. Neoyorquino militante, delicado, fuerte y, sobre todo, inteligente. Y con una obra considerable. En la Whonmaschine, de Berlín, dos óleos sobre cobre de Dimitris Tzamouranis muy bonitos, dos carreteras nocturnas con un deje romántico, entre pintura de gabinete y objeto, muy cuidados. La caseta de la galería Iguapop, de Barcelona, no tenía ningún interés, con una obra muy complicada de Sergio Mora. Leyendecker, al lado, con un espacio bastante grande, tampoco nos ha sorprendido en absoluto. Y bien que los sentimos: unas fotos muy decorativas pero nada más de Peter Klare y sensación de aburrimiento. Lo mismo que Estrany-de la Mota, con unos papeles negros de Francesc Ruiz sin mucho interés, dos fotos algo más bonitas de Douglas Gordon y unos tremendos papelitos de Ignasi Aballí ¡con tinta y tippex!.

La apariencia, en esos dos pasillos, es de que se trata de obra vendible, de pequeño formato, parece ser que asequible, de artistas “emergentes” (horrible palabra), aunque a veces no se sepa bien de qué o de dónde emergen. Huele a pintura, es cierto, a recién pintado. Y no hay, contra lo que podría parecer, ni demasiados artefactos ni “restos de instalaciones” ni nada que se le parezca. Hay óleo y tinta y lápiz. Pero hay poco entusiasmo. Es todo un poco pequeño. Un poco limitado. Y hay muy poco vendido.

Junto a alguna chinoisserie (Gallery 55, Shanghai, Tokio Gallery,…) bastante poco seria nos decepciona el espacio de Pilar Parra y Romero, de Madrid, y mucho, la Vacío 9 de Marta Moriarty y la emprendedora pero desigual ADN barcelonesa que enseña, sin embargo, una foto grande (120x163) y comprable de Concha Pérez, en la línea de “espacios abandonados” pero redonda. Algo de geometría, algo de pop (poco), casi nada de abstracción (ni épica ni lírica) y una trastienda preciosa con obra pequeña, hiperrealista y homenajeadora (Warhol, Velázquez, Rembrandt, ni más ni menos), de Stefan Holler en Anna Klinkhammer, de Dusseldorf.

Pero se obró el milagro. Subimos algo renqueantes a la primera planta, con sólo seis galerías y una especie de club del expositor, y nos esperaba el espléndido stand de M+R Fricke, con galería en Dusseldorf y en Berlín, con la mejor obra de toda la feria, la mejor colgada, la más inteligente, la que justifica el viaje, vamos: dos preciosas telas de David Kippendorff con una Rita Hayworth deshecha en llanto, preciosos de verdad, unos dibujos a lápiz excelentes de Pauline Kraneis, de los que había alguno vendido, figurativos, de interior, soberbios, dos deliciosas esculturas de pared (“recortables”) de Gabriele Basch y siete fotos intervenidas de John Beech, a cada cual mejor. Marion y Roswitha Fricke asistían impávidas a mi entusiasmo y a su escueto lunch de cocacola Zero y pincho de tortilla.

La cita debería repetirse. Hay mucho que hablar y no sé lo que pensarán de la feria ni los Joan Prats ni los Toni Tàpies ni mucho menos los Taché. Es una feria que le pega, y mucho, a Norberto Dotor y a Ferran Cano y a los Siboney y hasta a los My name’s Lolita. Y a los editores un poco avezados. No creo que sea una feria cara. Ni de difícil acceso. Pero lo que más nos ha sorprendido es que no es una feria española, ni mucho menos catalana y, si me apuráis, ni barcelonesa. Es un poco híbrida, todavía. Un poco (bastante) por definir. No coja, porque tiene muy buena pinta y aspecto de sólida. Un buen y bravo aspecto (las azafatas son bilingües de verdad, no huele a frito, no huele a nada, no hace ni frío ni calor y, sobre todo, no hay ruido). Se respira.

