martes, 25 de mayo de 2010

JUANA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ


Que mañana, si Dios quiere, hablaremos de Carlos Urroz (en el fondo del fondo, volvemos a divertirnos: ¡ya no somos galeristas!).

lunes, 3 de mayo de 2010

domingo, 28 de febrero de 2010

INVERTIR EN CONOCIMIENTO

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Hay que leer cada domingo, desde ahora mismo, la sección domingo festival caníbal del portal SalonKritik un poco como un misal (un poco), nunca como una hoja parroquial y, quien así lo quiera, como las hojas señaladas de un breviario.

El otro día un amigo me decía que mis directores espirituales, para entendernos, eran José Luís Brea y David G. Torres. Ni mucho menos aunque les tenga una cierta devoción ahora que Fernando Castro Flórez se ha vuelto a perder por insondables sendas flanqueadas por Baudrillard y hasta por Jacques Derrida. ¡Qué le vamos a hacer! Es lo que tiene el neocapitalismo intelectual, dicho sea con ánimo de señalar, algo alevoso, y quien se ofenda que se ponga paños calientes. O sea que a leer la sabrosa crónica de hoy de Brea sobre las declaraciones de Borja-Villel, sobre las adquisiciones del Reina Sofía, sobre los beneficios, políticos, de ambas cosas y, en el fondo, sobre la ceremonia de la confusión.

Un buen resumen (o un simple resumen, vamos): que “ya les vale” la compra del óscar domínguez (ya les vale, desde luego, después de tantos cadavres exquis como ya tienen y otras fruslerías) y que ya va siendo hora de que un comité de expertos, o como quiera que se le de en llamar, y no siempre (decimos nosotros) cuajados en la universidades madrileñas, vengan a reordenar un poco todo esto. Insistimos: ya estamos (nosotros) un poco hartos de los anticuarios, por un lado (en el ruedo), y de los comisarios políticos por el otro (detrás de la barrera o, lo que es peor, en el palco de la Presidencia).

Pan, toros y misa de doce. Al salir, una cervecita Mahou y unas gambas con gabardina.

N.: La foto, el famosito y ramplón Mola/No mola del colectivo Miderrota, ha sido tomada por mi proveedora habitual, Ethel Martí, siempre atenta y algunas veces despiadada.

viernes, 26 de febrero de 2010

CODA


Anoche se celebró en Barcelona la III Nit de Galerisme y se entregaron los premios GAC, muy oportunamente, a la galería Joan Prats, a Helga de Alvear, como coleccionista, a José Luís Brea, a Projecte SD (galería joven) y a A-Desk como medio de comunicación. Y mira por dónde nos gustan casi todos, somos devotos de la mayoría y compartimos aficiones, lo que es una buena manera de señalar en estos tiempos tormentosos y parece que, poquito a poco, divertidos. Lo divertido, en este caso (y además) es que el periodista de La Vanguardia que nos acaba de dar la noticia escribe que la Nit (Noche) se celebró “con la mirada puesta en una futura feria de arte que sitúe Barcelona en el mapa internacional del arte contemporáneo”.

Si ahora Endesa se decide a formar (a reformar) una buena colección de arte contemporáneo con todo lo que ha comprado, lo que ha heredado y lo por comprar, la Fundació Tàpies reluce más que el sol, la Miró se decide de una vez a hacer las paces con todo el mundo (con todo el mundo) y a limpiar y a fijar, el MACBA sigue bajo la turela y el ojo avizor de Borja-Villel, se les quita a unos cuantos la obsesión por un Museo de la Fotografía, que ni falta que hace, y se les ata corto a los anticuarios, que siempre están ahí para enredar las cosas, a lo mejor Barcelona es algo más que Modernismo pompier, populismo a lo CaixaForum y espíritu de Boulevard Rosa (el de los anticuarios, claro).

Porque anticuarios somos, desde luego, pero no tan estúpidos como para confundir antigüedad con pedigrí ni se nos ocurre jugar con las cosas de comer. A ver si me explico.

N.: La fotografía vuelve a ser de Ethel Martí, está tomada en el stand de la galería 1900-2000 del ARCO pasado y nos enseña la conocida y encantadora pieza seriada L’africaine ou la valise du Docteur Schweitzer de don Eduardo Arroyo, conocido, a su vez, patriarca de las artes plásticas.

BLUES DEL PASILLO VACÍO


Más leña al fuego habrá que echar, digo yo, porque si no, no hay incendio bonito.

Ha pasado lo que tenía que pasar pero con más prisas de lo debido. Miren Ustedes si soy cauto. ARCO ha cerrado con un balance ficticio, el de Luís Eduardo Cortés, y a pesar de que los galeristas siguen callados (y resacosos y seguramente tristes), los galeristas de ARCO (que son unos y trinos), desde Ifema y desde la Comunidad de Madrid vuelven a sonar tambores de guerra y amenazan con emprenderlas a mazazos con lo que ha quedado vivo. O con un duelo a garrotazos, como el don Francisco de Goya.

