viernes, 22 de octubre de 2010

UNA DE CAL Y NI SE SABE CUANTAS DE ARENA


Sin motivo aparente. A lo mejor porque no tenía ganas de cocinar y me he despachado un escueto sándwich de queso gallego (eso sí) y más castigo frente al ordenador.

Y pasa lo que pasa. Te pones a leer y luego a escribir y resulta que todo son disgustos porque quieres que te hagan un poco de caso y te lo hace el Banco de Bilbao (sucursal número 1) y un cliente pesado y otro que no se explica mi silencio.

Pues eso, que mi silencio, como mi sándwich, son míos y mira que me gusta escribir.

La de cal, bastante viva, no la cuento. Y las de arena espero que se queden quietecitas por lo menos hasta el lunes. Sic.

jueves, 14 de octubre de 2010

REMEMBER WHEN. I.


Ahora mismito está oliendo a lejía a través de mi balcón. Y no se oye ni una mosca. Alguien debe de estar lavando sus interiores (o a lo mejor sus exteriores) en silencio absoluto. Es lo que tienen las noches de los jueves en tiempos de incertidumbre: huele a lavado y ni los quinquis se atreven a protestar.

Creo que estaría mejor en Salamanca, en ese hotel tan divertido detrás del mercado, o a lo mejor en Compostela, dándoles de comer a los palomos en la Alameda (lo cual no es sino una forma de hablar) o en Mérida, tal vez, tomando los vinos con mis parientes aunque no sé bien dónde porque hace dos décadas que no voy. Aquí no hay quién viva. Un vecino, seguramente víctima de Ikea, parece que está montando un armario zapatero pero en sordina. Un breve golpecito cada tres minutos y nada más. El cascar de un huevo contra la escudilla (mi otra vecina, víctima de sí misma y votante de Esquerra Republicana de Catalunya). El batir de ese huevo y otra vez el silencio y posiblemente la sinrazón.

Acabo de leer que a Art Lisboa acuden solamente 42 galerías y eso debería (de) considerarse un desastre. Aunque a lo mejor no. Más o menos buenas galerías pero ¡sólo! cuarenta y dos. Carla Bruni va a grabar un tema de David Bowie, están sonando las diez en mi campana mayor, la de la Catedral cercana (íntima, excesiva) y seguramente las otras vecinas silenciosas, las del convento de las carmelitas, estarán elaborando, en silencio sepulcral, una vigilia a Santa Teresa. Que ya no sé si eso se estila. El señor obispo, tan amable y también vecino, seguramente estará viendo la película de George Clooney, que hace un rato que ha empezado, y el otoño no nos va ofreciendo más que unos cuantos níscalos y esa dejadez previa al Adviento.

Recuerda cuando nada sonaba a nada. Pero ¡era divertido!

miércoles, 6 de octubre de 2010

SIGO REVOLVIENDO


Y no sólo en el pasado, querido Aparis, sino también en la “letra” del pasado ya que el espíritu solamente puedo adivinarlo.

Revuelvo en las guaridas de Diógenes, en las mías (tengo dos, de momento) y en las ajenas. En los mercadillos de los viernes y de los domingos, en las ferias, en las cavernas de los libreros de viejo, en sus páginas web un poco confusas, en las casas de subastas e iba a poner “incluso en las de lenocinio” pero sí, ahí también hay textos hermosos y cuadros agazapados y promesas, sobre todo, aunque no siempre de amor.

En una de mis incursiones matutinas, las mejores, me topé y compré no hace mucho y por dos hermosos euros un libro que parecía escolar pero que resultó ser mucho más que eso. Se trata de un texto titulado escuetamente La literatura española, que firmó un tal Nicolás González Ruiz y que fechó, como colofón, “en Madrid, dando las cuatro de la mañana del día 9 de noviembre de 1942”. Buena fecha.

El texto, que he ido devorando hasta ahora mismo, no tiene desperdicio. Está bien escrito, desde el lado derecho de la orilla, claro (desde el lado ultraderecho, como es debido) y cumple con muchos de los requisitos francamente falangistas y no tan tímidamente anticatólicos de esa fecha, con cuidado pero no tanto. No sé si el profesor Mainer lo cita en alguno de sus libros pero si no, debería. Aunque he escrito “falangistas” para resumir, digamos que vagamente imperiales y, desde luego, demasiado “literaturizado” para estudiantes. En fin, que no sé a quién iba dirigido aunque sospecho que al propio autor, a él mismo.

Despacha a la generación del 98 con una gracia que para sí quisieran alguno de los hispanistas que luego nos han explicado lo que pasó. Gracia enrevesada pero con momentos muy felices, como cuando resume que España es un “país católico y triste, donde la gente se lava poco y come mal” en el que los “noventayochos” no quieren medrar.