En fin, que Narcís Monturiol y ese John Beech del que ando enamorado (hijo de Tony Cragg, por ejemplo, otro de nuestros iconos) le den buena fortuna a la feria porque la merece. ¡Larga vida!.

lunes, 7 de mayo de 2007

JOSÉ PEDRO CROFT



Espléndida la intervención de José Pedro Croft en el lobby de la Fundación Gulbenkian de Lisboa tal como nos informan puntualmente en el blog Comunicación Cultural, realizada como encargo de la institución para celebrar los 50 años del Museo. Croft ha convertido las vitrinas vacías en objeto museable, museístico e incluso museográfico. J. P. Croft sigue siendo un etéreo rotundo (la frase es nuestra) y uno de los mejores escultores del mundo.

sábado, 5 de mayo de 2007

CRITICA DE LA RAZON EQUIVOCADA



Entendemos perfectamente que los críticos de arte se ganen el pan (y el paté o la mermelada) con ciertos esfuerzos dialécticos, que escriban según una línea editorial o que escriban, simplemente, lo que toca. Entendemos muy bien hasta el cansancio. E incluso la torpeza. Pero lo que no podemos entender es el discurso banal de a tanto la holandesa para: 1. Quedar bien con el/la galerista (con la galería, vamos). 2. Reseñar una de las únicas exposiciones madrileñas con reclamo o 3. Hacerlo porque es signo de un modernidad llamémosle acomodada.

A lo que vamos. La exposición de Perejaume en la galería Soledad Lorenzo aparece hoy reseñada, a toda página, en ABCD bajo la firma de Miguel Cereceda y con el título de Un soplo de aire fresco. La exposición viene citada como “Perejaume. Los horizontes y las pinturas” y en la página de la galería leemos “Los horizontes y las cinturas”. Pero seguramente da igual. Pinturas o cinturas el señor Cereceda se pasea, en el primer epígrafe titulado Contemplación interior, por el Mediterráneo, de la mano de Ulises (de vuelta, claro está, a Ítaca), parando un poco en el Fedro de Platón para llegar, de repente, a la Edad Media (“bosques agrestes, escarpadas montañas”), a Petrarca y, ya en una especie de orgía transhistórica, a la Reforma dando un traspiés en las Confesiones de San Agustín. Ni más ni menos.

Todo ello para contarnos, o para pretender hacerlo, que el artista de Sant Pol de Mar, menos famoso que Carme Ruscalleda aunque sea Premio Nacional de Bellas Artes, expone sus fotografías y vídeos creados, construidos y suponemos que pensados “dentro de la tradición paisajística”. Vamos a ver. Ni el artista representa tradición alguna ni es continuidad de una tendencia paisajística ni siquiera remota y hace falta tener algo más que bemoles para afirmar que el de Sant Pol traza sus vídeos y sus fotos “con esas líneas descriptivas, pictóricas y científicas a la vez”. Ni pictóricas, señor mío, ni tan siquiera topográficas. Perejaume se inventó hace muchos años (y lo celebramos por él) un viaje alrededor de sí mismo, mochila en ristre, que le ha llevado a cometer los más insospechados desmanes en una clave paisajística que nunca ha explicado, ni bien ni mal. Si Miquel Barceló sigue entusiasmado con los bodegones, Antón Patiño con la figura y Perejaume con el paisaje, pues qué le vamos a hacer, allá ellos. Pero que se nos quieran presentar como herederos de una tradición secular, que se cite, impunemente, a Platón o a San Agustín, o a Zurbarán o a Tiziano, me parece de un atrevimiento mayúsculo. Porque Perejaume hace un juego inverosímil con las faldas de las montañas y las faldas de las señoras, ambas al viento (¡válgame Dios!), Barceló se embarra hasta lo indecible jugando, todavía, a Picasso en Vallauris y de Antón Patiño no hay mucho que decir.

