sábado, 23 de junio de 2007

UNA DUQUESA DE SEVILLA LO RECLAMA



Hay noticias que dan vergüenza, mucha vergüenza. Quizás porque están redactadas para eso, para fastidiar al pobre lector recién amanecido de la siesta, recién atardecido, y obligarle a ponerse al teclado. Maledetto sia l’aspetto / che m’arde, tristo me.

Alberto García Reyes ha sido el encargado de amenizar nuestro duermevela con una crónica publicada en la edición de ABC de hoy sobre la presentación del cuadro llamado Santa Rufina, atribuido a Diego Velázquez, en el Ayuntamiento de Sevilla y por gentileza de Sotheby’s, la casa de subastas encargada de su venta pública el 4 de julio.

La asociación Velázquez por Sevilla (que no entendemos por qué no se llama "Sevilla por Velázquez"), cuya presidencia de honor ostenta la duquesa de Alba, aboga, junto al alcalde y parte del Consistorio, por la compra del cuadro para formar parte, buque, insignia o, quizás, acorazado, del Museo de Bellas Arte sevillano. “Líder” de la sala del museo dedicada a Velázquez, ha dicho textualmente el señor alcalde, usando un término tan moderno.

Los problemas, graves, están en la autoría, presunta, confirmada, desmentida, vuelta a confirmar y desmentir, que envuelven al lienzo en esa peligrosa maraña que poco tiene de histórica y mucho de pretendidamente sentimental. Jonathan Brown, uno de los máximos especialistas internacionales de Velázquez y profesor del Institute of Fine Arts de Nueva York, la niega. Benito Navarrete, de la Universidad de Alcalá, la defiende. Y el señor alcalde se presenta en la Sala de Plenos con la pobre Cayetana Fitz-James cogida del brazo, vestida de antepasado suyo (de antepasada) y con un bolso de macramé. El cuadro, ligeramente inclinado sobre un caballete revestido con un damasco carmesí no demuestra nada en sí, ni falta que le hace, ni al cuadro, triste y precioso, ni, si se me apura, a la ciudad de Sevilla.

Pero el cronista se empeña: “Un sevillano lo pintó, una santa sevillana lo protagoniza y una duquesa sevillana lo reclama”. En esa especie de capilla ardiente que Sotheby’s, el alcalde Sánchez Monteseirín y la asociación de nombre inverso le han montado al cuadro de la Santa no van a faltar ni elogios ni silencios, como se merecen los actos funerarios. Y a lo mejor algún sevillano devoto, confuso y admirador de la causa le da “la cabezá” .

viernes, 15 de junio de 2007

NICOLAS



¡Atención, navegantes curiosos e impenitentes! La sala de exposiciones de Caixa Catalunya en La Pedrera del Paseo de Gracia expondrá desde el próximo día 19 y hasta el 24 de septiembre, festividad de la Santa Patrona, casi sesenta obras de uno de los pintores más inteligentes del siglo XX, Nicolas de Staël. Comisariada por Jean-Louis Prat, ex director de la Fondacion Maeght de Saint Paul de Vence, la muestra nos va a devolver todo su drama, todo su color (esos azules casi grises, el bermellón empastado a las bravas, el ocre amarillo porque sí) y sobre todo esa limpieza que algún desaprensivo ha tachado de decorativa. ¡Si Nicolas sacó sus colores del cuadro!

Viajad, viajad, hasta el mausoleo de Gaudí.

miércoles, 13 de junio de 2007

IGNASI ABALLÍ, EL COLMO DEL ABURRIMIENTO



Pues como buscar es el oficio añadido (el segundo oficio) de los blogueros, hemos buscado para no aburrirnos tanto. Y hemos encontrado una perla citada que volvemos a citar.

Ignasi Aballí ha sido seleccionado para la actual Bienal de Venecia por su comisario Robert Storr para el pabellón del Arsenale, y como artista internacional, junto a Miquel Barceló que representa ni más ni menos que ¡a África!. Nos lo podíamos pasar estupendamente hablando de eso pero preferimos ponernos pesados y entonces hemos buscado textos del primero, de Aballí, porque ya es sabido que por sus textos los conoceréis. La perla la recogió Mariano Navarro en diciembre de 2004, o sea que no hace tanto, en la absolutamente recomendable página de José Luis Brea, SalonKritik, que ya nos ha hecho algún caso.

El artista declaraba, textualmente: “La representación del tiempo y su huella, la manipulación del rastro que éste va dejando sobre todo lo que nos rodea, la simulación del envejecimiento, la inseparable relación entre realidad y apariencia; la posibilidad de modelar el tiempo entendiéndolo como algo corpóreo, y la reconsideración de términos como pasado y futuro, son algunas constantes a partir de las cuales he desarrollado determinados trabajos.”

Semejante cúmulo de lugares comunes, de problemas esenciales de la historia no ya de la pintura sino de las humanidades, por decir algo, el baudrillardismo sin sentido (¡cuánto daño ha hecho la palabra, que no ya el concepto, de simulacro!), la boutade tremenda de “modelar el tiempo” (supongo que de intentarlo) y, para qué insistir, la preocupación, a barullo, por el carpe diem que seguramente confunde con el beatus ille, nos ha producido más regocijo que cualquier fragmento de Donna Leon.