De la historia sabemos la mitad, una cuarta parte nos la imaginamos y la otra pertenece a ese lívido secreto que nunca saldrá en los libros porque no está escrito. Ni falta que hace. ¿Por qué Helga de Alvear y Pepe Cobo dieron la espantá antes que nadie?. Porque son listos, muy listos, y no quieren mancharse las manos. ¿Por qué dos importantes galerías extranjeras (extranjero, al final, es casi todo) se han negado a ir a Madrid a pesar de las invitaciones y las certezas, que no promesas, de compras importantes?. Porque las ventas se pueden hacer desde casa y ya no significa ningún prestigio hacerlas en ARCO, aunque sean institucionales y salgan en los periódicos. ¿Por qué la Comunidad de Madrid sigue haciendo el papel de Estado y selecciona (digan lo que digan) Comunidad por Comunidad, cupo por cupo, y no se queda en Virreinato, que es lo que es, y deja en paz la España de las Autonomías y los porcentajes? Porque el señor Cortés y desde luego Esperanza Aguirre tienen bien claritos sus objetivos y ya les ha mandado a Pedro Schwartz (Pedro y el lobo) para ponerles las peras a cuarto a un Comité bastante desmembrado y que ha perdido la oportunidad de su vida más por miedo que por despiste. “Les” han quitado la feria. A los galeristas. Y a río revuelto, ya lo hemos dicho otras veces, la ganancia de los pescadores es probable, pero la del dueño del río es más que evidente. Los peces siempre pierden (y la mayor parte de las veces la vida).

Y es una pena. Me muero de pena. Porque lo que me gusta es hablar de cuadros y de pintura (y de fotos y de vídeos y de esas joyitas dispersas que hay en todas las ferias) y me quedo con las ganas, con el cansancio y con una suerte de desesperanza que tiene cura, claro que sí, pero que es lenta. Y desalmada.

A todo esto, con todo esto y después de esto, las hordas galerísticas barcelonesas, parece que capitaneadas por Carles Taché (es un decir, otro decir), se están dando prisa en poner en marcha la feria de arte contemporáneo de Barcelona que, si consiguen no pelearse más (difícil), el dinero preciso (el buen dinero, de buen origen) y el perfil exacto, que me parece lo más complicado, pueden ganar la partida. Como en un torneo de fútbol: Barça contra Real Madrid (y ¡viva la madre que los parió!).

N.: La ilustración corresponde a una fotografía de Ethel Martí de un pasillo, razonablemente lleno, de la edición de ARCO de este año.

jueves, 18 de febrero de 2010

DEL CANSANCIO Y OTROS MENESTERES


Del cansancio parece ser que algunos hacen profesión, si no deleite, como Vicente Verdú hace un rato al hablar de ARCO en El País, artículo que, siempre tan puntual, me ha mandado ahora mismo mi amigo Jorge.

Desde el título, facilito, hasta topicazos de todo a cien, parece que el señor Verdú está harto de esta feria y de estas vanidades aunque no me extraña. Y también lo lamento porque se han leído buenas cosas y buenas crónicas de Verdú y ahora da la sensación de que se arrastre por los pasillos de la feria y se quede pegado a cinco o seis cuadros pero un poco porque sí.

No sé si nos va a pasar lo mismo a nosotros aunque sospecho lo peor. Y no voy ni prevenido ni cauto porque, como decía aquel señor de La Coruña, todavía consigo “destilar veneno” en cuanto me pongo a ello. Por eso odio el cansancio, virtud que me acosa cada dos por tres y entonces, y a la larga, se convierte en vicio.

Pero, en fin, si hay que hacerlo también criticaremos a Uslé y a Broto aunque no lleguemos a entusiasmarnos, nunca, ni con Pelayo Ortega ni siquiera con Hernández Pijoan. Estoy seguro de que mantendremos las devociones intactas y el cansancio, el justo. El veneno da para mucho, querido Señor De La Coruña, y a veces hasta para ver pintura a secas. Poco líquidamente, vamos.

jueves, 11 de febrero de 2010

SUETONIO Y GUILLAMON

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Preciosa la columna de hoy de Julià Guillamon, Vintage, en La Vanguardia, de la que no se puede leer más que un fragmento en la edición digital: hay que comprar el periódico.

En la mejor tradición columnística (¿hay tradición en eso?) del Manuel Vicent de hace unos años, literatura pura, nos habla de una amiga, Henar, de un plato de espaguetis negros, de una caja de lata de Lucky Strike y, al final, nos subraya esta mañana (a mí me la ha redondeado, digámoslo así), con una cita de Suetonio que su amiga lleva pegada en la lata de tabaco, tuneada: “Vulpes pilum mutat, no mores”, que traduce por “el zorro puede cambiar de piel pero no de costumbres”. La de fumar, por ejemplo, o esa extraña manía de escribir o vete a saber.

Un excelente escritor para este día tan frío y en el que he amanecido un si es no es desolado. Ya ven.