Hay más, y en ocasiones tremendo. Pero ni una letra sobre don Vicente Aleixandre, al que ignora tras confesar, ¡madre de Dios!, que no le gusta Jorge Guillén, “tout simplement”, y que el arte en los años treinta estaba ensimismado. Pues mira por donde ahí dio en el clavo don Nicolás. En los 20’s, los 30’s y hasta justito antes de la invasión de Polonia el arte estaba “construido” (decimos nosotros) para sí mismo. Y por eso ahí sigue.

En fin, que seguiría escribiendo hasta mañana, mi muy querido Aparis, revolviendo en lo revolvible y en lo por revolver. Ahora voy a buscar una ilustración, posiblemente de don Vicente, y a mandarles a Ustedes, presuntos lectores, esta nota. Se va haciendo tarde y hay que dar de cenar al deseo porque la realidad ya está suficientemente alimentada. Y no sé si demasiado bien.

lunes, 4 de octubre de 2010

ESE AGOBIO


María Zambrano escribió ya hace años, y en una hermosa frase, que “ese agobio que se suele llamar vida” no le permitía extenderse en un texto que le habían pedido.

La cita es bella como ella sola y el texto requerido era para un homenaje a Luís Cernuda, aún vivo, que le hicieron en el número de otoño de 1962 en La caña gris y en el que participaron desde don Vicente Aleixandre hasta Jaime Gil de Biedma, ambos, y sobre todo esos dos, con un talante más que espléndido, de enormes escritores, de esa especie casi extinguida de amantes de la lengua. Y no sólo eso.

Y me ha dado por contarlo aquí porque para eso este sitio es mío (y de todos Ustedes, claro está) y porque mi agobio, aunque tan poco tenga que ver con la literatura, es, también, vital. Alguna escaramuza habrá que hacer para esquivarlo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

AFICIONADOS A MIRAR AL PASADO (CON TORTÍCOLIS)

De tanto revolver nos vamos a quedar tontos. Un poco más.

Hace días que ando a la greña, más o menos como siempre, con los cientos de libros y catálogos que se me acumulan en casa y en el almacén, que parece que crezcan por sí solos, que lo hacen, que se reproducen, que inundan pasillos, presuntos vestidores, dormitorios (dos), ofis, bonita palabra, sofás (yacen como nadie), aparadores y trinchantes. Y en esas lides voy y me encuentro con varias rarezas que, según se mire, no son tales.

La primera es el catálogo de la exposición Nova Escultura Catalana que montó la Caixa de Barcelona en 1985 y que ese año anduvo itinerando por toda Cataluña. En ella, y la recuerdo muy bien, había obra de Ernest Altés, Tom Carr, Salvador Juanpere, Rufino Mesa, Enric Pladevall, Jaume Plensa, Riera i Aragó y hasta otros doce escultores. En esos años, y todavía no me explico por qué, los escultores, por lo menos los catalanes, estaban empeñados en las formas zoomórficas, pseudoarquitectónicas, vegetales y aproximadamente maquinistas y luego pasó lo que pasó. Había homenajes más o menos solapados a Joan Miró y ahora sí que me doy cuenta de que el Miró escultor le daba y le dio cien vueltas al Picasso escultor, por ejemplo, y que, además, fue mejor alfarero que el malagueño-provenzal. Por eso, al cabo de los años, puedo entender lo que hacía Riera i Aragó, que entonces me gustaba bastante, Plensa (que ahora me gusta mucho menos) y Tom Carr, que es una pena que se haya olvidado de la escultura. Lo que no puedo entender son los despropósitos de Santi Moix, también por ejemplo, que ahora está enseñando en Carles Taché una obra completamente infumable, si es que esos artefactos de barro negro de Verdú se pueden fumar, que lo dudo.

En mi cocina también tengo algún libro. Catálogos de exposiciones, ninguno. Sobre los armarios encima del horno se yerguen dos botijos de Verdú, espléndidos, y otro de Llamas de Mouro, una alfarería asturiana a la que fuimos guiados por el libro (y los consejos) de María Antonia Pelauzy, la entonces esposa de Guinovart. María Antonia tenía una tienda estupenda en la calle Montcada, cerca del museo Picasso, y allí acudíamos arrobados a ver exposiciones y a comprar botijos y cántaros de Moveros y unas alfombras granadinas de esparto que eran imposibles de barrer pero bellísimas. E íbamos de excursión donde nos mandara y nos enseñó, también, que Palazuelo era un enorme escultor y que, al final, Llamas de Mouro y la galería Maeght eran dos templos a los que acudir sin protocolo pero con una cierta devoción.