No le hemos seguido mucho la pista a Aballí, la verdad sea dicha, pero aún así nos lo solemos encontrar a menudo. La última vez aparecía medio escondido en el stand de la galería Estrany-de la Mota en la pasada feria Swab, de la que ya hablamos en su día. En una de las paredes del minúsculo espacio, y a lo mejor en una pared importante para los galeristas, colgaron unos papelitos con unos extraños signos (nos parece recordar) ejecutados con tinta (tinta-tinta) y tippex. Ni más ni menos. Como en los cuadros del MACBA pero más a lo loco. No sabemos lo que sería capaz de hacer Aballí con un ordenador. O a lo mejor sí. Porque, a tenor de sus preocupaciones temporales se vería obligado, como en el socorrido chiste de Lepe, a tachar nuestra crítica con tippex directamente en la pantalla. (Y mientras, Miquel Barceló poniéndose perdido de barro en las orillas del Níger).

domingo, 10 de junio de 2007

EL TECKEL DEL PINTOR FRANCES




Nos gustan los artistas que manipulan, que se afanan por poseer, por dominar, por mostrar con rotundidad desde sus logros hasta sus dudas, por enseñar desde sus conquistas hasta sus errores, sin ese pudor casi religioso que nos obliga a ser cronistas sin más, ¿por miedo?.

De Pablo Picasso se han dicho muchas cosas y algunas de ellas sin pudor de ninguna clase, ni religioso ni laico. Ayer compramos la edición española de Picasso & Lump, recién aparecida en las librerías casi un año más tarde que la edición inglesa. La historia de David Douglas Duncan, el fotógrafo eterno de Picasso, y su perro Lump aparece escrita y fotografiada espléndidamente por el americano en una especie de diario de a bordo, a veces secuenciado, de la llegada de ambos, fotógrafo y teckel, a La Californie desde Roma a lomos (y a bordo) del fantástico Mercedes 300 SL “Gullwing” (“Alas de gaviota”). Lump se enamoró en seguida de los jardines de la villa de Picasso y Jacqueline, se hizo amigo de Yan, el boxer, de la cabra Esmeralda y de la escultura de Esmeralda. Picasso se encariñó, Jacqueline se encariñó, Claude le mecía en su regazo, Paloma le miraba de reojo y de un salto y casi de un solo trazo pasó a tumbarse delante de la infanta Margarita en el primer cuadro de la serie de Las Meninas.

Lump sobrevivió a Picasso por unos días. Extranjeros ambos, al bávaro y al malagueño se les fue poniendo, secuencia tras secuencia y víctimas indoloras de la Leica de D.D.D., cara de franceses: ¡eran franceses!.

miércoles, 6 de junio de 2007

STRAWBERRY FIELDS FOREVER



La semana pasada estuvimos mareando de lo lindo a nuestros escasos lectores, en nuestro escondrijo culinario, con el aniversario de Sargent Pepper’s, víctimas, como solemos ser, de esos arrebatos de nostalgia que nos proporciona el atardecer (y más o menos dulcemente) y esclavos de una memoria que para qué vamos a renunciar a ella si es nuestra y además podemos compartirla.

John Lennon, Paul McCartney y Brian Epstein fueron fabricando durante todos los años 60 del pasado siglo un fragmento e incluso una tendencia de ese Pop del que luego se han dicho tantas tonterías, del que se ha escrito bastante pero revuelto y del que todavía hace falta una análisis completo que englobe música, literatura, artes plásticas, artes decorativas y moda, que no se aloje en las páginas de “cultura y espectáculos”, que se enhebre con la política y el pensamiento del momento y que se considere, en fin, un corpus que ha continuado arrastrando neos, que ha creado epígonos, contrarios, sucedáneos y malabarismos varios hasta hoy.

Estamos hablando del Pop de los años sesenta, del Pop estricto, fundacional (más o menos fundacional), rompedor y hasta cataclísmico. Strawberry fields o las primeras fotos serigrafiadas de Warhol son ese Pop. Y Oldenburg y sus hamburguesas de porex (aunque no les guste a muchos) y Dosis de Borroughs (tan penosamente traducido), tanto como las portadas de Vogue o de Harper’s Bazaar o las fotos de Salut les Copains o la tienda Biba de Abingdon Road. Que despojaron, o lo intentaron, al universo negro de los rockers, los expresionistas abstractos o a la nouvelle vague de esa oscuridad, precisamente, les añadieron color de repente, y lentejuelas y sexo explícito y ese nuevo aspecto que empezó con À bout de souffle y acabó con Let it be, entre octubre de 1959 y mayo de 1970, que no se trata de dos casualidades, precisamente, sino de una película instauradora y de un disco epilogar.