N.: La ilustración corresponde a una fotografía que aparece en la página Julià Guillamon de Wikipedia, obra de Ramonperis, publicada bajo una licencia de Creative Commons en la que se reconoce que podemos utilizarla citando su procedencia. Así sea.

domingo, 7 de febrero de 2010

PUERTAS (TAN A MENUDO ENTREABIERTAS)


Las puertas de El Prado de Cristina Iglesias tienen, evidentemente, nombre y apellido. Y hasta pedigrí. Las del Reina Sofía tienen obstáculos (y nombre y apellido y pedigrí) y una especie de pátina, sobre todo en la plaza de Santa Isabel, de calamares fritos, una pátina amarillenta tirando a ocre. Las puertas de ARCO quizás tengan nombre (A, B, C, no lo recuerdo) pero no tienen ni apellido, ni entidad ni sentido común. Las puertas del Averno, pues ya ven Ustedes, es mejor evitarlas, coger el caminito de la izquierda y tirar directamente hacia el fondo, disimulando.

Hace un rato la espléndida revista on-line salonKritik nos ha vuelto a regalar un artículo de Fernando Castro Flórez, dentro de la sección “domingo festín caníbal”, que no tiene desperdicio ni piedad ni falta que le hace. He aprendido que es mejor evitar según qué puertas con impiedad y a lo mejor con gallardía, uso al cual me iré acostumbrando. Digo yo.

El artículo, Canibalismo museal en El Prado, hay que leerlo y hay que compartirlo. Por eso me he puesto a contarlo, porque también me espeluzna Barceló y la Operación Ogro montada a su alrededor, con tracas finales cada seis meses, también me da miedo el señor Zugaza (que “llegó (a El Prado) imberbe pero perfectamente engominado”), me asusta la desmesura porque sí, esa megalomanía egiptológica que hace que los museos se parezcan cada vez más al Templo de Debod o a Port Aventura, con lo a gusto que se está en la Fundación March o en el Museo Picasso, a pesar de la moqueta en el uno y de las vigilantas-mala leche en el otro.

Lo peor es que no se trata de errores sino de convicciones. Demasiado caras y feas a morir.

N.: La ilustración corresponde a una fotografía de Juan Yanes, que tiene un estupendo photoblog, El oscuro borde de la luz, y que, desde él, nos da permiso para reproducirla.

domingo, 31 de enero de 2010

SPUTNIK DAY


Soy bastante aficionado a la novela negra, a la clásica y preferentemente a la europea. Mis debilidades oscilan brevemente de tía Agatha al viejo Georges y les tengo dedicados una estantería propia, un mueblecito largo y estrecho pero bastante feo, Simenon encima y Agatha Christie debajo. ¡Qué le vamos a hacer!. Y ahí conviven, en tropel, desde gastadísimas ediciones compradas en las espléndidas y extintas Librerías de Ferrocarriles, con su sello alargado, hasta cosas más primorosas y alguna rareza.

En un canal de televisión catalán privado, el Canal 8, que es del grupo Godó, del señor conde, y al que también soy bastante aficionado, emiten repetidamente las series inglesas del Inspector Poirot y de Miss Marple, muy bien realizadas, muy cuidadas y que a veces veo repetidas, aunque casi nunca las acabo porque a la vez estoy leyendo, me distraigo y porque, además, ya sé quién es el asesino. El capítulo de ayer noche de Miss Marple ocurría durante el Sputnik Day, y se nombra varias veces, que según Wikipedia fue el 4 de octubre de 1957, el día del primer lanzamiento del satélite por los rusos. Me encanta la denominación de satélites artificiales, el MG rojo de uno de los protagonistas, el juego de te victoriano de Miss Marple y los palos de golf del ama de llaves aunque el asesino me de igual. A estas alturas.

El propietario del MG descapotable, uno de los hijos de una familia aristocrática, era pintor y acudía al cottage desde Ibiza, donde vive. Su hermana enseña su habitación al ama de llaves, recién contratada, que admira los cuadros.

-Muy bonitos, dice Cornelia.
-Son de mi hermano cuando era joven. Ahora pinta cosas abastractas, como todo el mundo.

¡Ya está!. En una frase, antes del MG rojo, de los periódicos con la noticia del Sputnik, incluso del sombrero del inspector, el realizador nos da un dato preciso para situarnos a finales de los años 50. Que seguramente estaba en la novela. Pero que sólo unos años después tiene sentido. ¡Abstractos!. Cuadros que no se verán pero que parece que se huelan.

Una bobada, seguramente, pero me quedé con ganas de más, de romperle una taza a la señorita Marple, de viajar a Ibiza en 1957, de curarme de este frío que me tiene acongojado.

martes, 26 de enero de 2010

Y ¿DÓNDE ESTÁN LOS ARTISTAS?


El miércoles pasado, hace casi una semana, se celebró en el Círculo Ecuestre de Barcelona una cena-coloquio con el consejero delegado de Christie’s , Juan Varez ( o Várez, no lo sé), para hablar del mercado del arte y sobre todo del estado actual de las subastas en España. La firma, Christie’s, anunció o argumentó su decisión de no celebrar subastas en España “hasta que vuelva a animarse la demanda”, aunque seguirán haciendo ventas privadas y, supongo, gestionando lotes para subastas en el extranjero, lo mismo que hizo Sotheby’s en su día.