Los tres ejemplos valen. Seguro que valen. Porque son pintorescos. Pero a la soledad del crítico de fondo hay que darle más madera para combatirla. No hace falta leer más. Ni acudir a San Google para que nos de la fecha exacta de cuando Petrarca asciende al monte Ventoso o Barceló se enamoró de una indígena. Hace falta leer. Y escribir sólo lo que haga falta.

miércoles, 2 de mayo de 2007

L'HOMME DE LA CLEF



¿Qué guarda realmente? ¿Acaba de cerrar? o ¿está a punto de abrir?.

Ilustración de autor desconocido.

miércoles, 25 de abril de 2007

JOAN CARDELLS, VALENCIA, 1948




Hablar de una exposición después de haber leído dos críticas, o casi, pero sin haberla visto no es una práctica recomendable. Pero dudo de que la vayamos a ver, el artista nos gusta desde hace muchos años y además nos apetece, precisamente, meternos con los críticos.

En uno de nuestros anteriores post sobre la Bienal de Valencia nos encomendábamos, piadosamente, a tres artistas que todavía nos tienen robado el corazón. Les pedíamos, a Carmen Calvo, a Manolo Valdés y a Miquel Navarro que nos ahorraran sacrificios, que nos devolvieran a la realidad, que rezaran por nosotros. Pero nos habíamos olvidado de Joan Cardells y de su piezas entre frágiles y rotundas (frágiles y rotundas), leves pero clavadas al suelo, pesadas pero sin que lo parezca (y sin que haga falta que lo sean). Nos gustan los escultores que pesan, claro que sí, que parece que se atenazan al suelo y que ocupan el espacio vacío (y el ocupado) con esa rotundidad que le confieren la piedra, el hierro, el mármol, el acero cortén, el hormigón. Nos gustan, y mucho, Eduardo Chillida, Jannis Kounellis, Manolo Paz y Anish Kapoor, por ejemplo. Pero nos gustan más sus piezas de habitación, sus dibujos, sus obras sobre papel, la ingravidad (palabra que parece que no puede escribirse en castellano) de la pieza “no pesada”.

En fin, que nos gusta sobre todo que los escultores tengan algo que decir y no que cuenten o incluso que hagan chistes o juegos de palabras. La escultura es una cosa muy seria aunque no sea un cosa muy grave. Y es un arte mayor. Y al que no le guste, que le zurzan.

Zurcidas con hilo encerado están algunas de las piezas primeras de Cardells. Y dibujadas espléndidamente. Por eso nos ponen nerviosos las críticas de Óscar Alonso Molina en ABCD sobre la exposición del artista en la galería Pepe Cobo y mucho más la del señor Calvo Serraller en Babelia. De títulos muy poco afortunados, ambas. A estas alturas de la historia del arte (del quieto y del que se mueve) no se puede ir diciendo que la obra está “en permanente tránsito pero sin mutación” como para justificar el cierto aire antológico que le ha dado Pepe Cobo a la cosa o afirmar que los dibujos “se han esponjado” porque son de un formato mayor. El señor Alonso Molina (o Molina a secas, no sabemos) escribe, de todas formas, bastante bien. Pero al princeps C. Serraller le faltan cada vez más ganas, de escribir y parece que de pensar.

Pepe Cobo, que es tan listo como Fernando Vijande, ha vuelto a llevar a Madrid a Cardells. Y en un buen momento. Vijande le montó una exposición preciosa hace muchos años, como a Manolo Paz, y les dio a ambos un pasaporte que creo que no habrán olvidado muchos de los que luego se han ido creyendo que hacían algo por la escultura española aunque hayan llenado sus galerías y sus museos como cacharrerías. Cardells sigue demostrando que lo sabe hacer y que cree en lo que hace. Piezas agarradas al presente y que necesitan poca literatura.