No nos criamos en esos campos de fresas porque todavía éramos pequeñitos, porque en nuestro país las cosas todavía tenían colores rancios y como deslavados, porque los niños leíamos a escondidas El amante de Lady Chaterley (really!) y nuestro mito pop podían ser el espantoso Daniel Vindel, de Cesta y Puntos, o los tremendos muñecos de Herta Frankel. Porque los niños (nosotros no, lo juro) todavía hacían la comunión vestidos de guardiacivil (y ellas de Scarlett O’Hara), los papás se dejaban el bigote a lo Alberto Closas y las mamás soñaban con ser María Luisa Merlo. Por lo menos.

Nuestros campos no eran de rosas, desde luego, pero tampoco de espinos. Pero hubo mucho que desbrozar antes de que nos diéramos cuenta de que el mundo no terminaba ni en Hendaya ni en Gibraltar y de que el Pop había ocupado durante casi diez años un anaquel en nuestras pobres cabecitas. Que hay que ordenar (y me lo propongo a partir de hoy mismo) y darle el rigor que se merece. Entre Hendaya y Gibraltar.

miércoles, 30 de mayo de 2007

+ PINTURA



A punto de inaugurarse la feria Loop en el hotel Catalonia Ramblas de Barcelona y cuando el festival en museos y galerías ya hace días que está en marcha, en pleno bucle videográfico, videaoartístico e incluso videodecorativo, nos vuelven a aparecer los cuadros de los que todavía no hemos hablado y que siguen colgados, impávidos, en su impoluta sala. Nos apetece, pues, rizar el rizo (to loop the loop).

Los cuadros de Wilhelm Sasnal llevan colgados desde hace tiempo y hasta el día doce de junio en la llamada sala Montcada de Caixaforum. Un nombre evocador, si cabe. En la sala antigua de la calle Montcada, la original, vimos hace trescientosmil años las primeras postales de Perejaume, aparatosamente colocadas en un expositor (un expositor de postales, giratorio), y conocimos a Perejaume y creo recordar que poco más. Aunque en ese espacio fuimos viendo cosas estupendas, cosas que luego ha habido que recordar y con algunas presencias, esporádicas, más que prometedoras y, ya entonces, espectaculares.

Pero el espacio de Caixaforum sigue siendo complicado. Hay que subir dos pisos o coger un ascensor para acceder a una sala tímida, oficinil, iluminada no se sabe cómo y de una frialdad que espanta: por lo pequeña, que no recóndita, por lo evidente, que no limpia. Aunque a lo mejor no es tan importante.

Ahí estaban los cuadros de Sasnal, la gran esperanza blanca de la nueva pintura polaca. Habíamos visto, reproducidos, alguna foto intervenida y algún cómic, todos estupendos, sobre todo alguna de las fotos. Pero hasta el otro día no nos enfrentamos (que es una manera de hablar) con los cuadros. En un silencio casi burocrático y con una guardesa uniformada que no pestañeaba, difícilmente aupada en un taburete negro un poco burdelesco (el taburete, no la actitud). Los cuadros nos gustaron, con un discurso que la comisaria del ciclo “Escenarios” al que pertenece la exposición, Silvia Sauquet, se empeña en que sea narrativo (no lo es) y ambiguo (eso habría que verlo). El discurso, que lo hay, es mucho más fotográfico, de “instantánea”, que narrativo. Y en absoluto literario. Incluso el cuadro está “poco pintado”, casi sin materia, y encuadrado pero recortado. La mayor parte de las veces. Y la ambigüedad y el tema “boy scout” pues está como de soslayo. Y no es importante. Se trataría de una serie, que no sabemos si es más amplia, de “instantáneas vividas” o algo así. Con pantalón corto pero nada más.

La cuestión es que el pintor, sin sorprendernos en absoluto, no mostró un lado amable de su vida pero tampoco el lado desgarrado ni mucho menos el “dark side”. Pintó porque le gusta, y eso se ve, y no porque sabe hacerlo, que también. La no-amabilidad está en la función, precisamente en la no-función del cuadro. Aunque Saatchi lo tenga (o lo tuviera) colgado sobre la chimenea, que seguramente que no, no funcionaría nunca. Se trata de páginas de un cuaderno aunque sean cuadros acabados y no apuntes. Cuadros para ver en serie, para recordar, pautas, vamos.

Más (+) pintura en tiempos de ira (desatada), de avaricia (sin contención) y de lujuria, poca y mal administrada.

martes, 22 de mayo de 2007

EL JUEGO DE LOS CABALLOS



Fernando Savater publicó en 1984 un hermoso libro titulado así, bella y cuidadosamente editado por El Observatorio Ediciones y dentro de su colección “La buenas lecturas”, así, entre comillas. Se trataba del primer volumen de esa colección a los que siguieron una novela corta de Fernando Díaz Plaja, un texto que nunca he logrado ver del meteorólogo Manuel Toharia, Meteorología popular, y otros textos sueltos, por decir algo, de Fernando Sánchez Dragó que parece ser que es quien inspiraba, apadrinaba o mantenía, y no sé si por ese orden, la colección.