La noticia más o menos la conoce todo el mundo, como la de que Ferran Adrià cerrará su restaurante durante dos años para pensar o la de que Isabel Preysler lleva su agenda siempre en casa, en el cuarto de baño o en la sala de estar, formas, todas ellas, bastante prácticas de entender el mundo o al menos de hacer algo para que la vida, aciaga de por sí, sea más llevadera.

Lo que sí me ha llamado la atención, cosa que suelo prestar aunque sea por quedar bien (prestar que no regalar) es que el cronista de la noticia de la sala de subastas, y a renglón seguido de las declaraciones del señor Varez (o Várez), una insulsez como que “a aquellos coleccionistas que, apurados por la crisis, venden obras, les recomiendo que no es cuestión de bajar precios sino de esperar…”, así, sin punto y aparte, nos cuenta que la directora de ARCO, doña Lourdes Fernández, “se mostró satisfecha por cómo se había resuelto el conflicto entre Ifema y las galerías”.

Suponemos que doña Lourdes también estaba cenando en el Círculo Ecuestre con el señor Várez (¿o era Varez?) y que le dio, por una vez, por opinar. También nos da por pensar que doña Lourdes, además de satisfecha, se encontraba cómoda. Y que, puestos a opinar no tiene precio, que seguramente sí.

Después de todo, lo dicho, lo visto, lo oído, lo comentado, lo cotilleado, lo susurrado, lo silenciado, lo gritado, lo expelido, incluso lo tosido o lo estornudado, no puedo entender que nadie hable de los artistas, ni con los artistas, ni desde los artistas, que son los que realmente tienen opinión. Una feria es un negocio de galerías, claro está, y así debe (de) ser, pero no es que se nutra sino que no tiene sentido sin los artistas, los verdaderos y únicos productores de su mercancía, física y espiritualmente hablando. ¿O no? ¿O los galeristas se venden a sí mismos y por eso son los únicos que opinan?, O los críticos. O los curadores. O los coleccionistas. O nosotros mismos que nadamos en las procelosas aguas del extrarradio físico, que no moral, del arte. ¿Dónde están los artistas?

martes, 12 de enero de 2010

¿DÓNDE ESTÁS, CORAZÓN?


La crisis (en cursiva) de ARCO se ha solucionado felizmente este mediodía o esta tarde, no lo sé. Lo de la felicidad es cosa de los periodistas y lo de la solución pactada es más de lo mismo. La feria se iba a celebrar, de todas formas. Ya había habido otros años ruido de sables y la cosa se solapó en sí misma. Se autosolapó, que es un verbo feo e inventado. Poco ha cambiado IFEMA (que es lo que tiene que hacer, no cambiar mucho, para que no se note) y poco menos los sucesivos comités de galerías. Poco salero es lo que hay, y pocas decisiones de verdad. El único que me parece que ha dado en el clavo es Paco Barragán, el autor de La era de las ferias (libro que no he leído) en sus declaraciones a Arteinformado, que es ese portal que lee todo el mundo. Y que sirve para mucho (el portal y las declaraciones).

Al final de la escueta entrevista le preguntan por la directora de ARCO, doña Lourdes Fernández, y responde con otro escueto pero rotundo “Es evidente que el mundo del arte y la prensa han echado en falta su opinión”. Opinión seguramente la tendrá. Pero ese silencio casi ecuménico, ¿a qué viene?. En fin, ¿qué dirige doña Lourdes?.

lunes, 11 de enero de 2010

PURÉE PARMENTIER


Outrement llamado hachis parmentier, lo que según se mire tiene bastante gracia, se compone de lo que todo el mundo sabe: su poquita de mantequilla, su leche tibia y sus patatas cocidas, puntita de sal, un si es no es de pimienta negra y a revolver.

Acabo de enviar un nuevo texto a mi medio público preferido (tanto, o casi, como éste) en el que, claro está, hablo de ARCO porque el número sale en febrero y estará en la feria. Y no estoy ni contento ni acomodado. Todavía hace un frío que pela, me ponen nervioso las noticias contradictorias sobre la feria, mis amigos no dicen ni mu, al menos en público, y aquí parece que el que disimula es el que gana.

Pues no. Todo esto me da vergüenza porque durante unos años también fui coprotagonista de esa feria, porque la sentí mía como una mala cosa (no como una cosa mala) y porque me ayudó a creer en el oficio, el oficio de galerista, como algo serio, que lo es pero que había (entonces, hace casi treinta años) que creérselo. Que había que construir. Y se hizo, y bastante bien, pero ahora vuelven a sonar tambores de guerra y todo esto me enferma. Porque no se trata de una gran guerra sino de guerrillas como apañadas, un poco de sable de tramoya y tirachinas, nada de misiles. Vuelve aquella escena de Moros y Cristianos de Berlanga en la que los vendedores de turrón apuran su stand, a martillazos, porque vienen las Infantas a inaugurar la feria. ¡Que vienen las Infantas!.