HERMANO FOTOGRAFO



Esplendorosa la serie de fotografías The Architect's Brother de Robert ParkeHarrison que nos recomiendan, siempre tan atentos, desde Libro de Notas.

jueves, 19 de abril de 2007

LASCHIA CH'IO PIANGA



El Día del Libro catalán viene a añadir, si cabe, un poco más de melancolía a esta primavera que no acaba de arrancar. Melancholy, vulnerability era el título que acompañó a cientos de textos que escribí desde Compostela entre 1985 y 1992 cuando un malhadado camión de cien mil ruedas me partió siete costillas, siete, a la sombra del Pico Sacro. De todos esos textos que aún ando reuniendo (dispersos, dispersados), publicados en parte entre la revista Luzes de Galicia, una espléndida publicación, la efímera página de arte de Diario 16 de Galicia, dos revistas madrileñas ya fenecidas pero, sobre todo, en El Correo Gallego de entonces, me quedan las ganas de escribir, desde luego, pero sobre todo el amor a esa vulnerabilidad treintañera que parece que no me ha abandonado. Y que mantengo, alimento y, a lo mejor, consagro (¡sacrílego!) bien traducida al castellano.

Vulnerable, pues, procuro afrontar el 23 de abril no pensando en don Miguel de Cervantes, que ni falta que le hace, pero sí repasando los suplementos de los periódicos con los que ando tirando y en los que me entretengo con sus listas, listados, de los libros recomendados, de los más vendidos pero nunca de los denostados. ¿Por qué?. Pues porque hay que tener contentas a las editoriales aunque no pasen apuros o precisamente por eso.

Una práctica que no me parece ni admirable ni nada. Una práctica, simplemente. Lo que no soporto es que se atrevan a meter en el apartado de “Libro ilustrado”, en el suplemento Culturas de La Vanguardia de ayer, por ejemplo, a cuatro o cinco catálogos de exposiciones institucionales, como si hiciera falta recomendar, un libro de cocina (el de Jamie Oliver, que no es nada, pero nada, del otro mundo), una apología apologética y apologetizadora del Santo Patrón, Sant Jordi, un libro de jardines, otro de mariposas y para de contar. ¿Les ha hecho algo Taschen? ¿Odian Alianza Forma? ¿Se han liado los Monty Python con la Baronesa? ¿O Tintín con Perejaume?

Me recojo en mí mismo, con la ayuda de Cecilia Bartoli (menuda ayuda), para entonar este Lascia ch’io pianga y dejar caer la tarde con un propósito de enmienda. Con dos. No leer nuca más lo que me recomienden y confesarle de una vez a mi psiquiatra que perdí la virginidad (literaria, claro está) el 23 de abril de 1972.

viernes, 13 de abril de 2007

MAS AUN



Todos los poemas son visuales.

MAS MADERA (SOME MORE WOOD)




Fallas 2007.

POEMA VISUAL




Bienal de Valencia.

miércoles, 11 de abril de 2007

LA TIERRA DE LAS FLORES



Hasta hoy, casi quince días después, casi nadie se ha enterado de la inauguración en la capital de la Tierra de las flores, de la luz y del amor de su Bienal, de la mano del inefable Francisco Camps que lo hizo con un gorro de plumas amerindio y acompañado por el Arzobispo, con solideo y capa pluvial. No tienen remedio. Han escamoteado la identidad de todo un pueblo a golpe de consignas facilonas, al borde del Turia de plata / el cielo turquesa, a ritmo de pasodoble y con el peor de los estilos. Han hermanado la Bienal valenciana con la de Sâo Paulo, que ya son ganas de hermanar, y han coronado la guinda del pastel intercultural invitando a ¡Jordania! como país de adorno, de luz y de amor.

Qué hace ahí Andreu Alfaro, nos lo imaginamos. On Kawara estará por casualidad (su obra). Y todos los demás un lío desde Sergio Belinchón hasta ¿Camilla Marc Chaimowicz?, ¿Yayoi Kusama?, ¿Shin Moon?, envueltos en una exposición infumable que se llama, ni más ni menos, Reflexiones de un pez en el mar profundo.