El libro es bonito, con una tipografía muy pulcra, unas ilustraciones preciosas de José Hernández y Juan Carlos Savater y algunas fotografías en blanco y negro, peores, sobre derbys y carreras y paseos de los purasangres con las riendas tomadas por sus dueños y los jockeys sonriendo.

El autor dedica el libro, amorosamente, a su hermano José Antonio, “inmejorable compañero en todos los hipódromos”, y a su hijo Amador. Relata cordiales anécdotas, aristocráticos encuentros, saludos sociales, carreras memorables y, sobre todo, transpira muy elegante y cultamente, el amor por los caballos de carreras, por su culto, por su uso y su disfrute: como “una obra de arte”, como “un poema”.

El libro me lo regalaron Juan Cruz, el pintor, y su mujer Teresa un día de San Juan de 1994, en Vinaroz, tras una feroz y espléndida corrida de toros donde Enrique Ponce puso la plaza patas arriba, salió a hombros tras el sexto toro (el quinto fue excepcional), y mientras tanto merendamos una empanada de berberechos memorable y creo recordar que otra de bonito. Y vino de la zona, áspero y calentorro pero animador.

Esta tarde (o ayer) Fernando Savater se debe de haber olvidado de los caballos, de los “hipódromos mágicos”, de las bellas ediciones y hasta de James Joyce (“a dark horse riderless, bolth like a phantom past the winningspot…”). Ha vuelto a jugar con los pobres electores, que ya bastante teníamos encima. Y, además, para darle la razón a Eduardo Zaplana. Que hace falta tenerlas mal, pero que muy mal puestas. Las banderillas, las bridas o salva sea la parte.

jueves, 17 de mayo de 2007

LA NOCHE DE LOS MUSEOS (OSCURA, CON ANSIAS, EN AMORES INFLAMADA)



El padre José Vicente de la Eucaristía, O.C.D., afirmaba en su Introducción a las Obras Completas de San Juan de la Cruz (Roma, 1957) que el Santo basaba sus poemas, cartas y otros “billetes espirituales” en la práctica vivida, el magisterio oral y el magisterio escrito. La noche del próximo sábado día 19 se celebra en Europa, que nosotros sepamos, la llamada Noche de los Museos, una invención francesa que se hace coincidir, un día después y en sábado, con el Día de los Museos que se celebra mañana, día 18.

La nocturnidad siempre ha parecido alevosa, promiscua y mala compañera del discurso cultural. No como la poesía que parece que suele alcanzar sus más altas cotas por lo menos entre dos luces. Al arte antiguo, al no tanto y al contemporáneo parece que ahora le viene bien esa alevosía y esa cierta promiscuidad que los programadores culturales nos van a ofrecer durante unas cuantas horas y al ritmo de este calor recién estrenado. De noche es mentira que todos los gatos sean pardos como también lo es que haya que tener más cautela, por lo menos, que un carmelita. Las noches, se ha dicho, son propicias a la confidencia, al discurso lento, a la meditación. Pero también al desenfreno. Son propias para desatar pasiones o, por lo menos, para darles rienda suelta. Aunque sea un poco.

Hace un rato, cuando se me ocurrió el título de este post (tan fácil, tan recurrente) estaba tentado de hacer una especie de listado, que no de ranking, de museos amados y de museos odiados, de museos oscuros, de los ansiados e incluso de los inflamados por causa del amor (¿o soy yo el inflamado?), que resulta que sólo hay uno. Pero no. Lo de los listados, las etiquetas y todas esas aficiones bilbliotecomaníacas ya hace tiempo de las que me he curado. Supongo que por fortuna. Ahora no nos queda más que la memoria remota aderezada con la ironía (una pizca) y a lo mejor con la maledicencia (un suspiro) y este afán algo desmedido de más de escribir sobre lo que nos rodea: porque nos gusta el atardecer, que es cuando mejor se está, y porque nos sigue poniendo nerviosos según qué.

Pues según qué, el sábado nos vamos a acercar al MACBA, como si fuera en oración (“a oscuras y en celada”) porque todavía hay mucha gente que anda criticando al museo, a su proyecto, a su colección, a su dirección, a sus patronos, a sus exposiciones temporales y hasta a la azafatas o los lavabos. Hace años, bastantes ya, estuvo de moda en España criticar abiertamente al MACBA y, sobre todo, a Manuel Borja-Villel. Incluso en Barcelona. Con ese discurso patán y desinformado de que se trataba de un bello contenedor para un inexistente contenido, han tenido que pasar años para que el público, el milieu y sobre todo la crítica reconozcan que hay un proyecto muy serio, de los más serios de la Península (España y Portugal), una buena colección, mejorable, claro está, pero buena (y nada “incipiente”) y unas exposiciones temporales con peso. Y medida. Borja-Villel hace caso a los patronos, faltaría más, pero se sigue basando, como San Juan, en “la práctica vivida” y, por lo menos, en “el magisterio escrito”.