Me sigue costando abrir la puerta de la galería de Carles Taché. Pero insisto. Y una vez dentro voy y me quedo desolado. ¿Será, ¡Virgen de Covadonga!, que me devora la artrosis? ¿O que tengo la vista cansada de tanto mirar hacia todos lados?.

sábado, 25 de septiembre de 2010

MALVERSACIÓN DE FONDOS


Sin demasiada fe, como vamos a tener que irnos acostumbrando, acometí ayer tarde una visita a la exposición Humano, demasiado humano en el Caixa Forum de Barcelona, tratando de esquivar a Miquel Barceló y, aunque con esa poca fe, con algo de esperanza.

Mala virtud, se ve. A esa exposición pretendidamente humana y nietzscheana hay que ir, aunque sólo sea eso (que es bastante), con caridad. Porque si no habría que echar mano de la fortaleza y de la templanza que merecen alguno de estos espectáculos.

El señor Valentín Roma, el comisario, ha revuelto en los fondos de la colección de La Caixa, los ha entreverado con otras cosas prestadas (los tàpies de la Tàpies y los picassos del Picasso) y se ha largado un discurso pequeño y me parece que circular sobre el arte español de los 50’s y 60’s despachando, con ese plumazo circunvalador, dos décadas que fueron “literarias” y “dramáticas” (en palabras del comisario), de eso no hay duda, pero que francamente fueron algo más.

Mucho más que esas dos docenas de cuadros y dos esculturas, creo recordar, de esos dos sauras más vistos que las historietas de la familia Ulises, salpicados de un guerrero que siempre nos ha parecido desdibujado (“ese” guerrero), unos cuantos tàpies surrealistas que dan un poco igual, tres millares que han envejecido peor que Catherine Deneuve, una menina que no se sabe a qué viene (¿por qué una menina y precisamente esa?), dos cosas del Equipo Crónica parece que como contrapunto, un collage de Ràfols, al principio, que ese sí que no sé que tiene que ver con nada y, en fin, una sosería y una sinrazón que llevo varias horas sin entender. Ubi caritas? ¿Dónde está la caridad? ¿Y el amor?

Pues ya que nos hemos puesto a no tener fe en el presente (es un decir) seguimos practicando caridad con el pasado y eso suplicamos a los historiadores. Y ese poquito de amor y pedagogía que merecería una exposición de ese calibre. ¿Cómo explicarles a los estudiantes de Historia del Arte que nuestro pasado no empezaba en la calle Montcada y acababa en Consejo de Ciento? ¿Y a las amas de casa? ¿No sería mejor iniciar en Caixa Forum una excursión en autobús y llevar a la gente al cementerio de Montjuïc, al Camp de la Bota o a las Viviendas del Congreso, donde el dramatismo está más que asegurado, y meterlos luego en la Biblioteca de Catalunya o en la de la propia Fundación Tàpies para hartarse de literatura?

Porque nos gusta Guerrero, y lo tenemos casi-casi en la hornacina central de nuestros altares, porque nos sigue gustando Tàpies, que ese sí que aguanta chaparrones, hasta literarios, porque las Meninas de don Pablo nos siguen mereciendo un respeto, porque aunque Saura y Ràfols nos den igual siguen teniendo su sitio en el mundo de los interiores, porque nos gusta la historia y la pedagogía y hasta la literatura, por todo eso, no logramos entender esa falta de amor, de lógica y de sentido común de la pequeña exposición demasiado humana. Que no lo es, ni en los límites ni en las intenciones.

martes, 21 de septiembre de 2010

SIN FE


Hemos cambiado la frase que sucede al título de este blog y no porque sí. Desde el inicio habíamos mantenido una cita completamente descontextualizada de W. Somerset Maugham donde nos declarábamos, ¡menuda ingenuidad!, librepensadores. Y ya era hora de cambiar.

En el mundo contemporáneo (en el nuestro, que limita al norte con la Ilustración y al sur con la Santa Inquisición), en ese mundo, “ser” librepensador ya no quiere decir nada. Y menos en boca de Somerset Maugham. Pero nos gustan los calembours, y las bromas piadosas, tanto como a las clarisas los dulces o a los benedictinos el whiskie de malta. De eso se trata, seguramente.

Y aunque no seamos muy aficionados a los homenajes póstumos ni a las necrológicas ni siquiera “con literatura”, nos ha dado por pensar que había que poner una frase de José Luís Brea en este sitio porque, además, es casi el único que nos hizo caso (a nosotros y a este blog), y con un temple estupendo y una cordialidad que a mí, en su día, me pareció desmesurada. Y porque no comparto esa falta de fe al mirar el arte, al hablar de él, al cabrearse (supongo), que en su caso, si no he leído mal, es un requiebro retórico más que una confesión. O a lo mejor no.