Carmen Calvo, ayúdanos. Estamos emborrachados de orquídeas y de azahar, ahogados entre el Amazonas de cobre y el Turia de plata. Manolo Valdés, échanos un cable. Miquel Navarro, ruega por nosotros. It scares me.

miércoles, 4 de abril de 2007

STAND-BY





Fotografía anónima.

miércoles, 28 de marzo de 2007

HARRY HOUDINI, ESCAPISTA



Hace unos días aparecía la noticia de la petición de exhumación del cadáver, por encargo de sus herederos, del famoso mago y escapista americano Harry Houdini. Muerto prematuramente y tras un diagnóstico cuando menos dudoso, sus descendientes sospechan ahora que una conocida secta religiosa se deshizo de él mediante un envenenamiento. Fatal para Mr. Houdini pero espléndido para la historia negra de ambos siglos. De los anteriores, el XIX y el XX, entre los que vivió, a caballo y frecuentemente encadenado, nuestro héroe.

He de confesar que he descubierto a Houdini hace pocos días pero que ya puedo –podemos- contarnos entre sus múltiples admiradores. Desconozco sus habilidades pero me las temo. El performer conseguía lo mismo que el hombre bala, uno de nuestros fantásticos personajes, pero a la inversa, desde la quietud primera para luego liberarse mágicamente y recibir los aplausos de pie.

Una antigua amiga, performer aficionada y excelente pintora aunque bastante vaga (es así, querida Montse), montó una sesión extraordinaria, sexy, potente, estremecedora, fatal, en unos encuentros que organizaban Rafa Bartolozzi y Bigas Luna en el pueblo de adopción del primero, Vespella de Gaià, del que a la sazón, como suele decirse, era alcalde. Hace de eso unos diez años. O doce, como mucho. Los encuentros coincidían con un concurso de poesía visual que patrocinaba, indiferente y ya bastante mayor, Joan Brossa, y al minúsculo pueblo acudíamos, devotos, unos cuantos artheridos (que no ateridos aunque, a veces), amigos, conocidos, críticos y algún galerista intrépido. Solía venir (ir) un cretino absoluto, luego renombrado galerista, que ahora incluso forma parte de un conocido comité. Lo que son las cosas.

A lo que íbamos. Montse Recasens nos hizo poner los pelos de punta con su desencadenamiento lento, absolutamente sensual, como una danza que desafiaba a la luna (lo hacía) y acababa, semidesnuda, lavándose el cuerpo en una jofaina.

Houdini hacía algo parecido. Se desencadenaba. Mostraba su cuerpo, se lo enseñaba a la luna, seguramente, y no se lavaba en un barreño de cinc con agua del río Gaià pero lanzaba besos esquivos a los atónitos espectadores de Manhattan, y a los de Brooklyn y a los de Queens.

Pasan los años y aquí seguimos, encadenados a la vulgaridad de la tarde y sin armas, ni ocultas ni mágicas ni nada, para deshacernos del entuerto. ¡Pobre Montse, pobre Harry!. Vuestro esfuerzo y vuestra convicción me han puesto a escribir. Aunque siga encadenado.

lunes, 26 de marzo de 2007

BUSCANDO UNA CITA



He pasado casi media hora buscando una cita para titular mi envío: Bernat Metge, Baltasar Gracián (válgame Dios), Josep Pla, tan recurrente, Jaime Gil de Biedma, tan venerado, hasta llegar, en una especie de orgía literaria e inventada, ante las estanterías del pasillo, las peores, donde están Ramiro de Maeztu, don Manuel Azaña y todo el fondo “Guerra Civil”, demasiado extenso, demasiado pesado.

Nada. Ahora estoy pensando en Ángel Ganivet y en María Zambrano, que no tienen nada que ver, afortunadamente, pero que a lo mejor me podían servir. Pero se está haciendo tarde. Y hace días que no voy a ver una exposición seria y hace días, también, que me estoy cansando de los apocalípticos y de los integrados, de sus vecinos y de sus primos.