Hace unos días y en este mismo sitio criticamos la exposición de Pablo Palazuelo en el MACBA en clave personal. No nos arrepentimos. No nos pareció mal la exposición sino la circunstancia. Pero ese es otro asunto. Con los abstractos siempre tenemos problemas. Los geométricos nos preocupan, los líricos nos abruman (nos edulcoran, nos despistan) y los épicos, los desgarrados, nos dan miedo: pero ni Tàpies ni Millares ni Jordi Teixidor ni Xavier Grau, del que ya parece que no se acuerde nadie.

Al MACBA, pues, a ver atardecer, a intentar establecer un diálogo más o menos carmelita (hoy estoy irreverente) con ese templo y sin tiempo para repartirlo con otras debilidades locales: la Fundació Miró, en la que ya estuvimos el domingo pasado y ya lo conté en otro sitio, el Picasso o el tremendo Museu Tèxtil, la antigua colección Rocamora, en la que nuestra fantástica amiga Serra París tiene sentados sus reales, “también en soledad de amor herido”.

domingo, 13 de mayo de 2007

SWAB



Con menos prevención de la que era de esperar, con una cierta ilusión y con poquísimos prejuicios hemos visitado Swab, la novísima Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Barcelona que hoy cierra sus puertas en las Drassanes Reials, las Atarazanas, mojándose los pies, o casi, en el Mediterráneo interior de ese puerto tan extraño. Swab no es una palabra fácil porque en principio se puede referir a un tampón higiénico o incluso a un frotis (vaginal o no). Pero parece que los tiros no van (no deberían) ir por ahí y el nombre queda ligado simplemente a la limpieza.

Pues eso. Creada por los arquitectos Joaquín y Marina Díaz-Gascón, padre e hija, conocidos coleccionistas y promotores de arte, con la intención de llenar el estrepitoso vacío que tiene Barcelona en el ámbito ferial, se trata, entonces, de una iniciativa privada aunque apoyada, parece que levemente, por las instituciones al uso, Ayuntamiento, Diputación y Generalitat. Parece ser, queremos decir, que las ayudas económicas aún no han llegado o aún no han llegado del todo. La cuestión es que la feria abrió sus puertas el jueves día 10, que dura cuatro días y que se trata de un proyecto bastante ambicioso.

Los medios han señalado con un “pero, ¿dónde está la feria?” la ausencia total de publicidad (ni en la prensa ni por las calles) lo que nos ha obligado a preguntar a los guardias si se entraba por donde el Museo Marítimo. Pues sí. Se entraba por ahí y tras los cien mil carteles con el rostro electoral algo compungido de Xavier Trías (¿qué le preocupa, senyor Trías?) las puertas del Museo aparecían enmarcadas por dos elegantísimas lágrimas de lona con las letras S W A B al bies. Pequeñas pero ahí estaban. En el atrio del Museo nos recibe, espléndida, la réplica del Ictíneo I, el sumergible de Narcís Monturiol, que aparece como una pieza gigantesca del cubano Kcho o quizás sea el sueño de Riera i Aragó. Un sueño para los niños.

Como niños en día de fiesta (lo hemos sido), entramos, pagamos (ni mucho ni poco) y nos facilitaron un plano estricto de las dos plantas. Planta y media. El Ground floor acoge a la mayoría de las 43 galerías, la mayor parte extranjeras, y se compone de un espacio bastante bien diseñado por el arquitecto Fernando Rial que pretende, según hemos leído, que con los paneles de los stands compongan las susodichas letras S W A B, visibles desde la segunda planta. Por más equilibrios que hemos hecho, aún a riesgo de precipitarnos lamentablemente desde la barandilla, no lo hemos conseguido. Ni “S” ni “W” ni nada. Pero de todas formas el arquitecto ha logrado darle un aspecto de solidez aún siendo los stands minúsculos. Nada de moquetas, con los paneles pintados de un gris perla bastante agradable y con los muebles, mesa y sillas, de cartón y “disseny”.

En el espacio de la galería Leo Koenig, de Nueva York, el primero, nos ha sorprendido la obra muy bien construida de David Scher, unos cuadros espectaculares acompañados de un “gabinete de curiosidades” con apuntes, collages, hojas de cuaderno, fotografías y maquetas fechados entre 1977 y 2007. El artista, encantador, nos ha salido al encuentro, se ha presentado y hemos charlado un poco de todo. De él, básicamente. Neoyorquino militante, delicado, fuerte y, sobre todo, inteligente. Y con una obra considerable. En la Whonmaschine, de Berlín, dos óleos sobre cobre de Dimitris Tzamouranis muy bonitos, dos carreteras nocturnas con un deje romántico, entre pintura de gabinete y objeto, muy cuidados. La caseta de la galería Iguapop, de Barcelona, no tenía ningún interés, con una obra muy complicada de Sergio Mora. Leyendecker, al lado, con un espacio bastante grande, tampoco nos ha sorprendido en absoluto. Y bien que los sentimos: unas fotos muy decorativas pero nada más de Peter Klare y sensación de aburrimiento. Lo mismo que Estrany-de la Mota, con unos papeles negros de Francesc Ruiz sin mucho interés, dos fotos algo más bonitas de Douglas Gordon y unos tremendos papelitos de Ignasi Aballí ¡con tinta y tippex!.