Pero no se trata de compartir. Se trata de que la inteligencia ajena nos sigue deslumbrando. Ni más, ni menos.

domingo, 19 de septiembre de 2010

CLAUDE COLLET EN UN MUNDO DE ENANOS (EN UN MUNDILLO)


Hace dos noches se inauguró en el Museo de Arte Moderno de Tarragona la exposición de la fallecida artista suizo-barcelonesa Claude Collet, La recerca de la identitat, exposición en la que algo hemos tenido que ver aunque sea en su aspecto “mecánico”, digámoslo así. Y en ese trabajo me he topado con una artista para mí desconocida, brillante, tanteadora, que no escondía sus dudas pero sobre todo pintora-pintora, algo a lo que no solemos estar acostumbrados y que nos sigue sorprendiendo. Para bien y para mal.

En el acto de presentación dijo unas palabras Daniel Giralt-Miracle, al que le teníamos perdida la pista, o casi, y volví a sorprenderme con una defensa aferrada de la pintora, un canto a la figuración y un lamento por el olvido institucional de los pintores, de los buenos pintores de la posguerra catalana que han ido a parar, alguno de ellos, a oscuras salas de subastas o a ignotos almacenes de la periferia. Que no son malos sitios, según se mire, porque un día vas y los encuentras y entonces se produce el milagro (o el milagrito).

Giralt-Miracle se refería sobre todo al MACBA porque sí que se le ha hecho caso a la artista, en esta ocasión, desde un museo, pero las cosas quedan siempre desflecadas y en este país (porque esto “es” un país) si no estás en la colección de la Caixa-MACBA no eres nadie. Y aún así. Pero me gusta el MACBA, aunque no siempre, pero le haría falta una dosis, o varias, dos añitos, digamos, de alguien como un Juan Manuel Bonet a la catalana, que existe, para que desempolvara a raros y olvidados, revolviera en los almacenes del Ayuntamiento, de la Generalitat, de las Diputaciones, del MNAC, del mismo MACBA, en los desvanes de las viudas y de los herederos, en las trastiendas de los anticuarios y nos regalara de vez en cuando un ”Caneja” catalán, o un Ortiz Echagüe, que no voy a poner nombres para no molestar, y así revisar de vez en cuando el pasado oculto, lo que está a punto de morir sepultado y que, miren Ustedes por donde, a mí me parece que todavía brilla.

Todo esto viene a cuento porque estoy convencido de que hay que escribir los trocitos de historia con el mismo encanto con que alguno de nuestros artistas lo han pintado. Y si no encanto, entusiasmo. Y a lo mejor arrojo.

Últimamente estamos algo pasivos y no nos da por cantar mucho ni a nada. Pero esos enanos que no dejan crecer a sus contemporáneos hacen más: sepultan a sus muertos y, lo que es peor, borran el nombre de sus lápidas. En esta Arcadia, al final, no va a quedar ni dios.

martes, 25 de mayo de 2010

JUANA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ


Que mañana, si Dios quiere, hablaremos de Carlos Urroz (en el fondo del fondo, volvemos a divertirnos: ¡ya no somos galeristas!).

lunes, 3 de mayo de 2010

domingo, 28 de febrero de 2010

INVERTIR EN CONOCIMIENTO

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Hay que leer cada domingo, desde ahora mismo, la sección domingo festival caníbal del portal SalonKritik un poco como un misal (un poco), nunca como una hoja parroquial y, quien así lo quiera, como las hojas señaladas de un breviario.

El otro día un amigo me decía que mis directores espirituales, para entendernos, eran José Luís Brea y David G. Torres. Ni mucho menos aunque les tenga una cierta devoción ahora que Fernando Castro Flórez se ha vuelto a perder por insondables sendas flanqueadas por Baudrillard y hasta por Jacques Derrida. ¡Qué le vamos a hacer! Es lo que tiene el neocapitalismo intelectual, dicho sea con ánimo de señalar, algo alevoso, y quien se ofenda que se ponga paños calientes. O sea que a leer la sabrosa crónica de hoy de Brea sobre las declaraciones de Borja-Villel, sobre las adquisiciones del Reina Sofía, sobre los beneficios, políticos, de ambas cosas y, en el fondo, sobre la ceremonia de la confusión.

Un buen resumen (o un simple resumen, vamos): que “ya les vale” la compra del óscar domínguez (ya les vale, desde luego, después de tantos cadavres exquis como ya tienen y otras fruslerías) y que ya va siendo hora de que un comité de expertos, o como quiera que se le de en llamar, y no siempre (decimos nosotros) cuajados en la universidades madrileñas, vengan a reordenar un poco todo esto. Insistimos: ya estamos (nosotros) un poco hartos de los anticuarios, por un lado (en el ruedo), y de los comisarios políticos por el otro (detrás de la barrera o, lo que es peor, en el palco de la Presidencia).

Pan, toros y misa de doce. Al salir, una cervecita Mahou y unas gambas con gabardina.