Ahora oscurece más tarde pero todavía hace frío. Quiero decir que cuando se busca una cita, cuando se busca de verdad y no se rebusca en la memoria (estúpido ejercicio) ni se acude a Borges porque a lo mejor ni a la correspondencia del pobre Truman que me está costando tanto trabajo continuar, entonces, es mejor quedarse quieto, volver a los clásicos (veinte o veintiún siglos atrás) y dejar a los contemporáneos escribir o pintar o componer de verdad. ¿Lo están haciendo?.

viernes, 23 de marzo de 2007

NOTAS DE ARTE



Los chicos de Art Notes, tan atentos, han incluido uno de nuestros pasados post en este blog sobre la feria ARCO , Fun fair, en el número 14 de su revista y dentro de la sección “Miradas”.

Conmovidos, no podemos menos que agradecerles su atención. Tan atentos.

lunes, 19 de marzo de 2007

BLINDADO



Hace ya días que guardaba el recorte de una columna que Ignacio Ruiz Quintano publicó en ABCD, suplemento al que también se ve que somos bastante aficionados, sobre el pintor Pepe Cerdá y sobre su blog, que acabamos de descubrir, como al artista: mea (nostra) culpa. No le hemos buscado hasta hoy, ¡maldita falta de tiempo!, y nos hemos topado con un lector de Pla, con un lector culto (no sólo de Pla), y con un pintor que sabe y que quiere escribir. Lo que da bastante gusto.

Le hemos robado la foto de uno de sus cuadros para encabezar todo esto, y hemos rebuscado hasta encontrar la cita que teníamos subrayada. Que va de Tàpies (al que un poco afrancesadamente insiste en acentuar como “Tapiés”), lo enfrenta a Sorolla (¿por qué no a Solana o, mejor, a Zuloaga?) y le endiña una frase gráfica y tremenda: “…la teatralidad de las fotos” (de Tàpies) “siempre me ha parecido muy cómica, esa cara de indio tomado bicarbonato…” Y sigue.

Tâpies nos gusta de vez en cuando (“de cuando en vez”, como dicen los gallegos, traduciendo) pero las transgresiones nos encantan. Tàpies, efectivamente, tiene cara de indio. Y de indio enfadado con el mundo. Pero ahora me doy cuenta de por qué Cerdá no lo compara con Solana, con esa sempiterna procesión de las ánimas entre las cejas, o con Zuloaga, que parecía un alcalde vasco, de caserío, enfadado también con el mundo. Y seguramente con razón.

MIGRAÑA



Marc Quintana, un bravo pintor y diseñador gráfico, recomienda estos comprimidos para combatir los estados de ánimo complicados y el dolor de corazón (de ese corazón que no tiene sitio en el cuerpo) desde la interesante sección de noticias Notas de Arte de la revista Art Notes, a la que acudimos tan frecuentemente.

Esperamos poder compartir el remedio ya que demasiado a menudo sufrimos la enfermedad.

viernes, 16 de marzo de 2007

JODIDO VIERNES



Queremos transgredir, nos ponemos el delantal del transgresor (del transgresor limpio), el disfraz del luchador impenitente, su disfraz civil, no su uniforme, y no conseguimos nada. Nos proponemos asaltar cunas (es un decir, ¡válgame Dios!), estremecer a las mentes ordenadas, a los espíritus coordinados, y nos quedamos donde estábamos: decimos cuatro tonterías sobre los galeristas, no nos atrevemos con los artistas, cuestionamos pulcramente a los críticos y les deseamos felices vacaciones a los directores de museos.

Así nos va. De buenos propósitos no se vive, de los malos a lo mejor se medra pero de ese espíritu crítico, feroz, que iluminó nuestra salida al ruedo apenas quedan dos crónicas de una feria, otra de una exposición, varias de las lecturas hebdomadarias y, al final, un recuento de nuestros estados de ánimo.