La apariencia, en esos dos pasillos, es de que se trata de obra vendible, de pequeño formato, parece ser que asequible, de artistas “emergentes” (horrible palabra), aunque a veces no se sepa bien de qué o de dónde emergen. Huele a pintura, es cierto, a recién pintado. Y no hay, contra lo que podría parecer, ni demasiados artefactos ni “restos de instalaciones” ni nada que se le parezca. Hay óleo y tinta y lápiz. Pero hay poco entusiasmo. Es todo un poco pequeño. Un poco limitado. Y hay muy poco vendido.

Junto a alguna chinoisserie (Gallery 55, Shanghai, Tokio Gallery,…) bastante poco seria nos decepciona el espacio de Pilar Parra y Romero, de Madrid, y mucho, la Vacío 9 de Marta Moriarty y la emprendedora pero desigual ADN barcelonesa que enseña, sin embargo, una foto grande (120x163) y comprable de Concha Pérez, en la línea de “espacios abandonados” pero redonda. Algo de geometría, algo de pop (poco), casi nada de abstracción (ni épica ni lírica) y una trastienda preciosa con obra pequeña, hiperrealista y homenajeadora (Warhol, Velázquez, Rembrandt, ni más ni menos), de Stefan Holler en Anna Klinkhammer, de Dusseldorf.

Pero se obró el milagro. Subimos algo renqueantes a la primera planta, con sólo seis galerías y una especie de club del expositor, y nos esperaba el espléndido stand de M+R Fricke, con galería en Dusseldorf y en Berlín, con la mejor obra de toda la feria, la mejor colgada, la más inteligente, la que justifica el viaje, vamos: dos preciosas telas de David Kippendorff con una Rita Hayworth deshecha en llanto, preciosos de verdad, unos dibujos a lápiz excelentes de Pauline Kraneis, de los que había alguno vendido, figurativos, de interior, soberbios, dos deliciosas esculturas de pared (“recortables”) de Gabriele Basch y siete fotos intervenidas de John Beech, a cada cual mejor. Marion y Roswitha Fricke asistían impávidas a mi entusiasmo y a su escueto lunch de cocacola Zero y pincho de tortilla.

La cita debería repetirse. Hay mucho que hablar y no sé lo que pensarán de la feria ni los Joan Prats ni los Toni Tàpies ni mucho menos los Taché. Es una feria que le pega, y mucho, a Norberto Dotor y a Ferran Cano y a los Siboney y hasta a los My name’s Lolita. Y a los editores un poco avezados. No creo que sea una feria cara. Ni de difícil acceso. Pero lo que más nos ha sorprendido es que no es una feria española, ni mucho menos catalana y, si me apuráis, ni barcelonesa. Es un poco híbrida, todavía. Un poco (bastante) por definir. No coja, porque tiene muy buena pinta y aspecto de sólida. Un buen y bravo aspecto (las azafatas son bilingües de verdad, no huele a frito, no huele a nada, no hace ni frío ni calor y, sobre todo, no hay ruido). Se respira.

En fin, que Narcís Monturiol y ese John Beech del que ando enamorado (hijo de Tony Cragg, por ejemplo, otro de nuestros iconos) le den buena fortuna a la feria porque la merece. ¡Larga vida!.

lunes, 7 de mayo de 2007

JOSÉ PEDRO CROFT



Espléndida la intervención de José Pedro Croft en el lobby de la Fundación Gulbenkian de Lisboa tal como nos informan puntualmente en el blog Comunicación Cultural, realizada como encargo de la institución para celebrar los 50 años del Museo. Croft ha convertido las vitrinas vacías en objeto museable, museístico e incluso museográfico. J. P. Croft sigue siendo un etéreo rotundo (la frase es nuestra) y uno de los mejores escultores del mundo.

sábado, 5 de mayo de 2007

CRITICA DE LA RAZON EQUIVOCADA



Entendemos perfectamente que los críticos de arte se ganen el pan (y el paté o la mermelada) con ciertos esfuerzos dialécticos, que escriban según una línea editorial o que escriban, simplemente, lo que toca. Entendemos muy bien hasta el cansancio. E incluso la torpeza. Pero lo que no podemos entender es el discurso banal de a tanto la holandesa para: 1. Quedar bien con el/la galerista (con la galería, vamos). 2. Reseñar una de las únicas exposiciones madrileñas con reclamo o 3. Hacerlo porque es signo de un modernidad llamémosle acomodada.

A lo que vamos. La exposición de Perejaume en la galería Soledad Lorenzo aparece hoy reseñada, a toda página, en ABCD bajo la firma de Miguel Cereceda y con el título de Un soplo de aire fresco. La exposición viene citada como “Perejaume. Los horizontes y las pinturas” y en la página de la galería leemos “Los horizontes y las cinturas”. Pero seguramente da igual. Pinturas o cinturas el señor Cereceda se pasea, en el primer epígrafe titulado Contemplación interior, por el Mediterráneo, de la mano de Ulises (de vuelta, claro está, a Ítaca), parando un poco en el Fedro de Platón para llegar, de repente, a la Edad Media (“bosques agrestes, escarpadas montañas”), a Petrarca y, ya en una especie de orgía transhistórica, a la Reforma dando un traspiés en las Confesiones de San Agustín. Ni más ni menos.