N.: La foto, el famosito y ramplón Mola/No mola del colectivo Miderrota, ha sido tomada por mi proveedora habitual, Ethel Martí, siempre atenta y algunas veces despiadada.

viernes, 26 de febrero de 2010

CODA


Anoche se celebró en Barcelona la III Nit de Galerisme y se entregaron los premios GAC, muy oportunamente, a la galería Joan Prats, a Helga de Alvear, como coleccionista, a José Luís Brea, a Projecte SD (galería joven) y a A-Desk como medio de comunicación. Y mira por dónde nos gustan casi todos, somos devotos de la mayoría y compartimos aficiones, lo que es una buena manera de señalar en estos tiempos tormentosos y parece que, poquito a poco, divertidos. Lo divertido, en este caso (y además) es que el periodista de La Vanguardia que nos acaba de dar la noticia escribe que la Nit (Noche) se celebró “con la mirada puesta en una futura feria de arte que sitúe Barcelona en el mapa internacional del arte contemporáneo”.

Si ahora Endesa se decide a formar (a reformar) una buena colección de arte contemporáneo con todo lo que ha comprado, lo que ha heredado y lo por comprar, la Fundació Tàpies reluce más que el sol, la Miró se decide de una vez a hacer las paces con todo el mundo (con todo el mundo) y a limpiar y a fijar, el MACBA sigue bajo la turela y el ojo avizor de Borja-Villel, se les quita a unos cuantos la obsesión por un Museo de la Fotografía, que ni falta que hace, y se les ata corto a los anticuarios, que siempre están ahí para enredar las cosas, a lo mejor Barcelona es algo más que Modernismo pompier, populismo a lo CaixaForum y espíritu de Boulevard Rosa (el de los anticuarios, claro).

Porque anticuarios somos, desde luego, pero no tan estúpidos como para confundir antigüedad con pedigrí ni se nos ocurre jugar con las cosas de comer. A ver si me explico.

N.: La fotografía vuelve a ser de Ethel Martí, está tomada en el stand de la galería 1900-2000 del ARCO pasado y nos enseña la conocida y encantadora pieza seriada L’africaine ou la valise du Docteur Schweitzer de don Eduardo Arroyo, conocido, a su vez, patriarca de las artes plásticas.

BLUES DEL PASILLO VACÍO


Más leña al fuego habrá que echar, digo yo, porque si no, no hay incendio bonito.

Ha pasado lo que tenía que pasar pero con más prisas de lo debido. Miren Ustedes si soy cauto. ARCO ha cerrado con un balance ficticio, el de Luís Eduardo Cortés, y a pesar de que los galeristas siguen callados (y resacosos y seguramente tristes), los galeristas de ARCO (que son unos y trinos), desde Ifema y desde la Comunidad de Madrid vuelven a sonar tambores de guerra y amenazan con emprenderlas a mazazos con lo que ha quedado vivo. O con un duelo a garrotazos, como el don Francisco de Goya.

De la historia sabemos la mitad, una cuarta parte nos la imaginamos y la otra pertenece a ese lívido secreto que nunca saldrá en los libros porque no está escrito. Ni falta que hace. ¿Por qué Helga de Alvear y Pepe Cobo dieron la espantá antes que nadie?. Porque son listos, muy listos, y no quieren mancharse las manos. ¿Por qué dos importantes galerías extranjeras (extranjero, al final, es casi todo) se han negado a ir a Madrid a pesar de las invitaciones y las certezas, que no promesas, de compras importantes?. Porque las ventas se pueden hacer desde casa y ya no significa ningún prestigio hacerlas en ARCO, aunque sean institucionales y salgan en los periódicos. ¿Por qué la Comunidad de Madrid sigue haciendo el papel de Estado y selecciona (digan lo que digan) Comunidad por Comunidad, cupo por cupo, y no se queda en Virreinato, que es lo que es, y deja en paz la España de las Autonomías y los porcentajes? Porque el señor Cortés y desde luego Esperanza Aguirre tienen bien claritos sus objetivos y ya les ha mandado a Pedro Schwartz (Pedro y el lobo) para ponerles las peras a cuarto a un Comité bastante desmembrado y que ha perdido la oportunidad de su vida más por miedo que por despiste. “Les” han quitado la feria. A los galeristas. Y a río revuelto, ya lo hemos dicho otras veces, la ganancia de los pescadores es probable, pero la del dueño del río es más que evidente. Los peces siempre pierden (y la mayor parte de las veces la vida).

Y es una pena. Me muero de pena. Porque lo que me gusta es hablar de cuadros y de pintura (y de fotos y de vídeos y de esas joyitas dispersas que hay en todas las ferias) y me quedo con las ganas, con el cansancio y con una suerte de desesperanza que tiene cura, claro que sí, pero que es lenta. Y desalmada.