Yo he vivido eso, claro, los martillazos de última hora, un tàpies enorme de una galería suiza salvado in extremis de que lo atravesara un transpalet en el pasillo, la desesperación ante las aduanas, las cafeterías que sólo despachaban calamares y chorizos a la sidra, la compra-venta de metros de espacio (expositivo) horas antes de la inauguración, y también las cenas alcohólicas en el Palace y los desayunos en el Reina Sofía, que no estaban ni bien ni mal.

Berlanga ha retratado a su pueblo, que es el mío, como nadie. Pero eso no quita que me de vergüenza. Y no precisamente vergüenza torera. Este puré de patatas insípido en que se ha convertido la feria me gusta cada vez menos. Pero vamos a seguir, con la vergüenza puesta, cocinando siquiera con un poquito más de pimienta y, además de la mantequilla, un chorrito de aceite de oliva. Por no ciscarme en los muertos de unos cuantos y de unas cuantas.

lunes, 21 de diciembre de 2009

PASODOBLE TORERO


Hace un rato les he enviado a mis amigos, a algunos, no a todos, ese mismo traje de luces para desearles una feliz Navidad (de luces) y más o menos he hecho una declaración de principios. No tengo nada de lo que esconderme, por lo menos hoy. Mi gin tonic está bastante bueno, estoy a punto de cumplir con casi todos mis compromisos navideños, esta casa no hay quien la caliente pero estoy a gusto, me sigue gustando escribir, los cigarrillos con filtro, los toros, la tortilla de patata, el silencio de mi calle, el café de mi vecina y poca, poquita cosa más. El pasar del tiempo, el devenir, me ha hecho más sedentario, casi monógamo y aproximadamente fiel. Por lo menos a todo lo que he ido aprendiendo en estos años, bastantes ya.

Por eso, ya lo digo en mi mensaje navideño, esta noche en que me siento entre conmovido y despiadado, me atrevo a desearles a todos Ustedes, lectores casuales o fieles o vete a saber, que el año que los altos poetas nos presentaban en carroza, vestido o revestido, según cuando, capitaneado por ese Enero helador y bienaventurado (lo tiene todo por ver), ese año, sea tan luminoso como el traje de alguno de mis compadres.

De corazón, feliz Navidad y un hermoso Año Nuevo.

sábado, 21 de noviembre de 2009

SOLEDAD NO SÓLO ES NOMBRE DE GALERISTA

Hace unos días (siempre de todo hace unos días) anunciaba, y anunciar es un decir, que íbamos a estar en el DA2 de Salamanca , invitados por Arte10, a hablar un poco de todo esto. Efectivamente. Estuvimos en Salamanca y no hablamos ni de pintura ni de pintores pero sí de blogs ( de éste, de aquel, del otro), de galerías, de museos, de ferias (de la “única” feria) y poco de los pintores. Pero bueno.

Javier Panera, el director del DA2, marcó la pauta, y de qué forma, y consiguió encandilarme con su manera de hacer, con sus gestos y con su encanto. Que lo tiene, y mucho, que sabe muy bien lo que hace y que no lo hace porque sí. Tiene un hermoso museo en las manos y junto a Rafael López Borrego guisan y dan de comer a esta jauría que muchas veces (yo mismo) habla por hablar y ni ven las exposiciones. Mea culpa, culpa pública y absolución improbable.

En la católica España casi nadie anda ya libre de pecado aunque Fernando Castro, beatus ille, se atempere en ABCD, se case con unos cuantos (la crítica de hoy de las exposiciones de Carlos León no tiene pérdida: ¡buscadla!) y dé de merendar pan con chocolate cuando nos tenía acostumbrados a bacalao al pil-pil y a gintonics al anochecer. Cosas de los tiempos, seguramente, que siempre son más aciagos de lo que nos merecemos.

Así pues vuelta a la soledad de uno, que como todo el mundo sabe es una soledad a medias. Media soledad, vamos. Pero, lo que son las cosas, me siento tan a gusto.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

VELAD Y ORAD


Hace unos días hablaba largo aunque no tendido sino más bien a trompicones (buenos y hermosos, sin embargo) con un conocido matrimonio de galeristas patrios sobre lo divino, sobre todo, pero también alrededor de lo humano, de la caridad, de la pompa, de la circunstancia y, al final, del trapicheo.

No llegamos a ninguna conclusión, ni falta que hacía, porque no se trataba de concluir sino de discurrir. Y así lo hicimos, y creo que bastante bien, transitando por este aciago mundo con dos botellas de cava y un platito de anacardos. Y eso que eran las once de la mañana.

Volvimos a hablar de ARCO. De ese ARCO que hasta necesita de una muletilla geolocalizable para llamarse ARCOMadrid, de esa feria que ha oxidado sus propuestas hasta la ridiculez. Que ha titulado en inglés hasta los lavabos, que se sigue haciendo querer y desear como si se tratara de unas oposiciones a un concurso herrumbroso, como las lanzas de Juan Benet y, de paso, las de ese señor de La Coruña.