Todo ello para contarnos, o para pretender hacerlo, que el artista de Sant Pol de Mar, menos famoso que Carme Ruscalleda aunque sea Premio Nacional de Bellas Artes, expone sus fotografías y vídeos creados, construidos y suponemos que pensados “dentro de la tradición paisajística”. Vamos a ver. Ni el artista representa tradición alguna ni es continuidad de una tendencia paisajística ni siquiera remota y hace falta tener algo más que bemoles para afirmar que el de Sant Pol traza sus vídeos y sus fotos “con esas líneas descriptivas, pictóricas y científicas a la vez”. Ni pictóricas, señor mío, ni tan siquiera topográficas. Perejaume se inventó hace muchos años (y lo celebramos por él) un viaje alrededor de sí mismo, mochila en ristre, que le ha llevado a cometer los más insospechados desmanes en una clave paisajística que nunca ha explicado, ni bien ni mal. Si Miquel Barceló sigue entusiasmado con los bodegones, Antón Patiño con la figura y Perejaume con el paisaje, pues qué le vamos a hacer, allá ellos. Pero que se nos quieran presentar como herederos de una tradición secular, que se cite, impunemente, a Platón o a San Agustín, o a Zurbarán o a Tiziano, me parece de un atrevimiento mayúsculo. Porque Perejaume hace un juego inverosímil con las faldas de las montañas y las faldas de las señoras, ambas al viento (¡válgame Dios!), Barceló se embarra hasta lo indecible jugando, todavía, a Picasso en Vallauris y de Antón Patiño no hay mucho que decir.

Los tres ejemplos valen. Seguro que valen. Porque son pintorescos. Pero a la soledad del crítico de fondo hay que darle más madera para combatirla. No hace falta leer más. Ni acudir a San Google para que nos de la fecha exacta de cuando Petrarca asciende al monte Ventoso o Barceló se enamoró de una indígena. Hace falta leer. Y escribir sólo lo que haga falta.

miércoles, 2 de mayo de 2007

L'HOMME DE LA CLEF



¿Qué guarda realmente? ¿Acaba de cerrar? o ¿está a punto de abrir?.

Ilustración de autor desconocido.

miércoles, 25 de abril de 2007

JOAN CARDELLS, VALENCIA, 1948




Hablar de una exposición después de haber leído dos críticas, o casi, pero sin haberla visto no es una práctica recomendable. Pero dudo de que la vayamos a ver, el artista nos gusta desde hace muchos años y además nos apetece, precisamente, meternos con los críticos.

En uno de nuestros anteriores post sobre la Bienal de Valencia nos encomendábamos, piadosamente, a tres artistas que todavía nos tienen robado el corazón. Les pedíamos, a Carmen Calvo, a Manolo Valdés y a Miquel Navarro que nos ahorraran sacrificios, que nos devolvieran a la realidad, que rezaran por nosotros. Pero nos habíamos olvidado de Joan Cardells y de su piezas entre frágiles y rotundas (frágiles y rotundas), leves pero clavadas al suelo, pesadas pero sin que lo parezca (y sin que haga falta que lo sean). Nos gustan los escultores que pesan, claro que sí, que parece que se atenazan al suelo y que ocupan el espacio vacío (y el ocupado) con esa rotundidad que le confieren la piedra, el hierro, el mármol, el acero cortén, el hormigón. Nos gustan, y mucho, Eduardo Chillida, Jannis Kounellis, Manolo Paz y Anish Kapoor, por ejemplo. Pero nos gustan más sus piezas de habitación, sus dibujos, sus obras sobre papel, la ingravidad (palabra que parece que no puede escribirse en castellano) de la pieza “no pesada”.

En fin, que nos gusta sobre todo que los escultores tengan algo que decir y no que cuenten o incluso que hagan chistes o juegos de palabras. La escultura es una cosa muy seria aunque no sea un cosa muy grave. Y es un arte mayor. Y al que no le guste, que le zurzan.

Zurcidas con hilo encerado están algunas de las piezas primeras de Cardells. Y dibujadas espléndidamente. Por eso nos ponen nerviosos las críticas de Óscar Alonso Molina en ABCD sobre la exposición del artista en la galería Pepe Cobo y mucho más la del señor Calvo Serraller en Babelia. De títulos muy poco afortunados, ambas. A estas alturas de la historia del arte (del quieto y del que se mueve) no se puede ir diciendo que la obra está “en permanente tránsito pero sin mutación” como para justificar el cierto aire antológico que le ha dado Pepe Cobo a la cosa o afirmar que los dibujos “se han esponjado” porque son de un formato mayor. El señor Alonso Molina (o Molina a secas, no sabemos) escribe, de todas formas, bastante bien. Pero al princeps C. Serraller le faltan cada vez más ganas, de escribir y parece que de pensar.