San Carlos Barral, Santa Juana Mordó y, a lo mejor, el beato Oriol Bohigas (de ahí, seguro, no pasa) nos asistan: Iudica me, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta.

domingo, 11 de marzo de 2007

ELOGIO DE JUANA MORDÓ



La galería Estiarte expone estos días en Madrid una amplia selección de la obra gráfica de Robert Motherwell. No hemos visto todavía la exposición pero Javier Montes le hizo ayer una crítica en ABCD bastante elegíaca aunque algo atropellada, y nos ha invitado a recorrer la muestra con algo más que con ganas. Repasa la obra del americano, su eclecticismo, sus adscripciones, su españolidad (su empeño histórico) y sus vaivenes, de los que la historia (la del Arte, por ejemplo) va a recordar únicamente los emblemas. A eso están condenados todos los que tendrán unas líneas de más, y otras de menos, en los manuales.

Pues uno de esos emblemas, uno de los espléndidos cuadros, enormes, de la dilatada serie de su Elegía a la República Española, que le hizo producir decenas de telas y de grabados durante gran parte de su vida, colgaba hace muchos años en la preciosa galería que Juana Mordó tenía en la calle Villanueva, en Madrid, limpia como una patena, reluciente como uno de los mejores interiores burgueses del barrio de Salamanca. Allí entramos, bastante ignorantes todavía (nunca dejaremos de serlo, por fortuna), con apenas veinte años. Y nos detuvimos ante el cuadro negro, con una bandera republicana insinuada, y nos acercamos al rótulo y leímos, efectivamente, el nombre del autor, que no nos decía nada, y el título del cuadro. Estaba en la primera pared de la derecha, solo, y me quedé petrificado durante un buen rato. Una señora de mediana edad, que mucho más tarde supe que era una de las dos Esperanzas, las asistentes de Juana, me sonrió y me volvió a sonreír y, al ver mi timidez y mi interés casi religioso, me llevó hacia una mesita baja y me invitó a consultar dos o tres catálogos del pintor. No supe qué decir porque acababa de descubrir el pasado, el presente y el futuro de la pintura de una vez, de golpe, tuve, como dicen los cursis, una epifanía, pero me olvidé de Zóbel, que me fascinaba desde hacía mucho, lo que son las cosas (a Juana también le gustaba), y luego descubrí a Millares, al cabo de un momento, y a Canogar y a Leopoldo Novoa del que Juana tenía dos cuadros blancos que tiempo después tuve en mis manos por casualidad. Descubrí la otra abstracción, o por lo menos a unos pintores cuyo desgarro o cuyo lirismo no tenían nada que ver con lo que conocía. Poco y sobre todo en los libros.

Eran malos tiempos, para qué insistir, y Juana no debía de estar en la galería y no llegué a hablar nunca con ella. La miré moverse, la espié, en su casa y en los enormes stands de los primeros arcos, la vi vender, la vi reírse, la vi besar a sus amigos, a sus clientes, a los pintores, diminuta, ágil, siempre de pié, atusándose de vez en cuando su peinado pasado de moda.

Creo que murió el mismo año del stand conjunto con Elisabeth Franck en ARCO, un stand estupendo que le dedicaron por entero a Lamazares y del que ya hemos hablado, cuando empezaba a barnizar mi ignorancia treintañera con más empeño y quería acariciar a los dioses y a los semidioses aunque sólo fuera con la mirada. Lo demás, lo que pasó después, básicamente me pone triste, pero no como el domingo pasado sino triste-violento, sección expresionismo abstracto español: ahora sigo teniendo a Juana Mordó en su columna estilítica (o en su altar neogótico), a Zóbel encerrado en el armario ropero, a Millares cerca de Motherwell pero en una esquina, a Canogar en el comedor, presidiendo algo, pero a Leopoldo Novoa, del que algún día tendremos que hablar, en el altar mayor. Porque somos así.