No me gusta que sea noticia, si es que lo es, que Helga de Alvear y Pepe Cobo renuncien a sus stands y se refugien o se resuman o vete a saber, en el llamado “Solo Projects” , y que luego venga a decir la señora Fernández (doña Lourdes) que “me quedé helada cuando me enteré”. ¡Válgame Dios! ¡Cuantas bobadas! Qué ganas de perder el tiempo y de hacérnoslo perder, el tiempo y hasta las ganas de trabajar, a los demás.

Si resulta que va a tener razón uno de mis amigos. A las talibanas de don Eduardo Arroyo (él las bautizó así, gloriosamente) por lo menos se las veía venir. A la señora Fernández no hay por dónde cogerla. Y ya se sabe que pájaro en mano vale más que cien galerías (noventa extranjeras, diez españolas) volando.

N.: La ilustración corresponde al cuadro La Oración en el Huerto, de Andrea Mantenga, que está en la National Gallery.

martes, 10 de noviembre de 2009

REDES DE ARTE

EnlaceHace tanto tiempo que no me asomo a esta ventana que casi me da miedo. A caerme. A lo mejor a precipitarme, también, a uno de esos vacíos que intentamos llenar con el teclado, la pantalla, el ser y la nada. El haz y el envés de mi atropellada existencia que prefiero que de momento siga siendo virtual. Es un decir.

Acabo de leer que Robbie Williams se confiesa ferviente católico, o algo así, “tras navegar varias horas por Internet”. Hélas!. Ni telepredicadores ni misa de doce ni siquiera un encantador director espiritual: ¡la red!.

Lo real, pues, superado por lo virtual. Que no es mala cosa sino todo lo contrario. Ahora mismo llevo, por motivos profesionales (hélas!) sentado al ordenador desde hace dos horas. He bajado a tomar un café a mi meeting point preferido y me ha cegado la luz de la calle, el discreto bullicio, hasta el sol mortecino de noviembre. Vivo en una calle antigua de un barrio antiguo de una ciudad más antigua todavía. Por mi calle no pasan coches, apenas hay niños (los niños viven con sus padres en las urbanizaciones de las afueras), los curas van vestidos de paisano, el señor Arzobispo sale poco (aunque va a la misma barbería que yo) y para colmo ya hace tiempo que las meretrices dejaron de trotar por estas esquinas. No hay aceras, poco ruido y un acceso medianamente rápido a Internet. Por eso esta mesa y esta habitación del siglo XIX parece una celda ¡conectada a la red!. Y a veces me asusta la calle.

También por eso, y por otras cosas, el sábado voy a estar en Salamanca, invitado por los gestores de Arte10, a charlar de todo esto en el DA2. A vernos las caras. Y lo que más me gusta es que sea en una ciudad antigua, para estrechar lazos, tender redes y hablar de cuadros y de pintores, que me parece que es lo único que sé hacer. Ni bien ni mal.

N.: La ilustración corresponde al cuadro El pescador y la sirena, de Frederick Leigthon, al que ya se ve que no le ha hecho falta una red. O a lo mejor sí.

domingo, 27 de septiembre de 2009

EL DANZARÍN Y LA DANZA


El verano de 1979 un buen amigo y excelente lector me recomendó un libro de Andrew Holleran (“el libro” de Holleran) que en España se tradujo así, El danzarín y la danza, y que en inglés era algo más explícito (o por lo menos más fundamental), The dancer from the dance, título que partía de un precioso poema de Yeats en el que el poeta se pregunta, al final “¿cómo distinguir al danzarín de la danza?”.

El libro, muy citado y, por lo menos en Estados Unidos, un libro de culto, traza, noveladamente, una crónica del mundo gay neoyorkino en esa época de eclosión que va desde los primeros Gay Pride hasta la irrupción del SIDA, poco más de una década.

En la novela, bastante bien escrita aunque penosamente traducida, por lo menos en esa edición (hay otra más reciente que no conozco), aparecen personajes ficticios, claro está, y reales, desde Warhol al duque de Alba (a la sazón, Jesús Aguirre), pasando por los “cancos” y los “faeries” de García Lorca, “saliendo en racimos de las alcantarillas (…) o girando en las plataformas del ajenjo”. Pero el protagonista no lee a Lorca (ni siquiera lo cita) pero sí a Ortega y a San Agustín y la novela se desliza, tremenda, entre loas a la soledad y metáforas de la fiesta pública, inauguraciones en el MOMA y truculentas noches en cualquier antro de SoHo. El libro termina con el incendio de la mítica sauna Everard que ocurrió, creo recordar, el verano del 78 y con una especie de moraleja que desdibuja un poco los buenos propósitos del escritor.

No sé si hay que leerla o no. Yo lo he vuelto a hacer este verano, justo treinta años después, y me siguió inquietando en algunas páginas. Después de todo esto (de todo aquello) hace pocos días ha muerto mi buen amigo y excelente lector de una manera atroz, sin distinguir, seguramente, al danzarín de la danza.