A todo esto, con todo esto y después de esto, las hordas galerísticas barcelonesas, parece que capitaneadas por Carles Taché (es un decir, otro decir), se están dando prisa en poner en marcha la feria de arte contemporáneo de Barcelona que, si consiguen no pelearse más (difícil), el dinero preciso (el buen dinero, de buen origen) y el perfil exacto, que me parece lo más complicado, pueden ganar la partida. Como en un torneo de fútbol: Barça contra Real Madrid (y ¡viva la madre que los parió!).

N.: La ilustración corresponde a una fotografía de Ethel Martí de un pasillo, razonablemente lleno, de la edición de ARCO de este año.

jueves, 18 de febrero de 2010

DEL CANSANCIO Y OTROS MENESTERES


Del cansancio parece ser que algunos hacen profesión, si no deleite, como Vicente Verdú hace un rato al hablar de ARCO en El País, artículo que, siempre tan puntual, me ha mandado ahora mismo mi amigo Jorge.

Desde el título, facilito, hasta topicazos de todo a cien, parece que el señor Verdú está harto de esta feria y de estas vanidades aunque no me extraña. Y también lo lamento porque se han leído buenas cosas y buenas crónicas de Verdú y ahora da la sensación de que se arrastre por los pasillos de la feria y se quede pegado a cinco o seis cuadros pero un poco porque sí.

No sé si nos va a pasar lo mismo a nosotros aunque sospecho lo peor. Y no voy ni prevenido ni cauto porque, como decía aquel señor de La Coruña, todavía consigo “destilar veneno” en cuanto me pongo a ello. Por eso odio el cansancio, virtud que me acosa cada dos por tres y entonces, y a la larga, se convierte en vicio.

Pero, en fin, si hay que hacerlo también criticaremos a Uslé y a Broto aunque no lleguemos a entusiasmarnos, nunca, ni con Pelayo Ortega ni siquiera con Hernández Pijoan. Estoy seguro de que mantendremos las devociones intactas y el cansancio, el justo. El veneno da para mucho, querido Señor De La Coruña, y a veces hasta para ver pintura a secas. Poco líquidamente, vamos.

jueves, 11 de febrero de 2010

SUETONIO Y GUILLAMON

Enlace
Preciosa la columna de hoy de Julià Guillamon, Vintage, en La Vanguardia, de la que no se puede leer más que un fragmento en la edición digital: hay que comprar el periódico.

En la mejor tradición columnística (¿hay tradición en eso?) del Manuel Vicent de hace unos años, literatura pura, nos habla de una amiga, Henar, de un plato de espaguetis negros, de una caja de lata de Lucky Strike y, al final, nos subraya esta mañana (a mí me la ha redondeado, digámoslo así), con una cita de Suetonio que su amiga lleva pegada en la lata de tabaco, tuneada: “Vulpes pilum mutat, no mores”, que traduce por “el zorro puede cambiar de piel pero no de costumbres”. La de fumar, por ejemplo, o esa extraña manía de escribir o vete a saber.

Un excelente escritor para este día tan frío y en el que he amanecido un si es no es desolado. Ya ven.

N.: La ilustración corresponde a una fotografía que aparece en la página Julià Guillamon de Wikipedia, obra de Ramonperis, publicada bajo una licencia de Creative Commons en la que se reconoce que podemos utilizarla citando su procedencia. Así sea.

domingo, 7 de febrero de 2010

PUERTAS (TAN A MENUDO ENTREABIERTAS)


Las puertas de El Prado de Cristina Iglesias tienen, evidentemente, nombre y apellido. Y hasta pedigrí. Las del Reina Sofía tienen obstáculos (y nombre y apellido y pedigrí) y una especie de pátina, sobre todo en la plaza de Santa Isabel, de calamares fritos, una pátina amarillenta tirando a ocre. Las puertas de ARCO quizás tengan nombre (A, B, C, no lo recuerdo) pero no tienen ni apellido, ni entidad ni sentido común. Las puertas del Averno, pues ya ven Ustedes, es mejor evitarlas, coger el caminito de la izquierda y tirar directamente hacia el fondo, disimulando.

Hace un rato la espléndida revista on-line salonKritik nos ha vuelto a regalar un artículo de Fernando Castro Flórez, dentro de la sección “domingo festín caníbal”, que no tiene desperdicio ni piedad ni falta que le hace. He aprendido que es mejor evitar según qué puertas con impiedad y a lo mejor con gallardía, uso al cual me iré acostumbrando. Digo yo.