Pepe Cobo, que es tan listo como Fernando Vijande, ha vuelto a llevar a Madrid a Cardells. Y en un buen momento. Vijande le montó una exposición preciosa hace muchos años, como a Manolo Paz, y les dio a ambos un pasaporte que creo que no habrán olvidado muchos de los que luego se han ido creyendo que hacían algo por la escultura española aunque hayan llenado sus galerías y sus museos como cacharrerías. Cardells sigue demostrando que lo sabe hacer y que cree en lo que hace. Piezas agarradas al presente y que necesitan poca literatura.

HERMANO FOTOGRAFO



Esplendorosa la serie de fotografías The Architect's Brother de Robert ParkeHarrison que nos recomiendan, siempre tan atentos, desde Libro de Notas.

jueves, 19 de abril de 2007

LASCHIA CH'IO PIANGA



El Día del Libro catalán viene a añadir, si cabe, un poco más de melancolía a esta primavera que no acaba de arrancar. Melancholy, vulnerability era el título que acompañó a cientos de textos que escribí desde Compostela entre 1985 y 1992 cuando un malhadado camión de cien mil ruedas me partió siete costillas, siete, a la sombra del Pico Sacro. De todos esos textos que aún ando reuniendo (dispersos, dispersados), publicados en parte entre la revista Luzes de Galicia, una espléndida publicación, la efímera página de arte de Diario 16 de Galicia, dos revistas madrileñas ya fenecidas pero, sobre todo, en El Correo Gallego de entonces, me quedan las ganas de escribir, desde luego, pero sobre todo el amor a esa vulnerabilidad treintañera que parece que no me ha abandonado. Y que mantengo, alimento y, a lo mejor, consagro (¡sacrílego!) bien traducida al castellano.

Vulnerable, pues, procuro afrontar el 23 de abril no pensando en don Miguel de Cervantes, que ni falta que le hace, pero sí repasando los suplementos de los periódicos con los que ando tirando y en los que me entretengo con sus listas, listados, de los libros recomendados, de los más vendidos pero nunca de los denostados. ¿Por qué?. Pues porque hay que tener contentas a las editoriales aunque no pasen apuros o precisamente por eso.

Una práctica que no me parece ni admirable ni nada. Una práctica, simplemente. Lo que no soporto es que se atrevan a meter en el apartado de “Libro ilustrado”, en el suplemento Culturas de La Vanguardia de ayer, por ejemplo, a cuatro o cinco catálogos de exposiciones institucionales, como si hiciera falta recomendar, un libro de cocina (el de Jamie Oliver, que no es nada, pero nada, del otro mundo), una apología apologética y apologetizadora del Santo Patrón, Sant Jordi, un libro de jardines, otro de mariposas y para de contar. ¿Les ha hecho algo Taschen? ¿Odian Alianza Forma? ¿Se han liado los Monty Python con la Baronesa? ¿O Tintín con Perejaume?

Me recojo en mí mismo, con la ayuda de Cecilia Bartoli (menuda ayuda), para entonar este Lascia ch’io pianga y dejar caer la tarde con un propósito de enmienda. Con dos. No leer nuca más lo que me recomienden y confesarle de una vez a mi psiquiatra que perdí la virginidad (literaria, claro está) el 23 de abril de 1972.

viernes, 13 de abril de 2007

MAS AUN



Todos los poemas son visuales.

MAS MADERA (SOME MORE WOOD)




Fallas 2007.

POEMA VISUAL




Bienal de Valencia.

miércoles, 11 de abril de 2007

LA TIERRA DE LAS FLORES



Hasta hoy, casi quince días después, casi nadie se ha enterado de la inauguración en la capital de la Tierra de las flores, de la luz y del amor de su Bienal, de la mano del inefable Francisco Camps que lo hizo con un gorro de plumas amerindio y acompañado por el Arzobispo, con solideo y capa pluvial. No tienen remedio. Han escamoteado la identidad de todo un pueblo a golpe de consignas facilonas, al borde del Turia de plata / el cielo turquesa, a ritmo de pasodoble y con el peor de los estilos. Han hermanado la Bienal valenciana con la de Sâo Paulo, que ya son ganas de hermanar, y han coronado la guinda del pastel intercultural invitando a ¡Jordania! como país de adorno, de luz y de amor.

Qué hace ahí Andreu Alfaro, nos lo imaginamos. On Kawara estará por casualidad (su obra). Y todos los demás un lío desde Sergio Belinchón hasta ¿Camilla Marc Chaimowicz?, ¿Yayoi Kusama?, ¿Shin Moon?, envueltos en una exposición infumable que se llama, ni más ni menos, Reflexiones de un pez en el mar profundo.

Carmen Calvo, ayúdanos. Estamos emborrachados de orquídeas y de azahar, ahogados entre el Amazonas de cobre y el Turia de plata. Manolo Valdés, échanos un cable. Miquel Navarro, ruega por nosotros. It scares me.

miércoles, 4 de abril de 2007

STAND-BY





Fotografía anónima.