Y estoy completamente desolado.

N.: La ilustración corresponde a un dibujo de Víctor Mira que anda por la red y que a lo mejor no tiene nada que ver con todo esto. O a lo mejor sí (como tantas veces).

jueves, 23 de julio de 2009

EL SEGUNDO IMPERIO


El título viene al hilo del comentario de mi querido interlocutor Audiotalaia, alias Educomelles, que tan atento está (y tan atento es) a y con todos mis avatares librescos. Y porque cada vez que me paseo por el quartier barcelonés de Rambla de Catalunya-Consell de Cent-Balmes me quedo con ganas de contárselo. Con desganas.

En plena ola de calor empecé comiéndome un espléndido bocadillo de jamón en el Forn de Sant Jaume, al lado de la galería Joan Prats, porque los bocadillos están buenos (y los chocolates y el cabello de ángel y los fantásticos hojaldres) y porque estoy convencido de que hay que entrar bien merendado a según qué galería. A la mayoría, vamos. Y acometí la exposición de Víctor Pimstein con el ánimo adecuado y sin demasiados prejuicios.

Me gustó aunque no me entusiasmó. Pero estoy convencido de que el artista, del que no había visto más que fotografías de sus cuadros, va en serio. No es que se lo tome en serio, que lo hace, sino que es que sabe lo que hace y lo hace bien.

Los cuadros son bonitos, menos etéreos de lo que el crítico que escribe el texto del catálogo pretende, porque ese texto creo (en mi poco humilde opinión) que flaco favor le hace a la pintura de Pimstein. Alex Bauzà, que es quien firma el texto, se empeña desde el principio en demostrar que los cuadros son, ¡válgame Dios!, meros “soportes materiales para la pintura” (sic). ¡Pero si al pintor lo que le gusta es pintar!. Por qué el crítico, o lo que quiera que sea el señor Bauzá, dice así, a las bravas, que la pintura es “retórica (en cuanto a) proceso” y desprecia, o eso parece, “la estéril autorreferencialidad de cierta pintura abstracta”. ¿Es Tàpies estéril y autorreferente? ¿O Millares? ¿O Rothko? Más autorreferenciales que cualquiera de los tres, imposible. Pero ¿estériles?. Que parece que ese señor se avergüenza de los pintores “que pintan” y arrastra con ello al artista. Como si el estar (o el ser) más próximo a la fotografía nos salvara (les salvara a ellos, los pintores) de algo. De todo. No me gusta todo esto.

Después crucé la acera, y ojalá no lo hubiera hecho, y me metí en Senda. Christopher Mir, que por el apellido podría ser de Caldetas o de Montroig, y al que el suplemento de La Vanguardia de ayer mismo le dedicó un amplio artículo, no hace más que enredar el asunto. El señor Mir sí que se siente culpable. De ser pintor y hasta de ser coleccionista de imágenes. Porque además va y las pinta en unos tremendos collages (no sé cómo llamarlos) ácidos y la mayoría banales. ¿Por qué ese empeño en pintar, en llenar el cuadro, en acentuar una y mil veces, como en una mala novela de pobre argumento, para luego no poder recordar nada. ¿Por qué todo ese trabajo?.

Seguí, sediento y algo desazonado, pero prefiero no seguir contando. Margaret Métras tenía cerrado, Llucià Homs también, Carles Taché seguía con Tony Cragg (su dinero le habrá costado) y Toni Tàpies celebraba una especie de hermanamiento Toronto-Barcelona que no me interesó en absoluto. El segundo imperio no es el de la fotografía, hermanos. Es, como el primero, el de la pintura, como representación, como oficio y como celebración. Y el que se avergüence, que se dedique a vender pisos o a dar clases de wind-surf.

N: La ilustración corresponde a la fotografía de unos de los cuadros de Víctor Pimstein, el titulado Horizon 15, que cuelgan en Joan Prats.

domingo, 19 de julio de 2009

EL SILENCIO TIENE UN NOMBRE (DOMINGO DEL MES DE JULIO) Y LA INDECISIÓN VARIOS


Pues es que no se trata precisamente de indecisión, vamos, sino de una especie de apatía a la que no estoy acostumbrado. Quizás es que necesito unas vacaciones o que el sol ha empezado a parecerme un enemigo o que no soporto, definitivamente, el olor a fritanga que se pega a las piedras, a las piedras construidas, como si fuera una lapa malévola dispuesta a recordarnos a cada momento que somos polvo, ceniza y grasa.

Y también digamos que disfruto de este silencio un poco a medias. Porque no soy capaz de tirar adelante un librito de relatos en el que estoy metido o quizás porque me he puesto a orear, ya lo conté hace unos días, la literatura de los demás. En eso estamos y ahora me doy cuenta de que no es un buen ejercicio. Ni tan siquiera higiénico.