El artículo, Canibalismo museal en El Prado, hay que leerlo y hay que compartirlo. Por eso me he puesto a contarlo, porque también me espeluzna Barceló y la Operación Ogro montada a su alrededor, con tracas finales cada seis meses, también me da miedo el señor Zugaza (que “llegó (a El Prado) imberbe pero perfectamente engominado”), me asusta la desmesura porque sí, esa megalomanía egiptológica que hace que los museos se parezcan cada vez más al Templo de Debod o a Port Aventura, con lo a gusto que se está en la Fundación March o en el Museo Picasso, a pesar de la moqueta en el uno y de las vigilantas-mala leche en el otro.

Lo peor es que no se trata de errores sino de convicciones. Demasiado caras y feas a morir.

N.: La ilustración corresponde a una fotografía de Juan Yanes, que tiene un estupendo photoblog, El oscuro borde de la luz, y que, desde él, nos da permiso para reproducirla.

domingo, 31 de enero de 2010

SPUTNIK DAY


Soy bastante aficionado a la novela negra, a la clásica y preferentemente a la europea. Mis debilidades oscilan brevemente de tía Agatha al viejo Georges y les tengo dedicados una estantería propia, un mueblecito largo y estrecho pero bastante feo, Simenon encima y Agatha Christie debajo. ¡Qué le vamos a hacer!. Y ahí conviven, en tropel, desde gastadísimas ediciones compradas en las espléndidas y extintas Librerías de Ferrocarriles, con su sello alargado, hasta cosas más primorosas y alguna rareza.

En un canal de televisión catalán privado, el Canal 8, que es del grupo Godó, del señor conde, y al que también soy bastante aficionado, emiten repetidamente las series inglesas del Inspector Poirot y de Miss Marple, muy bien realizadas, muy cuidadas y que a veces veo repetidas, aunque casi nunca las acabo porque a la vez estoy leyendo, me distraigo y porque, además, ya sé quién es el asesino. El capítulo de ayer noche de Miss Marple ocurría durante el Sputnik Day, y se nombra varias veces, que según Wikipedia fue el 4 de octubre de 1957, el día del primer lanzamiento del satélite por los rusos. Me encanta la denominación de satélites artificiales, el MG rojo de uno de los protagonistas, el juego de te victoriano de Miss Marple y los palos de golf del ama de llaves aunque el asesino me de igual. A estas alturas.

El propietario del MG descapotable, uno de los hijos de una familia aristocrática, era pintor y acudía al cottage desde Ibiza, donde vive. Su hermana enseña su habitación al ama de llaves, recién contratada, que admira los cuadros.

-Muy bonitos, dice Cornelia.
-Son de mi hermano cuando era joven. Ahora pinta cosas abastractas, como todo el mundo.

¡Ya está!. En una frase, antes del MG rojo, de los periódicos con la noticia del Sputnik, incluso del sombrero del inspector, el realizador nos da un dato preciso para situarnos a finales de los años 50. Que seguramente estaba en la novela. Pero que sólo unos años después tiene sentido. ¡Abstractos!. Cuadros que no se verán pero que parece que se huelan.

Una bobada, seguramente, pero me quedé con ganas de más, de romperle una taza a la señorita Marple, de viajar a Ibiza en 1957, de curarme de este frío que me tiene acongojado.

martes, 26 de enero de 2010

Y ¿DÓNDE ESTÁN LOS ARTISTAS?


El miércoles pasado, hace casi una semana, se celebró en el Círculo Ecuestre de Barcelona una cena-coloquio con el consejero delegado de Christie’s , Juan Varez ( o Várez, no lo sé), para hablar del mercado del arte y sobre todo del estado actual de las subastas en España. La firma, Christie’s, anunció o argumentó su decisión de no celebrar subastas en España “hasta que vuelva a animarse la demanda”, aunque seguirán haciendo ventas privadas y, supongo, gestionando lotes para subastas en el extranjero, lo mismo que hizo Sotheby’s en su día.

La noticia más o menos la conoce todo el mundo, como la de que Ferran Adrià cerrará su restaurante durante dos años para pensar o la de que Isabel Preysler lleva su agenda siempre en casa, en el cuarto de baño o en la sala de estar, formas, todas ellas, bastante prácticas de entender el mundo o al menos de hacer algo para que la vida, aciaga de por sí, sea más llevadera.

Lo que sí me ha llamado la atención, cosa que suelo prestar aunque sea por quedar bien (prestar que no regalar) es que el cronista de la noticia de la sala de subastas, y a renglón seguido de las declaraciones del señor Varez (o Várez), una insulsez como que “a aquellos coleccionistas que, apurados por la crisis, venden obras, les recomiendo que no es cuestión de bajar precios sino de esperar…”, así, sin punto y aparte, nos cuenta que la directora de ARCO, doña Lourdes Fernández, “se mostró satisfecha por cómo se había resuelto el conflicto entre Ifema y las galerías”.