Y a los herederos de Juana, que les den.

sábado, 10 de marzo de 2007

PUESTOS A COMPARAR



Hace unos días escribimos en otro sitio una crónica sobre nuestro viaje a ARCO a bordo de un nuevo AVE que corre desde nuestro pueblo hasta Madrid. En apenas seis horas, tres de ida y otras tres de vuelta, sufrimos las consecuencias, no graves, desde luego, pero tiernamente divertidas de tres desayunos consecutivos, a uno por hora, y de una cena en tres o cuatro vuelcos que nos dejó la imaginación maltrecha y nuestra confianza, ya bastante menguada, en los servicios ferroviarios españoles por los suelos. Pues de servicios se trata, ya que hemos pasado (del franquismo al postfranquismo) de ser “usuarios” a ser “clientes” de RENFE. Maneras de llamar a las cosas.

Hace un rato hemos recibido un comentario a esa crónica de los redactores de un estupendo blog que se llama Camareros de Cangas de Onís y que lo edita, precisamente, el servicio de sala del parador asturiano. Intrigados por saber si los múltiples e inexplicables ágapes iban incluidos en el precio del billete (iban incluidos), terminan el comment diciendo que estuvieron en enero en FITUR y que, textualmente, “no se puede comparar una feria con otra”. Desde luego que no. Y afortunadamente.

FITUR es una feria de negocio, claro, pero es, además, una feria divertida. Y nutricia. Los stands regionales, los locales, los de las diputaciones provinciales, los de las consejerías de turismo tienen, siempre, un valor añadido: allí se va a ver la tierra que promocionan y de paso te puedes meter entre pecho y espalda un pincho de farinato o de patatera o de morcón, un montadito de torta del Casar o una copa de manzanilla, fina. En ARCO te puedes atragantar de todo lo contrario, de poca iniciativa, de poco empeño, de mínimo sentido crítico, con ese aroma provincial que siempre se te queda pegado al cuerpo y como enganchado en la retina: a mandarina y a barniz de retoques, que ya lo hemos dicho más veces. Y según quien, a alcanfor (ver lista adjunta).

domingo, 4 de marzo de 2007

I'M SO SAD (O QUAM TRISTIS ET AFFLICTA)



Porque tengo que escribir, sin remedio, dos textos cortos y no soy capaz de ponerme a ello, desde hace días. Pero no es por eso. Estoy triste porque este interregno desesperante que nos lleva desde la última luna del invierno, la de ayer, hasta la luna de Nisan, la próxima, tiene un no sé qué de melancolía sin estación. De aviso, de premonición, de barrunto y, si quieres, de sospecha. Pero tampoco es eso.

Después de tres tés y de dos cigarrillos las cosas no han mejorado. Sigue sin hacer ni frío ni calor, las ferias de arte se abren y se cierran como por ensalmo (por ensalmo), los centros temáticos de arte contemporáneo se entretienen consigo mismos, se copian, se restriegan los cuadros y los vídeos y no se les ocurre de qué color pintar, de nuevo, las paredes. Más aburrimiento que tristeza. Ya no hay resacas gloriosas de marzo (después de ARCO, con la temporada más que perdida o casi-casi ganada) ni asignaturas nuevas para las facultades de Bellas Artes ni siquiera directores nuevos para los museos. Los artistas siguen contando con los dedos, los galeristas con un teléfono móvil y los gestores (los antiguos gestadores) pasan el fin de semana en un hotel rural estupendo, pensando.

Al aburrimiento lo combato escribiendo lo que no tengo que escribir, tomando té hasta reventar y fumando mucho más de lo debido. Voy a olvidarme de esta pantalla un rato y volver a ver qué me cuenta Truman Capote en esa Correspondencia que estoy recomendando a todo el mundo: "Besos et mille tendresse (sic)” (T.C. a Cecil Beaton, desde Paros, Grecia).