Veamos: a la izquierda de mi cama (mirando a la cama) hay una especie de costurero antiguo que hace las veces de mesilla de noche y que es donde reposan, en tropel, las novedades, lo que estoy leyendo o a punto de leer. Demasiadas cosas apoyadas por una especie de escabel en el que yacen libros pendientes: de lectura, de olvido o incluso de destrucción definitiva. Hasta ahí más o menos bien.

Encima del escabel se yergue una hermosa estantería modernista, pequeña y con una especie de hojas de acanto talladas en la madera, que me regaló no hace mucho mi querida amiga Maripa S. y que ha venido a ocupar, completamente, don Josep Pla. Parte de sus obras completas, tan bonitas encuadernadas en azul oscuro, cosas de bolsillo, alguna rareza y una sola delicadeza que necesita una restauración. Pero al lado, junto a lo que fue la puerta de la alcoba, me he empeñado en reunir, sobre ocho baldas de un mueble demasiado alto, al 98, el 27, los ismos y hasta los cataclismos. Ahí reside el problema, la indecisión, los ácaros e incluso los recuerdos. Los buenos y los malos (recuerdos, que no hay ácaros buenos).

¿Don Ramón María al lado de don Miguel? ¿Buñuel junto a Lorca? ¿El Manifest groc junto a los espantosos Rostros ocultos de Salvador Dalí? ¿Dónde pongo a Dámaso Alonso? ¿Qué hago con Ismael de la Serna? ¿Por qué no tiro de una vez el libro de Tarín-Iglesias sobre Unamuno o El Cid Campeador de la pobre María Teresa León?

Ante tanta indecisión he optado por olvidarme del siglo XX hasta el mes de septiembre e intentar hacer algo por el XXI. ¿Seré capaz?

N.: La ilustración corresponde a una fotografía antigua de una procesión marítimo-terrestre, probablemente de algún lugar en Galicia, en honor a la Virgen el Carmen, a la que suelo invocar por estas fechas en demanda de algo más de cordura, sobre todo terrestre (iba a escribir terrenal).

martes, 7 de julio de 2009

ANDO REVOLVIENDO


Ando revolviendo las estanterías algo ladeadas de mi pasillo más o menos interminable para quitarme de encima varios tomos sobre la Guerra Civil, la posguerra y la madre que los parió porque me he propuesto airear un poco mis interiores y dar suelta a varios de mis exteriores.

La cuestión es que le he regalado parte de mi pasado libresco al doctor Finch y estoy a punto de deshacerme de más de doscientos tomos, tomitos y tomazos que se empeñaban en ahogar mi entretenimiento y parece ser que no me dejaban progresar. Aunque ya veremos.

Ando, pues, limpiando, fijando y dando esplendor a casi todos los anaqueles cercanos e incluso a alguno de los lejanos. Y entonces aparecen, en ese afán de ordenar, cosas insospechadas e incluso inhóspitas.

En un requiebro (en un rincón, en un recodo, en un pliegue de una de las estanterías) ha aparecido un tomo que no había visto nunca, Ni lo he comprado, ni lo había, ni pertenece a la biblioteca familiar ni tan siquiera formaba parte de algún despiste viajero o viajador. ¿Quién lo ha puesto ahí?. Se trata del número cuatro de las Éditions Ruedo Ibérico y se titula, ni más ni menos, Versos para Antonio Machado. Publicado en 1962, cuando yo tenía (iba a poner “ostentaba”) ocho años, luce unas leves y como desdibujadas portada y contra de Manolo Millares, unos trazos azules tirando a verdes (firmado “MILLARES”) y recoge varios poemas en homenaje a don Antonio, “destinados a conmemorar la institución Premio Antonio Machado” que no sé si tuvo continuidad, ni en París ni en Collioure. Se imprimieron seiscientos ejemplares y el mío conserva toda su lozanía, si cabe, y ni una sola mancha de orín ni de verdín ni siquiera de nostalgia, porque para eso están los lectores y no los editores.

La cuestión es que “la ardua sentencia de la posteridad” de la que hablábamos el día anterior ha sido implacable. Tremendamente implacable. Y a lo mejor lamento haber encontrado el libro (pero ¿quién lo ha metido ahí?) como lamento que Jaime Gil de Biedma escribiera tan penosos versos (¿qué es eso de “A ti, compañero y padre / reconocida presencia”? ¿son suyos esos versos?), que José Agustín Goytisolo alce su vaso y brinde “por tu claro camino”, que Ramón de Garciasol, del que no me había vuelto a acordar, vuelva a clamar por su claridad en una ¿loa? a la “España molinera / parteadora / presa en la primavera…” y que, en fin, se me revuelvan los restos con los quejidos, las loas con los requiems y el pasado con el pasado. Tremendo.

Voy a hacer un nuevo examen de conciencia. Grave. Voy a volver a leer a don Antonio (nunca he dejado de hacerlo) y me voy a quedar con Claudio Rodríguez, el único que sabía lo que se decía, o eso pretendieron, en 1962, los del Ruedo, menos ibérico de lo que pudiera parecer: “(Bien sabe él que está despierto, / más despierto que nadie.)” . A la orilla (izquierda) del Sena, como si fuera un Duero capitalino. O como si no.