Suponemos que doña Lourdes también estaba cenando en el Círculo Ecuestre con el señor Várez (¿o era Varez?) y que le dio, por una vez, por opinar. También nos da por pensar que doña Lourdes, además de satisfecha, se encontraba cómoda. Y que, puestos a opinar no tiene precio, que seguramente sí.

Después de todo, lo dicho, lo visto, lo oído, lo comentado, lo cotilleado, lo susurrado, lo silenciado, lo gritado, lo expelido, incluso lo tosido o lo estornudado, no puedo entender que nadie hable de los artistas, ni con los artistas, ni desde los artistas, que son los que realmente tienen opinión. Una feria es un negocio de galerías, claro está, y así debe (de) ser, pero no es que se nutra sino que no tiene sentido sin los artistas, los verdaderos y únicos productores de su mercancía, física y espiritualmente hablando. ¿O no? ¿O los galeristas se venden a sí mismos y por eso son los únicos que opinan?, O los críticos. O los curadores. O los coleccionistas. O nosotros mismos que nadamos en las procelosas aguas del extrarradio físico, que no moral, del arte. ¿Dónde están los artistas?

martes, 12 de enero de 2010

¿DÓNDE ESTÁS, CORAZÓN?


La crisis (en cursiva) de ARCO se ha solucionado felizmente este mediodía o esta tarde, no lo sé. Lo de la felicidad es cosa de los periodistas y lo de la solución pactada es más de lo mismo. La feria se iba a celebrar, de todas formas. Ya había habido otros años ruido de sables y la cosa se solapó en sí misma. Se autosolapó, que es un verbo feo e inventado. Poco ha cambiado IFEMA (que es lo que tiene que hacer, no cambiar mucho, para que no se note) y poco menos los sucesivos comités de galerías. Poco salero es lo que hay, y pocas decisiones de verdad. El único que me parece que ha dado en el clavo es Paco Barragán, el autor de La era de las ferias (libro que no he leído) en sus declaraciones a Arteinformado, que es ese portal que lee todo el mundo. Y que sirve para mucho (el portal y las declaraciones).

Al final de la escueta entrevista le preguntan por la directora de ARCO, doña Lourdes Fernández, y responde con otro escueto pero rotundo “Es evidente que el mundo del arte y la prensa han echado en falta su opinión”. Opinión seguramente la tendrá. Pero ese silencio casi ecuménico, ¿a qué viene?. En fin, ¿qué dirige doña Lourdes?.

lunes, 11 de enero de 2010

PURÉE PARMENTIER


Outrement llamado hachis parmentier, lo que según se mire tiene bastante gracia, se compone de lo que todo el mundo sabe: su poquita de mantequilla, su leche tibia y sus patatas cocidas, puntita de sal, un si es no es de pimienta negra y a revolver.

Acabo de enviar un nuevo texto a mi medio público preferido (tanto, o casi, como éste) en el que, claro está, hablo de ARCO porque el número sale en febrero y estará en la feria. Y no estoy ni contento ni acomodado. Todavía hace un frío que pela, me ponen nervioso las noticias contradictorias sobre la feria, mis amigos no dicen ni mu, al menos en público, y aquí parece que el que disimula es el que gana.

Pues no. Todo esto me da vergüenza porque durante unos años también fui coprotagonista de esa feria, porque la sentí mía como una mala cosa (no como una cosa mala) y porque me ayudó a creer en el oficio, el oficio de galerista, como algo serio, que lo es pero que había (entonces, hace casi treinta años) que creérselo. Que había que construir. Y se hizo, y bastante bien, pero ahora vuelven a sonar tambores de guerra y todo esto me enferma. Porque no se trata de una gran guerra sino de guerrillas como apañadas, un poco de sable de tramoya y tirachinas, nada de misiles. Vuelve aquella escena de Moros y Cristianos de Berlanga en la que los vendedores de turrón apuran su stand, a martillazos, porque vienen las Infantas a inaugurar la feria. ¡Que vienen las Infantas!.

Yo he vivido eso, claro, los martillazos de última hora, un tàpies enorme de una galería suiza salvado in extremis de que lo atravesara un transpalet en el pasillo, la desesperación ante las aduanas, las cafeterías que sólo despachaban calamares y chorizos a la sidra, la compra-venta de metros de espacio (expositivo) horas antes de la inauguración, y también las cenas alcohólicas en el Palace y los desayunos en el Reina Sofía, que no estaban ni bien ni mal.

Berlanga ha retratado a su pueblo, que es el mío, como nadie. Pero eso no quita que me de vergüenza. Y no precisamente vergüenza torera. Este puré de patatas insípido en que se ha convertido la feria me gusta cada vez menos. Pero vamos a seguir, con la vergüenza puesta, cocinando siquiera con un poquito más de pimienta y, además de la mantequilla, un chorrito de aceite de oliva. Por no ciscarme en los muertos de unos cuantos y de unas cuantas.